El caso de Rodrigo Eguillor ha calado profundo en la sociedad no por, en el año del #NiUnaMenos, haber abusado de varias mujeres sino por sus dichos lo que, en sí mismo, da la pauta de nuestra posición respecto de la ‘cuestión femenina’ tras que la ley de legalización del aborto fuera rechazada. Una vez difundida la denuncia de la joven abusada quien acusa a Eguillor de intentar tener sexo sin preservativos en un departamento de San Telmo y que tras verse impedida de salir intentara a los gritos tirarse por el balcón para llamar la atención de los vecinos, fue el descargo de mi tocayo Eguillor lo que generó estupor en la sociedad. Personalmente, creo que el modo en el que la joven intentó zafarse de la situacion son pruebas de los avances del #MeToo. En otra epoca hubiera sido desacreditada por ‘demasiado emocional’ o ‘desequilibrada’. Hoy, puede verse en esa desesperación una estrategia para no verse compelida a abortar y posiblemente morir en el sistema publico de salud. Bien por ella! Es por esto que con varias denuncias previas, la cuestion de si intentó abusar de ella o no, no amerita mayor debate ya que fue él mismo quien, al negarlo tajantemente desde un punto de vista de clase, acabó confesándolo. Lo interesante de esa confesion es que coincide y se superpone a la resolucion del Poder Ejecutivo propuesta por la Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich de habilitar a la policia a disparar sin previo aviso y sin provocacion previa. Ayer, en este blog, Brad Pitt Bull se refería, de manera un tanto demasiado metafórica para la comprensión de algunos de sus ‘haters’, al crimen que la ministra intenta, con perdón de la palabra, ‘abortar’ como el intento de disparar contra ‘una clase social’.

Sin ir más lejos, Rodrigo Eguillor no está preso por abuso, como bien se ocupó él mismo de aclararlo sino por insultar a una mujer, esta vez imbuida de autoridad en la forma de la UFI Nro 3 de Esteban Echeverria, al notificarle de la denuncia por abuso sexual en su contra; mientras intentaba abordar un avion camino a Madrid para ver a Boca en la Superfinal. Una horas más tarde, Verónica Lozano en su programa de TV desacreditaba las advertencias legales que había recibido al intentar acercarse al joven en los términos de que ‘le chupan la concha’, esto dicho en TV abierta sin advertir lo automática de su proyeccion psicológica si se tiene en cuenta que es la mismísima Lozano, quien creó una marca de ropa y vive en Barrio Parque gracias al dinero obtenido ilegítimamente por su marido, el Corcho Rodriguez, no en uno sino en varios casos de corrupción probados y en la ineficiente justicia. Las amenazas legales de Eguillor no son inocentes ya que trabaja en tribunales gracias a ser el hijo de una fiscal de Ejecución Penal, Paula Martinez Castro quien, desde un principio, se desentendió del caso, intentando proteger su carrera profesional y evitando pronunciarse de su rol de madre. Otro ejemplo de feminismo virtuoso. Ese rol pareció ser ocupado por su padre quien, casi seguramente siendo asesorado legalmente por su mujer desde bambalinas, pidió públicamente que al joven se lo interne en un neurosiquiátrico intentando que se lo declare inimputable. El joven mismo en su infame descargo vía Instagram dijo una y otra vez, en medio de sonrisas socarronas que tiene problemas psiquiátricos mientras se prendía un ‘faso’ de marihuana para dejar registro aún más fehaciente de su inimputabilidad.

