ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE JUAN FEDERICO PARA LA VOZ

El comunicado de prensa de la Policía de Córdoba apareció a las 10.30 del domingo último. Hecho: Hallazgo de artefacto explosivo. Lugar: Córdoba. 06.05: Tras un mensaje recibido por parte de un ciudadano, personal policial perteneciente a la Brigada de Explosivos se hizo presente en un hotel ubicado en calle Belgrano al 100 de barrio Centro. En una de las habitaciones, fue hallado un paquete sospechoso que contenía un artefacto explosivo de fabricación casera. A posteriori, dicho elemento fue retirado y detonado, no registrándose heridos.

Cuarenta y un minutos después, llegó otra gacetilla oficial, esta vez titulado “Rectificación de información”. En relación al parte de prensa informado en la fecha a las 10.30, se aclara que se trató de un elemento sospechoso, que produjo la activación del protocolo pertinente. El mismo fue retirado del hotel por personal de la Brigada de Explosivos. Cabe consignar que en el hecho interviene la Justicia Federal.

La aclaración no era sólo una precisión de contexto. Indicaba un dato clave que durante tres largos días a la Justicia federal se le pasó por alto: no había ningún explosivo dentro de la valija que se detonó.

La historia ya es conocida: la madrugada de aquel domingo, los chilenos Gabriela Medrano Viteri (arquitecta) y Felipe Zegers (conocido por sus intervenciones urbanas) abandonaron el hotel en el que se habían hospedado en Córdoba para participar del “contracongreso” de la Lengua organizado por la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba. Cuando se fueron, un empleado encontró la valija de metal con una batería roja en el interior conectada a un cargador. Se asustó y llamó a la Policía. Por protocolo, los agentes de Explosivos decidieron realizar una detonación controlada. Pero ya avisaron que allí no había nada explosivo, mucho menos una bomba, según el parte de prensa oficial de la Policía de las 11.11 del mismo domingo. ