Dando, en estos momentos, un curso sobre crítica, tengo la oportunidad de reflexionar sobre el muy precario estado actual de la crítica no sólo de arte sino también cultural. Muchas veces en este blog, se realizan críticas incluyendo la mediatización que los medios de comunicación realizan, sin embargo y casi sin excepción esto se hace en el análisis de los acontecimientos políticos. La inclusión de los medios como variable independiente en la crítica de arte, me atrevería a decir, comenzó en la Argentina en este blog.

Cuando hoy uno de mis lectores trajo a mi atención la entrevista publicada por el diario La Nación a Benito Fernandez titulada: ‘Este es mi mejor momento en el amor y en el sexo’, mi primera reacción fue por qué ocupar mi tiempo en algo, potencialmente, estéticamente desagradable. Sin embargo, negar el articulo por razones estéticas sería caer en el error que este blog ha venido denunciando ya que, desde un principio, ha intentado considerar estos liliputismos en síntomas de traumas, enfermedades y, por que no, virtudes sociales pasibles de crítica cultural productiva. A decir verdad, lo importante del articulo sobre un cincuentón feo y con mal gusto para vestirse es… precisamente eso; el que haya llegado al status de ‘artículo’. Digo esto porque esta entrevista es publicada en un periódico conservador y homófobo en el que muchos periodistas de su plantel tienen que poner a un lado su felicidad personal y mantenerse en el closet para poder avanzar en su carrera. Esto pone en evidencia un rango de valores corporativos que privilegian por sobre el reconocimiento de una sexualidad diferente a, por ejemplo, una cleptómana y pirómana condenada como Alicia de Arteaga quien mantuvo sus privilegios, según entiendo, hasta hace muy poco.

Es un paso adelante el que La Nación vincule en su título la palabra ‘sexo’ a un ‘homosexual’? Sería fácil tentarse a sacar conclusiones para la que no hay evidencia real como que dicho diario sólo se permite hablar de homosexualidad cuando puede asegurarse de esta será caracterizada como algo ‘inferior’ a la ‘normalidad heterosexual’. Pero esto sería prejuicioso de mi parte ya que no habiendo calculado el porcentaje de los artículos en tal sentido, no tengo datos fehacientes para llegar a tamaña conclusión. Lo que de esta entrevista, efectivamente, se desprende es que la ‘homosexualidad’ es aceptada en relación a un concepto que hace falta ‘desempacar’ como el de ‘plenitud’ que, de entrada, es fuertemente vinculado al del ‘éxito profesional’ del diseñador.

Respecto del éxito, Pablo Mascareño (entrevistador y autor de la nota) dice: ‘La exigencia de renovar su colección dos veces por año y estar a tono con las tendencias mundiales, pero imprimiéndole un sello propio, lo impulsan a volver a reinventarse una y otra vez. Esa dinámica también lo llevó a barajar y dar de nuevo varias veces en su vida. A los 57 años, el modisto, que vistió a la Reina de Holanda Máxima Zorreguieta, o a celebridades como Valeria Mazza y Dolores Barreiro, transita su mejor momento personal. Y ese bienestar no es fruto del azar sino de un trabajo interior intenso y de haber logrado, en la madurez, la plenitud en el amor. Esa madurez es la que hoy le permite disfrutar de la vida. Una nueva vida. Prueba y error hasta alcanzar su mejor versión, la actual. Será porque logró todo en su carrera; porque ve crecer a sus dos hijos amorosamente; porque mantiene una excelente relación con su ex mujer o porque está enamorado de Zeus’ (sic). La última oración es la que me habilita a mi hipotesis ya que el periodista pone como condicion de la plenitud en la vida ‘lograr todo en su carrera’ y teniendo en cuenta de quien estamos hablando uno comienza a pedir definiciones de a qué se refiere con ‘todo’.

La última pregunta de Mascareño es, previsiblemente, qué es el éxito a lo que Fernandez responde: ‘El éxito no es la tapa de Valeria (Mazza?) con mi vestido, el éxito es mi amistad con ella. El éxito es que me cocina en su casa o que cuando criticaron un vestido mío, ella va y se lo pone a los quince días en el Fashion Week de Nueva York. Eso solo te lo hace una amiga. Mi éxito es ese’. Dicho de otro modo, para Fernendez el éxito está directamente vinculado a los favores en un contexto laboral y profesional o mejor dicho, está vinculado a la confusión entre lo público y lo privado para los fines de su engrandecimiento profesional. En un blog que ha problematizado a esto como ‘la mafia del amor’, esto capta inmediatamente mi atención. Digo esto porque para él, el éxito no tiene que ver con la calidad de sus diseño sino con el tipo de privilegio que la promesa de su circulación genera.

