Justo el día en el que se conoció la noticia de la muerte de Inés Zorreguieta, leí al pasar en la tapa de un periodico en un puesto de diarios de la muy impersonal megalopolis financiera de Canary Wharf en la que vivo hasta que vuelva a Bahia en octubre una noticia que si bien no me sorprendió, en absoluto, sentó el tono de estos dias. La muerte nos acecha y viene de donde creiamos nos estabamos escapando. Según la CNN, la tasa de suicidios en los Estados Unidos subió un 25% durante las últimas dos décadas y veinticinco estados experimentaron un aumento del 30%. Cuando hace un mes llegué a Londres escribí sobre los ojos de la gente. En una ciudad en la que se tiene todo para, aparentemente, ser feliz; la gente está visiblemente sola y ni sabe cómo comenzar a conectarse. Mientras esperaba la entrega de mi departamento, alquilé una ‘luxury private room’ en el departamento de un joven quien en Airbnb era un ‘superhost’ y tenía 12 reseñas espléndidas. Al llegar, ademas del cuarto no ser lo prometido, el departamento tenía olor, la mugre acumulada era, verdaderamente, shockeante si se tiene en cuenta que estaba cobrando (y no poco) por esa habitacion como si fuera un servicio hotelero. Habia pagado 10 días por adelantado y decidí que no tenia la energia para irme a otro lado por lo que me quedé a guisa de mi propia depresion. Lo que me sorprendió de este muchacho fue que a sus 30 años, permanecia todo el fin de semana solo y las unicas visitas que tenia era el portero que dejaba paquetes de Amazon. Cuando me desgarre los gemelos, ni siquiera atinó a ofrecerme ayuda. Cómo era posible que alguien asi tuviera status de ‘superhost’ en Airbnb? Depresión? Muchos de Ustedes recordaran a mi amiga inglesa  Alexandra. Desde que llegué no la ví por alguna razon o por otra. La verdad es que nos cruzamos en el tren a Escocia. Yo volvia a Londres y ella iba a Edimburgo. El fin de semana pasado, estando ambos en la misma ciudad, me dijo que prefería quedarse en su casa haciendo ‘self care’.  Debo confesar que si bien me recuperé de las drogas con tratamientos llenos de ese tipo de palabras como ‘self care’, estar presente, ‘mindfulness’ y la constante necesidad de evitar la ‘co-dependencia’, todo esto puede, facilmente, transformarse en algo así como intentar lograr un blindaje emocional frente a las necesidades de los otros. A Alexandra ni se le pasó la cabeza que yo podía necesitar verla y si se le cruzara por la cabeza, le importaría? Creo que estos conceptos de ‘autoayuda’ son terminos de la psicologia conductista orientados a justificar un orden de cosas en el que lo que se privilegia es el individualismo a los fines de la funcionalidad. Estamos tratando de apagar el fuego con gasolina?

Como Uds se imaginan, entre viajes y clases vivo muy ocupado porque hacer lo que me gusta lleva mucho tiempo y esfuerzo pero hoy me tomé tres cuartos de horas para ver un documental en Netflix filmado y protagonizado por Paul Oremland, un gay neocelandes de sesenta años que mira hacia atras en su vida y rastrea a cien hombres con los que tuvo sexo. Es una suerte de relato a partir de entrevistas a aquellos a los que conoció del modo que los gays solemos conocernos: intercambiando flujos. Debo reconocer que tuve que dejar de verlo porque era deprimente no solo en el relato sino tambien en lo visual. En ‘100 Men’, Oremland comunica como liberador algo que parece ser su opuesto. La necesidad gay de maltratarse atraves del modo de relacionamiento con los otros combinado con una sociedad que a monumentalizado el individualismo y el consumo generan un combo insoportable si no se lo aborda criticamente. Personalmente, no creo que los saunas gays sean un avance de la civilizacion sino una terrible lástima.

