Este es un buen momento para posicionar este blog en medio de lo que, según entiendo, es una discusión maniquea que viene dándose entorno del financiamiento de los programas culturales existentes y que está resumida en el artículo de fin de año firmado por Paula Sabatés y Maria Daniel Yaccar en Pagina 12 titulado ‘El año en que la crisis de la cultura se volvió estructural’. Pero qué entiende Página 12 por ‘crisis estructural’? Veamos…

Sabatés y Yaccar adoptan una postura que yo llamaría literalista al describir una estrategia obvia y hasta necesaria por un gobierno neo-liberal que busca el recorte y la reducción del gasto: ‘Si el 2016 se caracterizó por los despidos, las maniobras de definanciamiento y vaciamiento de programas, los problemas edilicios en dependencias culturales y privatizaciones encubiertas de espacios publicos, durante el año que se va la crisis se tornó estructural. No hubo tantas cesantías -el año anterior fueron 500; éste cerca de 100- ni cierres de programas, pero mucho de lo que quedó en pie se vio sumido en una profunda crisis. A aquellos espacios y proyectos que tuvieron la suerte de no ser dados de baja, en cambio se los definanció por completo, congelando y subejecutando sus presupuestos al punto de que no pudieran funcionar. Por esa situación se llevó al límite de la precarizacion y degradacion de las condiciones de los trabajadores, a quienes en su mayoría se les negó sistematicamente todo dialogo con las autoridades en las respectivas carteras’. Todo esto es verdad y ha sido la misión y logro, si se quiere, de Pablo Avelluto quien sobrevivió la crisis del INCAA precisamente porque su mandato era atraer a referentes empresarios del sector de las industrias creativas por medio de cargos y honores para lograr su apoyo en esta reduccion drástica de la participación del Estado en materia cultural.

Pablo Avelluto ha sido muy eficiente en la implementación de un muy cínico y estéril (culturalmente) mandato de programa cultural. Digo ‘cínico’ porque su tarea ha sido la de seducir y torcer las convicciones de la gente a su cargo (Alejandro Cacetta, Pablo Rovito, Teresa Anchorena, etc) para que hicieran el trabajo ‘sucio’ de ‘disimular’ y ‘aplacar’ los efectos de las verdaderas politicas macristas que en el caso de los primero tenian que ver con el definanciamiento del sector y en el caso de Anchorena, por dar solo otro ejemplo, con mirar para otro lado mientras el Macrismo en Capital sigue construyendo torres sin medir sus consecuencias.

Si Avelluto comprendió claramente su misión, Lopérfido se confundió al politizar el area y hacer exactamente lo opuesto a lo que se suponía que tenía que hacer que era: ‘despolitizarla’. El articulo de Pagina 12 considera el ‘cambio de ministerios’ (osea, las salidas de Loperfido, Avogadro -y posterior reingreso- y Angel Mahler) como parte de ‘la crisis estructural’, sin embargo, segun entiendo, fueron parte de un proceso de depuracion que constituyó ‘la estrategia cultural del Macrismo’. Dicho de otro modo, lo que Loperfido no entendió es que la verdadera razón por la que fue contratado (además de por el apoyo del diario La Nación por medio de su matrimonio con Esmeralda Mitre) fue la de que tanto él como Cecilia Felgueras habian sido los pioneros de lo que ahora Avogadro llama ’emprendedorismo creativo’. Con esto no digo que aquello que Loperfido y Felgueras proponían en su ‘Buenos Aires No Duerme’ fuera equivalente a lo que Avogadro propone para su vision utópica de un Palermo Soho como ‘industria cultural vibrante’. Sin embargo, en lo que ambos coinciden es en intentar desplazar la noción de ‘cultura como carrera’ (propia de los sectores de izquierda y definitivamente del Kirchnerismo) a una noción de la ‘cultura como actitud’, para lo que no se se necesita nada más que eso y en el camino se quita importancia a las instituciones culturales de formación mas sistemática que, durante el Alfonismo y el Kirchnerismo se convirtieron en bolsas de trabajo de anquilosamiento corporativo que el estado financió a cambio de sostener la ficción de que la clase media se iba a poder formar gratuitamente e iba a poder tener una carrera cultural (sin irse del país). Eso en el Macrismo ha sido glamorizado y corrido a las redes sociales mediante los influencers en donde lo único que se necesita es un anacrónico contacto en el diario La Nación para que lograr algo de visibilidad y digo anacrónico porque en la era de los nuevos medios de comunicación la visibilidad debería venir del influencer y no del medio tradicional.

Es por esto que al, Sabatés y Yaccar plantear que la crisis estructural es el producto del vaciamiento del sector por parte del gobierno quien, ademas, se niega al diálogo es una obviedad. Por qué querría dialogar el gobierno con los sectores a los que quiere eliminar. En este sentido, Pagina 12 se transforma en un pasquín de aquellos empleados publicos del sector cultural que dicen que ‘aman’ lo que hacen pero que no han sabido generar las condiciones para que la sociedad exigiera lo que ellos dicen que solían proveer. Dicho de otro modo, al desviarse tantos fondos al pago de sueldos de grupos corporativos solo activos al momento de la protesta, terminó descuidandose lo que verdaderamente importa que es el nivel de la cultura. Bajo el pretexto de su democratizacion, el Kirchnerismo se llevó puesta la excelencia y el resultado es hoy, por ejemplo, el bajisimo nivel del grupo de preseleccionados para el premio de pintura del Fondo Nacional de las Artes. Pagina 12 se lamenta de ‘la profundización del vaciamiento de los espacios que resguardan la memoria, el abandono de politicas oficiales para la enseñanza musical gratuita, el agravamiento de la situacion del sector audiovisual, la profundizacion en la baja de los presupuestos culturales y la persecucion a espacios independientes’ que, según entiendo, no pueden colocarse en la misma bolsa. El ‘resguardo de la memoria’ tiene que estar al nivel del ‘monumento’ o el ‘memorial’ (usando un anglicismo) pero no puede constar del financiamiento de infraestructuras con plantas de personal a tales efecto que, ademas, acaba teniendo un color político único. Este blog ha sido consistentemente critico de la politica Kirchnerista en este tema en el Centro Conti, por ejemplo, dejando a Hebe de Bonafini opinar en cuestiones curatoriales (tal fue el caso de Romina Orazi en el Premio Conti), en las acciones de Magdalena Faillace como Directora de Asuntos Culturales de Cancillería y la lista sigue.

