Como muchos de Ustedes saben, estoy escribiendo esto desde una pequeña ciudad del Reconcavo Bahiano llamada Cachoeira en donde, en el futuro, pasaré tres meses al año. Aquí, hoy más temprano, el Rey Daagbo Hounon Houamenou y la Reina Acakpo Kpessi Ko’ndodo de Benin inauguraron una serie de charlas sobre el genocidio de la diáspora Africana. Esta ciudad y otras de la region fueron los principales puertos de llegada de los esclavos durante siglos. La llegada de los reyes de Benin coincide con una exhibición que está teniendo lugar a miles de kilometros de aquí, más precisamente en el MoMA de Nueva York, titulada ‘Tarsila do Amaral: Inventing Modern Art In Brazil’. La misma es, según entiendo, otro momento repetido en el intento de dicha institución de constituirse en la autoridad del modernismo occidental. Esta colorida muestra que incluye imágenes de un subcontinente mayormente negro, tropical e híbrido como el brasileño canoniza como sus principales portavoces a los miembros del así llamado ‘Movimiento Antropofágico’ tras la publicación por parte del marido de Tarsilia do Amaral, el poeta Oswald de Andrade de su Manifiesto homónimo en 1928. El eje de este narrativa es que la historia del Brasil es una de ‘canibalización’ de otras culturas y esa es su mayor fortaleza. Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que la cuestión del canibalismo entra al modernismo brasileño no por su país sino por Paris, en donde constituía un tema que fascinaba a los intelectuales a partir de los escritos de los antropólogos modernos.

El curador de la muestra es el Venezolano, Luis Perez-Obamas al que estoy tratando de entrevistar para este blog. Su guión adhiere a la creencia modernista tradicional de que el canibalismo cultural es un modo mediante el cual Brasil se afirma frente el post-colonialismo cultural Europeo. El modo en el que Tarsilia do Amaral hace esto es adoptando un lenguaje visual europeo como el Cubismo Orfico de Ferdinand Leger y, como ya dije, una obsesión europea como el canibalismo. Frente a la pregunta de por qué no se incluyó la cuestión de la raza en la curación de la muestra, Perez Obamas dice: ‘Las tensiones raciales en Brasil y el modo en el que esa cultura las vive es totalmente diferente al modo en el que lo hacen los Norteamericanos. Es por esto que fui muy cuidadoso en no racializar la lectura de Tarsilia porque haber hecho eso habría sido injusto. Esa hubiera sido una aproximación colonial a Tarsilia do Amaral’. Desde el punto de vista del curador Venezolano, habría dos opciones: o bien atenerse a la lectura higiénica del modernismo latinoamericano como continuación del europeo pero con algunas adiciones ‘folk’ que él considera ‘políticamente radicalizadas’ o bien hacerse, finalmente, la pregunta de cómo la mayoría de la población negra se vincula con esta concepción blanca del modernismo brasileño?

El problema con la decisión de Perez Obama de excluír la cuestión racial de la narrativa del modernismo de un país que tiene el raro ‘privilegio’ de ser el ultimo en abolir la exclavitud no es menor y no puede ser barrido abajo de la alfombra por ser una lectura ‘politizada’. No abordar el modo en el que Tarsilia do Amaral esconde la cultura Afro-Brasileña bajo un velo de supuesta hibridez puede ser la razón por la cual Perez Obama considera contraproducente historizar la vanguardia brasileña como algo ‘demasiado radicalizado’. La pregunta que emerge de esta decisión es si el modernismo brasileño no es otro intento de traducir a lenguaje ‘tropical’ un destilo de la vanguardia europea encarnado en el Cubismo Orfico de Ferdinand Leger. Haber avanzado en un historizacion de Tarsilia y su marido, el poeta Oswald de Andrade, podría haber permitido a Perez Obama revelar a dos artistas pertenecientes a la clase terrateniente cafetera cuya fortuna estaba apoyada sobre la decisión de atrasar el final de la esclavitud. El dinero que financio la educación de Tarsilia do Amaral en Paris (en la Academia Julian) con Andre Lhote, Albert Gleizes y Ferdinand Leger provenía de las plantaciones de café motorizadas por trabajo humano esclavo.

Ha llegado el momento de poner de lado la fascinación por el cubismo folk de estas figuras para mirar a Tarsilia de Amaral como alguien que le dio a la elite del Brasil post-esclavitud una serie de imágenes de hibridación que les permitieron evitar enfrentarse con la barbarie reciente? Articulando una imagen exotizada y pseudo-Cubista, esa elite ‘modernista’ brasileña que llenó sus arcas con dinero obtenido de una cruelmente extendida explotación de los esclavos no es objeto de análisis por parte del MoMA como si 100 años, en Latinoamerica, no hubiera significado nada. Es este el modernismo que el MoMA supone representar? J A T

 

 

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