VIEJAS CALIENTES Y EL MERCADO LIBRE DE CHONGOS

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Hoy quiero continuar con mis reflexiones respecto de La Luli y su video pero poniendo el acento en un tema que una amiga mía ayer remarcó y me parece fundamental: el mundo del arte como mercado de carne. Vayamos al análisis del video.

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El video Achuchaditos juega con una serie de opuestos a los que presenta como figuras retoricas de desplazamiento. Todo es una paradoja que se resuelve siempre en la, ya muy Argentina, inversion de lo bajo (bajo costo, berreta, feo) sobre lo alto (autentica Lady Gaga, gran presupuesto, lujo). La primer gran contradicción es, a esta altura, otro lugar comun de la musica nacional que es el amalgamar a los grupos de ‘elite’ (otro caso es Miranda) con la musica ‘baja’ (por ejemplo, cumbia). Lo segundo que se puede observar es la dicotomia entre Boy Olmi (sus pantalones, mas especificamente) y el lujo. Ningun gentleman que se precie usaria esos pantalones ‘colorados’. Luego vemos la cara de maquillaje corrido de La Luli y la vemos en su total naturalismo y es ahi en donde se cae a pedazos. En otras palabras, el problema de la Luli no es la comparacion con los costos de produccion de Lady Gaga sino con el cuerpo y la cara de Lady Gaga. La norteamericana es fea pero transforma esa fealdad en sex appeal. La Luli quiere (como en mi serie de Plagio Argentino) ocultarnos el hecho de que es fea. Lo cierto es que la Luli es mas fea que un tacho de mierda.

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A esa altura queda claro que lo unico lindo de todo el video es el chongo al que la mina esta se quiere voltear. En tal sentido, la relacion de violencia fallida con Boy Olmi, subraya el verdadero tema del video que creo que es fascinante. Como es obvio, las intervenciones de Boy Olmi en ‘Achuchaditos’ son una mala copia (diria, pavorosa copia) de ‘Paparazzi’ de Lady Gaga en el que su rol es actuado por Aleksandr Saksgard bajo la dirección de Jonas Akerlund. La mansión de mal gusto del sur de Francia es reemplazada por una especie de cocina de pensión más apropiada para los videos de celebración del ‘ser negrito’ de Adrián Villar Rojas que para otra cosa. Sin embargo, cuando aparece la rappera, las dudas de edad que uno tiene con La Luli se empiezan a dilucidar. Esta es la generación de pende-viejas a lo Ximena Caminos cuyo estilo está suspendido entre la cougar desesperada porque se la garchen y el panico porque todo se cae a pedazos y hay que taparlo con telas pero de Balenciaga, ni hablar.

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La Luli ve en Lady Gaga la oportunidad de transformar en virtud dos miserias: primero, el que tras los cuarenta hay una delgada linea entre ser flaco y ser un pollo viejo, por un lado; y segundo, el que una vida de ‘glamour’ argentino a los cuarenta se nota en la cara y no hay crema que te salve. En otras palabras, el look Ximena Caminos/Luli/Alan Faena es un look muy hibrido y muy cansado. Y el error de la dirección artística de este video es ponerla a la Luli a reinar entre los chongos de veinte años porque ahi si que lo único que le queda es sacar la chequera.

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Es en el modo en el que los chongos son presentados en el contexto de un cocktail/vernissage en ese restaurante inhabitable en el Faena Universe en el que el video se transforma en una muy interesante alegoria de un desplazamiento del mercado de la carne de la calle a la galeria de arte en donde las diferencias de clases se juegan a traves del sexo y el quien penetra a quien. En el mundo del arte argentino pareciera que el pete es un pasaporte de desplazamiento social (que en muchos -mas no en todos los casos- adquiere el modo de avance de carrera). ‘Achuchaditos’ de la Luli recrea el tipo de comercio inter-clase en el que las relaciones de poder se dirimen atraves de la vista, la que claro está, se desvia de las obras en la pared para ver a quien estas viejas chotas se pueden coger. Otra no les queda. Just a thought.

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