Esta semana fue una semana difíciles para los argentinos, en principio, porque la realidad, finalmente, tocó la puerta. Esta realidad no es otra que la del modo en el que hemos decidido vivir. El área de Buenos Aires y, desde mediados del siglo XIX, la Argentina casi en su totalidad, se ha reafirmado en un páramo especulativo que adoptó el endeudamiento y el plagio -ya que pretender ser desarrollados y modernos por el hecho de ser blancos es un acto de simulación- en los pilares sobre los que construyó su identidad. Por esto, las crisis al borde de la catastrofe son un modo de sentir la argentinidad. Al menos en mi caso.

Durante los últimos días sentí angustia, no sólo porque el valor del dolar de algún modo me afecta ya que transforma a mis emprendimiento en algo, posiblemente, sólo posible para cierto grupo social sino por algo un tanto más personal. La catástrofe era el modo en el que mi mamá y yo solíamos comunicamos durante muchos años. Ese era su modo de preguntarme, de manera pasiva agresiva e insegura, si, a pesar de la distancia, la seguía queriendo. En una situación como la del dolar a 40 pesos, mi mamá estaría pegada a C5N buscando cualquier indicio de un posible apocalipsis social y financiero. Esta semana, simplemente, me faltó ese llamado y me sentí sólo a pesar de haber encontrado el amor.

Sin embargo, no creo que en esto esté sólo sino, más bien, acompañado por una nación de descendientes de inmigrantes que heredó el trauma del desarraigo en tiempos anteriores a las comunicaciones simultaneas y en los que el reencuentro era un privilegio de clase. Creo que hay un espejamiento entre el movilero de C5N que no se cansa de repetir la misma pregunta sin escuchar siquiera una respuesta que pueda desestabilizar su dogma. En mi caso personal, me es muy difícil y tal vez imposible emprender proyectos comerciales por un trauma de adolescencia. Cuando apenas tenía 18 años, mi familia puso mi nombre en una sociedad que, nuevamente atraves de una de estas crisis estacionales argentinas, terminó costandonos practicamente todo lo que teníamos. Durante muchos años me sentí responsable pero no era yo sino un contexto en el que la rueda de la fortuna para algunos gira más rápidos que para otros.

Aun sin vivir en la Argentina, este tipo de crisis me arrastran a un lugar oscuro de mi psiquis pero tambien amoroso y tal vez sea ese amor oscuro el que los argentimos fuimos poco a poco, a medida que el neoliberalismo hizo metastasis en nuestra cultura y relaciones interpersonales, transformando en apatía, indiferencia y, finalmente, agresividad de los unos con los otros. El Presidente y el equipo económico que hoy tenemos (y ni hablar del que hubieramos tenido con Scioli Presidente) son un ejemplo vergonzoso de confundir identidad con catastrofe. Es como si estuvieran esperando las corridas para oficiar una ceremonia de purificacion que nos acerca al momento del trauma que nunca podemos procesar porque siempre estamos volviendo como en loop pero nunca perdemos todo. Tal vez ser argentino sea estar condenado a este purgatorio y de manera muy egoísta, me duele que madre me haya dejado acá para irse al cielo. J A T

EL 13 DE SEPTIEMBRE COMIENZA EL CURSO LANP DE RENACIMIENTO TARDÍO, VILLAS ITALIANAS E INGLESAS Y CARAVAGGIO

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