FOTO DE MI AMIGOVIO (MUY ESPORÁDICAMENTE) CARIOCA POR SORAYA ALBUQUERQUE RJ

En un mundo en el que el psicoanálisis parece no saber qué decir a los homosexuales sobre su condición y sus problemas y en donde sólo un analista gay parece poder entender a un paciente como si se tratara de dos adictos en un grupo de recuperacion, creo que es necesario tomar el toro por las astas y  pensar ‘la cuestion gay’ con cierta independencia de criterio.

Uno de los grandes logros de mis últimos cinco años es el haber podido establecer lazos de amistad reales y duraderos con otros hombres gay. Acostumbrado a sexualizar ese tipo de relaciones, todo solía volverse competitivo y pronto, de una manera u otra, ese tipo de relaciones terminaban en algún tipo de resentimiento narcisista. Este, por fín, no es más el caso. Podría decirse que las relaciones de Amistad para los gays son particularmente importantes tanto cuando somos jovenes como cuando envejecemos y dejamos de participar de la vida activa del boliche o del GrindR. Demás está decir que el estereotipo de la soledad del hombre gay es un producto de la imaginación homofóbica que la sociedad heterosexual ha impuesto durante muchos años y en muchos casos, suele funcionar como una profecía autocumplida que acaba transformándose en realidad.

Muchas veces se dice que los amigos son para los gays el substituto de la familia. Ni hablar en un caso como el mio en el que tengo poca familia con la que quiera relacionarme. Sin embargo, hablar en esos términos es reconocer lo ‘natural’ del modo de vida heterosexual. Si bien, en las generaciones anteriores a la mía, las amistades de un gay solían ser con otros gays por lo peligroso que resultaba abrirse a quienes podían ser, eventualmente, crueles con uno (Putoooo!) ya sean colegas o amigos heterosexuales, hoy todo eso es, por lejos, mas facil.

El tema es que reemplazar mutuamente lazos naturales por lazos construidos no es nada fácil y siempre plantea algún tipo de duelo (que, según, Jacques Derrida, nunca termina). Quizá esta sea la razón de ese deseo furioso y militante de muchas parejas gays de ser reconocidas por el resto de la sociedad heterosexual. Esa necesidad de andar de la mano y besarse en público contra viento y marea que, personalmente, nunca me atrajo en lugar de tener que tener que ver con adoptar modelos heterosexuales de vida de los que previamente uno había sido excluido tiene que ver con anestesiar el dolor del luto por la propia familia perdida (de aquellos cuyos padres no estuvieron del todo contentos por nuestras elecciones) o por la imposibilidad de tener una familia ‘normal’ (es decir, heterosexual) en esta vida.

Esto quiere decir que si siempre hacemos un luto (lo que nos convierte en ‘ungaily gays’, a decir verdad), una de las caracteristicas de los gays tiene que ser la ‘melancolía’. Hace un par de dias tuve una charla con mi siempre contento amigo Diego y esto es lo que se respiraba en la charla. Cierto cansancio por no poder tener algo que supuestamente se quiere tener pero que, en realidad, no se quiere. La imposibilidad de salir de un circulo vicioso de tratar de crear la propia familia con las herramientas que el ‘mercado gay’ parece poner a nuestra disposicion: sexo, consumo y apps y de eso uno se cansa y no hay hijos correteando alrededor que a uno lo distraigan. Judith Butler habla de esta ‘melancolia gay’ en relación a la elección de un objeto sexual que comienza con el rechazo de lo ‘normal y heterosexual’ per se. Y esto es algo que yo muchas veces dije en este blog y siempre tengo la misma respuesta de que, en realidad, esto es algo que ‘les pasa a todos’ pero lamento tener que insistir en la melancolia inherente a los gays de nunca poder superar ‘la perdida de una (posible) vida heterosexual’. Bergson dice que la vida de un individuos esta acechada por las decisiones que ni siquiera tomó. De ahí, el mito de la pareja estable…? Incluso aquellos que niegan esta melancolía con conductas agresivas respecto de la idea de familia ponen en evidencia que algo raro hay en nuestra relación con la idea de familia. Al respecto Judith Butler dice que ‘lo repudiado y así, perdido es preservado como un tipo de identificación repudiable’ y ahí es donde vuelve el luto. Es muy sintomáticos que los gays creamos que somos ‘alegres’ cuando, en realidad, somos inherentemente melancólicos.

Sin embargo, creo que una de las trampas del discurso homofobico es pensar que hay sólo dos modelos de vida gay: el institucional y jurídicamente Ricky Martiniano (de la pareja estable) y el saunero que se la pasa cogiendo todo el dia en Grindr. Es en los espacios intermedios entre estos dos extremos en donde la posibilidad de aliviar, al menos por un tiempo, esa melancolía gay yace. De hecho, si hoy los gays pueden casarse es no solo porque cambió el modo en que la sociedad mira a los gays sino que tambien cambió el lugar del ‘casamiento’ en la sociedad contemporanea. Tengo la impresión que todo esto es como el Quijote, la sociedad lo cambia a él pero él también cambia a la sociedad. J A T

Do NOT follow this link or you will be banned from the site!