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La reseña que hace Inés Moguillanes para Ramona sobre la muestra de la escultora Elba Bairon en el MALBA es, por lo pronto, pueril y pone en evidencia la falta de profundidad de la obra de la artista boliviana. Veamos lo que dice y al final de cada párrafo voy a hacer mi comentario:

‘Sin título que nombre a la muestra, sin referencias que indiquen el material utilizado o la procedencia del autor, el espectador se interna de lleno, sin mediaciones, en el mundo creado por la artista…¿cómo es aquel mundo? Sin duda, dista en gran medida del cotidiano, no busca imitarlo. Prueba de ello es que las ocho esculturas que lo integran, realizadas en pasta de papel y a escala humana, no persiguen efecto de realidad. Si bien no son abstractas –está claro que a primera vista remiten a siluetas humanas por su forma y tamaño– tampoco son figurativas en tanto a medida que uno se acerca a ellas descubre que es imposible distinguir sus rostros, sus vestimentas, etc. En todo caso, se ubican en un punto medio, fronterizo entre abstracción y figuración’. (Mi comentario: Esto significa que no son esculturas sino que estamos hablando de una instalación compuesta de figuras hechas en pasta de papel -como los títeres- en la que el espectador es inmerso y sus desplazamientos controlados por la artista. No hay gran diferencia entre el Tren Fantasma y esto. Yo diría que esta ‘instalación’ se da de frente contra un problema que nunca resuelve que es la necesaria tematizacion de la suspension del descreimiento. El ejemplo clave de este tipo de instalación lo da el artista ruso Illya Kabakov quien hace este tipo de instalaciones ‘teatrales’ (lo que quiere decir que generan un efecto de inmersión total por parte el espectador) y que solo funcionan si intentan frustrar la sensación de que el espectador se encuentra en (el cubo blanco de) un museo. Es decir, para que este tipo de instalaciones se transforme en arte, el espectador tiene que entrar y olvidarse (al menos sorprenderse) de que está en un museo. Ahora bien, si como en este caso Elba Bairon coloca elementos de una instalación para simular la sala de un museo (que no debería ser simulada porque, de hecho, el espectador se encuentra en la sala de un museo) esta obra pierde todo tipo de relevancia artística).

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Para peor Moguillanes dice: ‘Más bien se trata de un mundo des-contextualizado, indeterminado en términos temporales y espaciales, que a algunos les podría recordar al “érase una vez en un país muy lejano” de los cuentos de hadas, a un paisaje idílico, mágico, habitado por espíritus del bosque, duendes traviesos, bellas sílfides y demás seres sobrenaturales; mientras que otros podrían asemejarlo con una atmósfera sombría, inquietante, casi perturbadora’. (Mi comentario: Este es el momento en el que Moguillanes demuestra su total desconocimiento de lo que es arte y lo que no. En este punto ocurren dos cosas que, en mi humilde opinión, demuestran la banalidad de este compuesto escultural que Bairon nos vende como alta escultura: la primera es que su componente teatral pretende pasar (por el sólo hecho de estar en un museo) como ‘artístico’ y, lo segundo, es que se confunde ‘arte’ por ‘incompletitud’ (la que, al mismo tiempo, pretende funcionar como en la ‘composicion de lugar’ jesuita -a la que hice referencia en la Pastela dedicada a Jorge Macchi). Elba Bairon parece querer la suspension del descreimiento teatral y también la ambigüedad de la aporia artística. Esta mujer quiere la chancha y la maquina de hacer chorizos y lamentablemente, en este caso, ambos no se pueden tener. Es en este punto en el que la muestra de Bairon se deshace en pedacitos y uno empieza a tener la impresión de que esta artista no tiene la más mínima idea de lo que está haciendo).

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Moguillanes continúa en Ramona diciendo: ‘Tres maquetas muy pequeñas, construidas con yeso y a partir de ángulos rectos, en clara oposición a la siluetas curvas y ondulantes, terminan por completar el ambiente baironeano. Nuevamente, la incertidumbre. ¿Por qué estas dos clases de esculturas tan evidentemente disímiles entre sí están juntas? ¿Qué las conecta? ¿Se trata de las casas donde viven las figuras? ¿Remiten a civilizaciones antiguas, a sus templos? ¿Funcionan para aludir, en complemento con las figuras, al par tan estudiado por Claude Lévi- Strauss, naturaleza-cultura? Las respuestas son múltiples’  (Mi comentario: Como si lo antedicho no fuera suficiente, Bairon instala dos ‘esculturas’ sobre ‘base’ como diferenciadas de las ‘momias a medio hacer’ que vienen a ser esculturas etnográficas (?) (como si fueran momias?). En este punto, la obviedad en la articulación de lo ‘incierto’ la acerca más y más al Tren Fantasma y la aleja de la escultura o del arte de la instalación. Faltan los cochecitos, apagar todas las luces y ponerlo a Eduardo a Costantini a que grite como una histérica y voilà….Italpark!)

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Ramona termina diciendo: ‘Hay tiempo hasta el 10 de marzo para visitar el universo propuesto por Bairon. Un universo en el que se nos invita a jugar, a imaginar nuestra propia historia’ (Mi comentario: el tono de esta última oración es patético por lo pueril. Es de jardin de infantes…..algo así como….El MALBA y la Bairon te invitan a hacer tu propia merienda. Just a thought).

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