Pero si de Canary Wharf hablamos, hasta mudarme aqui solo había venido un par de veces para monitorear la colgada de obras compradas por el padre de mi, entonces, mejor amiga Jenna para sus espectaculares oficinas en el último piso de Morgan Stanley, el banco de inversiones del que era CEO. Hoy, ver tantos robots financistas dando vueltas trajeados y apresurados por estos shoppings subterraneos desde donde estoy escribiendo este post me hacen pensar mucho en Jenna, la chica que literalmente lo tenía todo y un día me arrojó (o, al menos, coadyuvó) hacia mi propia depresion al decirme que estaba evaluando tirarse de un balcon. Habrá sido parte de mi decision de romper todo el hacerlo para poder decirselo a los padres, tal vez de la peor manera, y evitar que aquella ocurriera. Desde ya, cuando digo que Jenna lo tenia todo, me refiero a todo el dinero del mundo, una familia, al menos en apariencia, unidísma que la apoyaba de la manera más liberal a ella y a su hermano gay. Ademas, Jenna tenia un mejor amigo como yo que convengamos no es poco y a pesar de eso o tal vez por todo esto, fantaseaba con el suicidio. En ella no habia depresion como una enfermedad de la composicion quimica del cerebro sino que su sistema de satisfacciones estaba demasiado satisfecho y la dinamica de su satisfaccion se habia transformado en uan jaula de la que era muy dificil salir. Recuerdo cuando estabamos en un crucero en el Nilo invitado por su padre tanto yo como otras 45 personas a un costo de 30 millones de dolares, hubo un momento de las fotos frente a Aswan. Yo estaba con mi mejor amiga y mi familia postiza pero, lo cierto y el tiempo lo probó con creces, que no era mi familia. Cuando llego el momento de las fotos, los grupos familiares y las parejas se sacaron las fotos. Recuerdo que yo no tuve mi foto porque no pertenecia a ningun grupo real. Fue una señal que si bien podia avisorar una depresion tambien marcaba un objetivo. Ese no era mi lugar y mi busqueda debia continuar. Y continuó… Podria decir que tras eso yo comencé una espiral descendente conocida que es, de algun modo, el mito fundante de este blog. Tal vez, escriba sobre esto porque mi estación del ‘tube’ está frente a la puerta de las que eran las oficinas de Londres del padre y me veo casi como un espectro en tiempo pasado. Con Jenna nos veiamos casi todos los dias y hablabamos de todo mientras yo alimentaba con, al menos cuatro Dry Martinis, una necesidad de anestesiar algo que pronto se volvió intolerable. Cuando iba a Nueva York, almorzabamos con principes, princesas, Oprah y su novia. Una vez tenia tal gripe que le dije a su madre que no tenia ganas de socializar y me shockeó recibir como respuesta que ese entorno no era ‘social’ sino ‘familia’.

Conocido el suicidio del cocinero y bon vivant internacional Anthony Bourdain, mi amigo Mauricio Corbalan me dijo: ‘Un tipo que vivía de viajar, comer y tomar vino se suicida sólo en un cuarto de hotel. Creo que se viene una crisis del wellness neoliberal. El bon vivant, ese perfil que surgió en los 90s como vara global de ocio se descubre como un encubrimiento de la soledad y el egoismo’. Todo esto mientras en la Argentian comenzamos a apuntalar a nuestro Bourdain local, Marcelo Tinelli para la presidencia. Siempre a contracorriente. Casi, al mismo tiempo que Corbalán me hacía ese comentario, mi amigo Lukas quien es una especie de clon de Bourdain publicaba su plegaria Instagramera y minutos despues hacía lo propio, Jorge Rial quien trata de transformar al arte, según él, ‘una caricia para el alma’  en exactamente ese tipo de biombo romántico que en vez de sacudir la realidad la neutraliza. No nos olvidemos que este ejercicio de neutralizacion es exactamente lo que los museos y el canon modernista hicieron con el arte por lo que hay un comun denominador entre el MoMa, Rial, la Tate y los tatuajes de tanto él como Tinelli. El problema de este well being como pantalla es que ha pasado de ser ‘wellness’ a una condicion para mantenerse activo en el mundo laboral. Recordemos que lo primero que hizo Rial tras regresar de Londres no fue ver ir a Morena sino ir ArteBA. En mi caso, pienso mucho en mi amiga (Morgan Stanley) Jenna y muchas veces fantaseo con llamarla para ver si podemos tener la charla que nunca pudimos tener pero tambien soy consciente de que mucha agua ha pasado debajo del puente y en aquella epoca yo creia que la anestesia era una posibilidad y hoy camino en bermudas y remera y me despierto a la hora que puedo y quiero. Pero no siempre fue así. Hubo una epoca en la que me rompí en pedazos y mi mejor amiga cerró al puerta de un portazo. Ya no le era funcional porque, sencillamente, yo no podia funcionar. Tal vez fue esa presión por tener que sonreir para funcionar hasta el ultimo de sus días, el tipo de presión que sintió Bourdain de que cada paso que daba era un acto encantador de relaciones públicas. Otro dia en la mafia global del amor que, como vemos, mata. No digan que no se los vengo diciendo. J A T

EL SUICIDIO DE INÉS ZORREGUIETA Y LA NECESIDAD DE CONTENER EL SCHADENFREUDE PARA REZAR POR SU FAMILIA

Do NOT follow this link or you will be banned from the site!