Hace un par de semanas vi la muestra de Tracey Emin en White Cube Bermondsey y, como adicto en recuperación, pude identificar algunos rasgos de victimización narcisista en el modo en el que Emin empapeló las cuatro gigantescas salas de garabatos con forma de mujer y sangre menstrual. El epicentro de la exhibicion era el famoso video de principios de los 90s en los que Emin relataba frente a cámara una batería de reflexiones sobre un aborto que habia tenido que hacerse. Lo que en su momento tenía cierto valor documental, hoy parecía la repetición en loop de la autovictimización de alguien que usa un aspecto de su identidad para embanderarse narcisisticamente en una queja perpetua. Desde un punto de vista post-colonial, tengo que considerar a todo ese ejercicio como el infantilismo de una blanca rica que logró salir de la pobreza manipulando el deseo de inversion de lo bajo sobre lo alto que una culposa y aburrida elite cultural, influida por el Brit Pop proletario, sentía y que, ahora, necesitada de mas dinero no le quedaba otra que continuar comodificando esa autovictimización.

Hace un par de días y salvando las distancias, La Nación se hacía eco de los dichos de Calu Rivero en el programa de Andy Kutznesoff quien invitó a los participantes a que dieran un paso al frente si ‘la vida les dio una piña y se levantaron’. La protagonista de ‘Campanas en la noche’ y autor de su libro ‘Calu Rivero: sin título’ no dudó en dar ese paso al frente para volver a referirse a cómo se sintió cuando decidió hacer públicas sus acusaciones contra Juan Darthés y se pusieron en duda sus palabras: ‘Me pasó que me di cuenta de que fui abusada por el sistema y por el machismo. Eso me hizo entender muchas cosas, como identificar cual es mi deseo y mi dignidad. Fue una piña en la cara porque vengo de un pueblo de Catamarca con mucha ingenuidad. Me topé con gente que no me respetó y fue dificil’. Y fue por más al decir: ‘Fue fuerte porque dolió mucho, la burla es horrible, no creo que haya un lugar para la risa cuando te burlas de otra persona. Es algo que no lleva a buen puerto, hay que respetar a todas las personas y no tiene que ver con el genero’.

En este blog venimos siguiendo al fenómeno Calu Rivero independientemente de lo acontecido con Darthes y la pregunta que siempre nos hicimos es: ‘cómo esta mina sigue captando la atención del público?’. Es indudable que algo tiene y que sabe manipular dicha atención como pocos. Nada de lo que hizo lo hizo a base de talento ya que como modelo es muy bajita y feucha, como DJ es lisa y llanamente mala y como conductora, directamente, no sabe hablar. Si algo caracteriza al éxito de Calu Rivero es que no está basado en ningún talento más allá de cierta mediocre belleza que, supongo, las mujeres no sienten como amenazante y por eso deciden apoyar. Dicho de otro modo, lo que caracteriza a Rivero es la mediocridad y es su propia mediocridad la que la sociedad ve espejada en ella.

Al ser una mediocre sin talento, palabras como dignidad y respeto no son facilmente asociables a ella. Pero es precisamente esto lo que parece reclamar. Habiendo pasado sus momentos prostibularios en los que se mostraba del brazo de diferentes hombres, todos ellos portadores de algún tipo de valor (un inglés con pasaporte europeo, una celebrity con acceso a Hollywood, un polista con doble apellido, etc), Calu Rivero encontró en el movimiento feminista a partir del supuesto ‘acoso’ laboral la oportunidad para la dignificación. Alquimicamente, el abuso de Darthes dice haberla convertido de boluda agarrada de cuanto hombre rico encontraba (nada más patriarcal que eso) a señora y ‘role model’ por haberse, según insiste, levantado frente a las adversidades. Pero sabrá esta muchacha lo que es la adversidad?

Lo que hay en el discurso de Calu es una romantización de las dificultades de la vida (‘soy del interior y son inocente’ o ‘todos los seres humanos merecen respeto’) a los fines de la autovictimización en una epoca en la que lo que todos parecen buscar es un atajo para quedar superficialmente posicionados como buenas o malas personas. Plantear la moralidad desde su lugar de mediocre en los términos de que todos se merecen la dignidad y el respeto es convertir a dicha moralidad en un producto empaquetado por un sistema de distribucion (medios) y orientado a un consumidor que busca sentirse bien de sí mismo sin un verdadero autoanálisis. Este es el nicho de mercado de Calu Rivero. Ella es el erupto de la cultura argentina en la que la gente es ‘re buena mina’ o en la que la amistad se expresa en Instagram con un ‘amiga sos los más’. Todas estas exageraciones y romantizaciones son dispositivos para no sentir y para esconder el cinismo de una sociedad en la que nadie confía ya en nadie.

Lo cierto es que a pesar de la prensa que tiene a su libro no le va bien porque todo tiene un limite y ese limite es la asimetría entre las espectativas (que esa autovictimizacion plantea) y la inexistencia de una ética del trabajo que la acompañe llevandola a publicar un libro cuyo titulo ni siquiera fue pensado por ella. Calu Rivero es el gas de la basura en la que nos hemos convertido. J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA

 

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