Pero en esta entrevista, el éxito es vinculado al concepto de ‘plenitud’ que es, simultaneamente, asociado por un hombre de 57 años (con dos hijas) a la calidad de su actividad sexual la que, en nombre de la lucha contra los prejuicios es discutida en la entrevista. Personalmente, creo que cuando un hombre de más de (aprox) cuarenta años se ve en la necesidad de anunciar su llegada a la ‘plenitud’ es porque más que seguramente no ha llegado a ella y, tal vez, nunca llegará por la precisa razón de haber fetichizado un éxito que tampoco llega porque no parte de sí sino del reconocimiento de otros. Uno no puede comparar interioridades con exterioridades y esto es lo que el artículo hace una y otra vez.

No voy a hacer referencia a la historia de amor con Zeus (el nombre de su ‘amado’) porque es una historia de tantas, sin embargo, lo que la hace diferente es que toda esta plenitud lograda através del, según confiesa continuamente, contacto físico permanente se da entre dos personas que viven en países diferentes y que, además, no están dispuesta aún (por esa cosa del ‘exito’,vio?) a abandonar su lugar de trabajo ‘por amor’. Tengo la impresión de que la ‘plenitud’ tiene específicamente que ver con haber sido invitado a dar esta entrevista (con La Nación) y la nueva ‘honestidad sexual’ aparece más como una excusa (profesional?) que como un atributo de esa plenitud. De lo anterior se desprende la primer contradicción porque si bien no viven y se ven cuando Fernandez va a Punta del Este (ya que Zeus trabaja siete dias a la semana): ‘nuestro sexo es cotidiano’. Algo no me estaría cerrando, a decir verdad ya que como saltamos de la ‘cotidianeidad’ a ‘estamos en diferentes paises y es dificil’. Salvo que estemos hablando de sexo telefónico lo que se da de bruces contra la manifiesta fisicalidad requerida por Fernandez quien ‘tiene que tocar a su pareja todo el tiempo y si no lo hace, llega a su casa, exhausto ya que para el el amor es como las telas’.

Además para Fernandez, la sexualidad no es un acto natural sino una construcción social. En sus propias palabras el no es gay sino que eligió ser gay: ‘Hace unos quince años. Solo tuve tres novios y el actual es mi cuarta pareja gay’. Antes de eso estuvo con su mujer con la que tuvo dos hijos y ahora, él tiene certeza de que su actual pareja y ella se llevan bien porque ‘se ponen mutuos likes en Instagram’. Antes de eso, era asexuado y obsesionado por el trabajo. Tras su mujer también se obsesionó y uno puede entender que, al no estar dispuesto a dejar su ciudad por aquel que le retribuye amor pleno, su verdadera relación es con ese éxito mediatizado por ‘Valeria que le cocina tras desfilar su vestido’ y por ese espejo deformante de La Nacion haciendole una entrevista en la que puede verse reflejado como ‘pleno’.

Al leer la entrevista, Fernandez nos cuenta que de niño era disléxico, lo que sumado al ser un niño que sabe que es ‘sexualmente diferente’ (por más que diga que era heterosexual y despues decidió ser gay) y que posterga todo para finalmente relajarse un poco pero no lo suficiente ya que, según cuenta, aquello que cree que atrae a Zeus es el hecho de que es ‘una figura pública’, lo transforma en un personaje acostumbrado a esconder en lugar de revelar.

A esta altura de la entrevista, uno ya tiene certeza de que lo que Fernandez llama ‘plenitud’ está muy pero muy lejos de serlo e ipso facto, se transforma en irrelevante. Pero esto nos lleva a la pregunta inicial, ‘la’ relevante…  Por qué la tradicionalmente homófoba redacción de La Nación publica esta historia? Tal vez esto sea inconsciente pero ese diario parece permitirse, al menos momentaneamente, hacer un ‘homenaje’ a esos empleados que decidieron postergar su felicidad personal para simular ser lo que no son. Sirvén, Armendariz, etc. Está el diario La Nación tratando de compensar, al menos simbólicamente, por la felicidad perdida? J A T

MI RESEÑA DE LA CONFERENCIA DE PRENSA DEL PRESIDENTE MACRI EN LA CASA DE GOBIERNO

EL DEBATE DE LOS ARQUITECTOS Y EL ECOPARQUE EN LANP – HAY ÉTICA PROFESIONAL EN LA CARRERA DE ARQUITECTURA, HOY EN DÍA?

Do NOT follow this link or you will be banned from the site!