Rodrigo Cañete:  Vos dirías que lo que vos hacés es arte?

Sebastian Ingrassia: Eso intento.. viste las fotos que te mandé…?

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Rodrigo: Sí, contáme por qué pensás que lo tuyo es arte?

Sebastian:  En realidad hago retratos, se podría decir que soy retratista pero de ahí a decir que hago arte hay un abismo. ¿alguien se dedica al arte pensando en hacer arte? La fotografía me llevó por distintos caminos y creo que encontré la manera de expresarme, la que mejor me sale y es el retrato, el retrato posado, nada instantaneo, la vida es mucho más que un instante, no se puede contar toda una vida en un instante (choreo a Paul Strand). Se podría decir que soy un fotógrafo retórico, entendiendo que la retórica es la técnica para expresarse de manera adecuada tratando siempre de persuadir al espectador, al destinatario. Creo que es tan solo eso, generar un pequeño impacto, algo que nos meva por dentro, una mirada que nos ponga incómodos, que nos ponga a pensar. No pretendo hacer arte porque en esa pretención se pierde un poco el camino, pensar en hacer arte nos desvía del camino, nos corre el eje.

Rodrigo: Me interesa lo que decís de ‘fotógrafo retórico’ ya que eso contiene un mensaje en sí mismo. En las fotos que me mandaste, cuál es el mensaje?  De qué tratás de persuadir al espectador. Es una filosofía? Es algo metafísico? Es algo social?

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Sebastian: Es una cuestión social, tambien podría ser metafísica, empática. En esos retratos que te mandé los personajes nos hablan de su vida, su dia a dia,  como me dijo un amigo “sus rituales circulares”, al parecer hay algo en el aire que nos incomoda, una vida aparentemente dura, sacrificada, podría decirse que dista mucho de nosotros y sin embargo existe algo que nos hace tan iguales. La Aldea en la que viven es como una pequeña isla, como cada uno de los personajes. Cuando empecé a viajar y conocer esta gente me ponían muy incómodo los espacios sin diálogo, la primera vez que fui al bar la gente no hablaba, yo pensaba que era por mi presencia pero después entendí que había algo en esos vínculos, como en las parejas después de muchos años, momentos maravillosos en los que no se necesita la palabra, una cuestión tácita, está todo ahí, en una mirada, como en los retratos, en esas fotos…

Rodrigo: En esta última serie, sin embargo, hay un componente de erotismo dark. Son menos ‘románticas’ que tus series anteriores en donde hay una suerte de escenificación de algo que se pierde. Cierto spleen o nostalgia de esa Pampa que ya fue…

Sebastian: Puede ser, pasaron diez años…Algo habrá cambiado en mí, no sé si en ellos…De todas maneras es un comienzo, algo nuevo de lo viejo.

Rodrigo: Vuelvo a la anterior pregunta sobre ese erotismo dark.  Ahora retratas jóvenes con las manos engrasadas y el cuerpo expuesto, esto tiene una connotación que se aleja de ese pastoralismo biblico de Alessandra Sanguinetti, por ejemplo. Sin embargo, hay algo en la cara de tus nuevos protagonistas que habla de cierta celebración de la imperfección. Podemos decir que la tuya es una exploración de la imperfección rubia del campo argentino?

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Sebastian: Lo que decís me hace pensar un poco en el mensaje, esa mirada abre otro camino, es cierto eso que decís de la imperfección rubia y sobre todo porque tiene que ver con el concepto de que la pobreza no les pertenece, como me dijo una mujer en Recoleta, “pero… estos chicos rubios son pobres?” y encima en nuestro campo Argentino . Tendré que seguir explorando. Amerita otros retratos

Rodrigo: Hay otra cosa que me interesa de tus obra y es esa luz incandescente de crepúsculo que está en casi todos ellos. Es casi como la hora de la caída del sol. La luz en tu caso tiene derivaciones casi metafóricas, como si fuera el final de algo… hay algún contenido narrativo o moral en tus fotos?

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Sebastian: “…del cielo viene la luz pero el hombre la reparte, y aunque hay luz en todas partes algunos viven a oscuras..”

Que buena apreciación la que hacés sobre la luz, tiene que ver justamente con eso y que bueno que lo notes, casualmente las imágenes están impregnadas de crepúsculo, de un ocaso que pareciera inminente, vos lo decís, es el final de algo y por lo que veo se puede advertir. A ese punto quiero llegar, en la construcción del relato fotográfico existe un momento que pareciera eterno o mejor dicho atemporal y es ese instante del crepùsculo, un crepúsculo que pareciera eterno y del que quicieramos aferrarnos para siempre. Es sabido que con la fotografía atrapamos un momento y lo eternizamos, en este caso es el crepúsculo y mucho más que eso, toda una vida, podríamos decir que por un instante hemos vencido a cronos. En la acción de fotografíar y retratar debe hacerse presente esa ausencia de tiempo, una total abstracción,eso nos da la pauta de que hemos encontrado la manera de que ese último beso de luz dure para siempre.