Ese video es un documento de época que, de algún modo vuelve a tocar de cerca a Verónica Lozano, ya que es reminiscente del ‘video/espejo narcisista del hombre inestable narcotizado y erotizado’ que tuvo a Juan Cruz Sanz como protagonista un año atrás. La interacción de Eguillor con sus seguidores oscilaba entre el descargo judicial, el relato de la anécdota de la ‘minita desequilibrada’ y el modo en el que se daba placer a sí mismo llegando a tocarse la tetilla a través de un tajo estratégicamente localizado en el área de su remera, cubriendo el pecho izquierdo. Pero hay dos momentos en el video que creo son particularmente significativos. En uno nos muestra, orgulloso, su casa en el country Solar del Bosque de Canning con su familia sentada a la mesa del domingo. Este era su peculiar forma de inyectar credibilidad a su descargo reafirmando con imagenes su amaneza de que no sólo es inimputable sino que tambien es un chico de familia bien, con un contexto social que lo avala y que responderá, retaliativamente, frente a cualquier ataque contra ‘la burbuja’. Estas imágenes ocurren segundos después que Eguillort desacreditara la denuncia de la joven como proveniente de ‘una mina que decía ser de Parque Leloir pero, en realidad, era de Ituzaingó’ y tras un silencio, lanza una carcajada, mira a cámara y dice: ‘Ituzaingoooó’. Como hombre gay debo confesar haber escuchado a gente cercana hacer comentarios parecidos en Buenos Aires. Sin ir más lejos, un ex amigo psicoanalista Lacaniano quien además hoy es parte del gobierno de Macri y que, asimismo es hijo de otro reconocido psicoanalista, una vez me contó de una amante a la que llamaba La Bella o, mejor dicho, La Avella porque vivía en ‘Avellaneda’. Esa combinación de misoginia y clasismo es moneda corriente en el Buenos Aires de hoy y ha empeorado desde la instauración de la tan mentada grieta. En un interesante artículo publicado ayer en Clarín, la socióloga Cecilia Arizaga, autora de una tesis post-doctoral en el Conicet sobre ‘la primera generación de chicos de country que salen de la burbuja y se reintegran a la sociedad’, habla de ese grupo social profetizado durante la década del 90 y el 2000 por las telenovelas de Cris Morena en la que los jóvenes blancos y nuevos ricos eran criados en círculos cerrados con estilos de vida y ‘valores similares’. La endogamia de la ‘generación del barrio cerrado’ está construida sobre los cimientos del apartheid que hace un par de días comenzó a ser visto gracias al video casero de la empleada doméstica difundido por las muchas veces progresivas redes sociales. En ese video, se muestra como se le niega acceso a los micros de Nordelta por ‘no pertenecer’.

Eguillort se ha convertido en el chivo expiatorio de su propia clase de arribistas y en este sentido, comparte categoría con Mauricio Macri, Juliana Awada, Maxima Zorreguieta, Verónica Lozano y los funcionarios K que pasaron del conurbano a los countries en pocos años de gobierno. Eguillort se ha convertido en el cuerpo político puesto en tensión por sus propia ezquisofrenia. No la de Equillort sino la nuestra. Cómo viajaba a Madrid siendo empleado judicial salvo que por ser hijo de su madre le facilitaran los días libres de trabajo? Cómo llegaba a pensar que erotizaba a alguien tras acomodarse el pelo pajoso hacia un lado y por detras de los hombros? Cómo creía ser cheto sin vive en Banfield? De acuerdo a la cultura neoliberal todos tenemos el potencial para ser estrellas proyectando nuestra subjetividad en el espacio virtual. En tiempo de post-verdad todos podemos ser chetos hasta que se pruebe lo contrario. Es por esto que mientras Patricia Bullrich decretaba el gatillo facil, el country de Canning decretaba como si fuera una Republica el exilio de uno de los suyos quien así no podria acceder a la burbuja que como nos comenta la sociologa Arizaga, lo define. Como una suerte de Anti-Sócrates, privado de su pertenencia a la polis, el joven deberá exiliarse del país o convertirse, como si del musical Chicago se trata en una estrella de las redes sociales e incluso, panelista de la TV. Hay algo de su desesperante y narcisista vocación mediática que me recuerda a Uki Dean, el ‘cheto’ hijo de Mónica de Alzaga quien a pesar de provenir de una de las familias de mayor abolengo de la Republica, tiraba todo prestigio por la borda para transformarse en un payaso. Lo único que le importaba era la fama. Es como que con la declaracion de ‘persona non grata’ por parte de su country en Canning, lo privado en tiempos del neoliberalismo se metamorfosea en un espejamiento de lo publico y toma decisiones políticas basadas en los humores de la opinión pública y los medios, erigiendose en un sistema judicial paralelo que genera sentencias ante la evidente incompetencia y corrupción de este último. El apartheid no sólo funciona discriminando ‘morochos y pobres’ sinio que permite mediante la declaración de ‘persona no grata’ autorregularse. El problema con ese sistema ‘judicial’ paralelo es que sigue sin incluir a los excluídos para sólo funcionar como una descarga de un sistema a presión, profundamente, endogámico. Sólo así se puede entender el exabrupto de la esposa del Corcho Rodriguez y la decisión Ateniense y virtuosa de un country que no es otra cosa que el aparato institucional de generacion y reproduccion de engendros como Rodrigo Eguillort y que, por lo visto, comienza a advertir que necesita intervenir en reemplazo del Estado para conservar el statu quo. J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA CÓMO SER UN BUEN AMIGO

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