Si el Macrismo ha tenido a Lopérfido y Esme Mitre como totems culturales, el Kirchnerismo tuvo a Pablo Echarri y Nancy Duplaa. Los ‘recoletos’ de ‘clase alta’ (ponele!) merqueros y snobs versus los ‘self made’ de Villa Crespo como los paradigmas que premiten entender mejor el sin sentido esas politicas culturales. Digo esto porque los ‘recoletos de clase alta’ no tienen secundario completo y están puestos a cargo de las instituciones educativas por sus vinculaciones personales y familiares, mientras que en el caso de Echarri y Duplaa ‘el self made-ismo’ depende de la dádiva y el favoritismo del Estado a partir de un sistema de intercambios y de apoyos entre el lider carismatico y la celebrity juvenil. En ambos casos, estos modelos de ‘exito cultural’ no son autonomos sino receptores de algo que el resto de la sociedad debe darles por haber sido ungidos por el Estado como dignos de valor. Eso no es cultura sino clientelismo.

Si el Kirchnerismo generaba debates culturales que penetraban familias enteras para dividirlas, el Macrismo tiende a provocar debates embarrando la cancha con loquitos como Lopérfido (quien fue demasiado lejos demasiado pronto) o Federico Andahazi, por dar sólo dos ejemplos. Es en ese contexto que alguien como Avogadro (Secretario de Cultura de la Ciudad) emerge como referente… de nadie. Conocido por sólo 10 personas y sus compañeros del Newman, sin ni formacion ni legitimidad ninguna en el sector cultural, Avogadro tiene la consistencia de un discurso sin referentes y reafirma la preferencia cultural de un Macrismo endogámico y estéril. Con Avogadro, el Macrismo pone en evidencia su verdadera política cultural que, por un lado, involucra al desmantelamiento (Avelluto) y por el otro la promoción de una ficción emprendedorista que confunde ‘creatividad’ (entendida como vender pijamas como ropa de día promocionandola en Instagram como Augusto Mustafa) con ‘cultura’. Es en ese desplazamiento conceptual donde el Macrismo define como interlocutor cultural a alguien que no existe y se aprovecha del anquilosamiento de todo ese sindicalismo cultural K para avanzar sobre la nada intentando crear ‘actitud’ y ‘cosas lindas’ para parafrasear a Alec Oxenford.

Y es esta figura, una figura fundamental en esta discusión. Alec Oxenford es relevante porque viene acompañando al modelo cultural macrista desde un comienzo y se ha venido constituyendo no sin algo de fanatismo en el ejemplo mas acabado de lo que ahora termina explicitando Avogadro como ’emprendedorismo criativo’. En el caso de Oxenford, ni su De Remate.co ni OXL.com son creativos porque son plagios de contrapartes norteamericanas. Es mediante ese plagio y los contactos conseguidos en el MBA de Harvard como por vinculaciones familiares y de clase que pudo ser Presidente de ArteBA que, bajo su direccion, administro la eliminación de un mercado autoctono del arte para transformarlo en un lugar en el que cierto circuito (clase?) se hace visible para luego poder ir, financiados por los contribuyentes (y el liberalismo donde está?) a ARCO o Art Basel a hacer contactos para vender… nada. Nuevamente, el Macrismo cultural como puro discurso y actitud parados sobre la nada mirandose el ombligo.

Finalmente, el texto de Sabatés y Yaccar monumentaliza el hecho de que ‘colectivos y trabajadores’ (palabras que me incomodan en relación a la cultura) están haciendo propuestas para garantizar ‘los derechos culturales’ (otra palabra que me hace mucho ruido como amante de la cultura). El primero fue presentado por el Frente de Artistas y Trabajadores de las Culturas (FAyTC) en el Congreso de la Nacion bajo el nombre de Ley Federal de las Culturas o ‘ley marco para la implementacion de política públicas claras y federales’ que establece, básicamente, un piso limite para el presupuesto de la cultura tal como lo recomienda la ONU ya que hoy es solo el 0.037 por ciento y el gobierno esta deliberadamente subejecutando presupuesto. Otro proyecto similar en la Ciudad es el que busca que el Estado garantice un minimo del 3.5% para los organismos de la Cultura independiente. Pero no es una contradiccion en terminos que el Estado tenga que garantizarle fondos a los organismo de fomento de la cultura independiente? Nuevamente, algo suena a podrido en las propuestas anquilosadas, estatistas y corporativas que tan ineficazmente se oponen al emprendorismo macrista y mientras tanto el gobierno sigue con su plan necrologico de fomentar la nada misma.

FIN DE LA PRIMERA PARTE

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