ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE ‘AVILAAVILAAVILA’:

Recuerdo, cuando era muy joven, hace ya mas de cuarenta anyos, en un pueblecito de la costa Mediterranea, que un dia un amigo que tenia me dijo “vamos a visitar a mi abulita, que no vive muy lejos”… Le dije que si… y fuimos andando por un rato hacia las afueras de aquel pequenyo pueblo, al que habia sido invitado… Cuando llegamos a la casa de la abuelita ella nos recibio con una sonrisa. Era una anciana de unos 90 anyos, vestida mediterraneamente de negro y amablemente nos dijo que pasasemos al interior de lo que despues concevi como un diminuto lugar con un gran hogar dentro… Me explico… Era el atardecer, y no tenia luz, y en su casa el agua no tengo ni idea de donde venia. Al entrar, percibi solo una habitacion; osea, un comedor; osea, una cocina; osea, un enorme hogar donde cocinaba a base de lenya y fuego.

El hogar representaba un lugar principal en aquella habitacion, rodeado de cacharros y utensilios… En una esquina, junto a la ventana, habia una cama o camastro, y en la otra, una mesa con dos sillas… Hacia la izquierda una puerta insinuaba la posibilidad de un lavabo… Aquella mujer no vivia en el siglo pasado, ni siquiera vivia en la edad media; vivia en una especie de magica cueva prehistorica enlazando de algun modo la “pobreza” de su hogar con una experiencia natural que no queria perder, puesto que al parecer, en mas de una ocasion su familia intento llevarsela a algun sitio mas adecuado, y ella se nego… Deduci, de algun modo, que para ella, el contacto con lo natural era algo que celebrar puesto que encima de su rustica mesa habia una montanya de almendras sin pelar, y ella muy sinceramente nos dijo “Quereis unas almendras…? Estan muy ricas”.

 

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