Rodrigo: Contáme más técnicamente como trabajas. Por ejemplo, describime el proceso desde la concepción hasta el click y la edición de la primera foto de viejo mirando a cámara

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Sebastian: El proceso de construcción narrativo es mucho más intenso que el de la concepción de la fotografía, el momento del click fotográfico es una especie de disparo final que tiene que darle al retratado la certeza que se va a ver como desea ser visto y para llegar a ello hay todo un trabajo detrás. No soy de los fotógrafos que llevan su cámara encima, no soy de las fotografías instantáneas, muy por el contrario cuando abordo un tema por lo general empiezo a trabajar estudiando los personajes y su entorno, necesito establecer un vínculo cercano con cada uno de los retratados y para ello debo dedicarles un tiempo, debo generar un ida y vuelta, debo ganar su confianza y sentir que puedo moverme con total libertad, imaginá que para idear el escenario donde voy a retratar a mi personaje llevo la cámara en trípode, dos luces con cajas de luz y un relleno, toda una parafernalia que es difícil de disimular. El indicador de que mi personaje se siente cómodo es cuando no pregunta que son esas cajas de luz o esos artefactos, entonces siento que la confianza es mutua, se generó ese vínculo que estaba esperando.

La foto del viejo (Carlos) en la bicicleta mirando a cámara es bastante particular, cuando comencé a viajar a las Aldeas, siendo un total extraño, empecé a establecer contacto con aquellos que se me acercaban a charlar, Carlos no fué uno de ellos, muy por el contrario. Desde la puerta del bar en el que siempre estaba me miraba pasar sin siquiera estirar su mamo para devolverme el saludo, su mirada era tan particular e intimidante que no me hacía sentir cómodo y mucho menos acercarme y establecer un diálogo, (uno está lleno de prejuicios). Un sábado por la tarde, un poco temeroso, me acerqué a él con la Rollei en mano… Carlos mirándome fijamente me dijo “por fin… pensé que nunca iba a venir”, a partir de ese momento él fue uno de los referentes en la Aldea, me estaba entregando una especie de pasaporte a toda la comunidad. Hoy pasaron diez años y en el momento de esta última foto Carlos se sentía tan cómodo con mi presencia como aquella primera foto en el bar. Estos retratos nuevos tienen algo especial, aún no sé qué pero siento que están impregnados de una mítica sensación de tiempo sin tiempo. Debo seguir indagando, es un comienzo.

Rodrigo: No creo que sea tan solo un comienzo. Tus fotos tiene esa cosa de burbuja psicológica entre el fotógrafo (espectador) y el retratado. Es como si el tiempo se detuviera. Yo tengo dos fotos tuyas y las tengo colgadas en una pared en la que está una obra de Marcelo Pombo, otra de Alejandro Chaskielberg, Vivianne Sassen, Nan Goldin y la gente siempre me pregunta por las tuyas. Por qué crees que estas figuras tienen tanta fuerza aún frente a un público extranjero? Para responder esto, por favor, ahorrate la humildad provinciana …

Sebastian: Uno de los primeros libros de fotografía que vi y me cautivó fué justamente de Nan Goldin, Balada de la dependencia Sexual, (tamaño honor compartir tu pared con ella, guau) la representación misma de la luz y el tiempo se encuentra en ese libro, la foto en la que ella está tirada en la cama y él fumando un cigarrillo es perfecta, esa luz tan cálida entrando por la ventana, bañandolos y congelándolos por igual, uniéndolos y separándolos para siempre, es el mismo ocaso tal vez que los junta y los desarma. Saber manejar la luz como Nan Goldín es una bendición, bendita esa luz que nos hace expresar lo inexplicable. Creo que eso responde un poco a tu pregunta. Quizás he aprendido un poco de lo mucho que nos han transmitido fotógrafos como Nan Goldin, Paul Strand, August Sander y es muy justo y maravilloso que ese lenguaje trascienda las fronteras, que sea lo mismo en una pequeña Aldea de Entre Ríos como en Londres.

Rodrigo: Siempre te colocas en un lugar de ‘inexperiencia’, ‘falta de maestria’… quizá deba decir yo que nos conocimos cursando un master de investigación en ciencias sociales, que sos un tipo cultismo y que tu fotografía tiene un nivel de cuidado mayúsculo. Por que no te animas a crecer artísticamente? Por qué seguis pidiendo permiso todo el tiempo?

Sebastian: Sin duda no he trascendido la barrera del miedo, hay algo en mi que está continuamente preguntando, a qué le temes… y me lo pregunta una y otra vez porque se la respuesta, y a todos nos pasa en algún punto. tenemos miedo de ver cuan grande podemos ser y no saber que hacer con elllo.

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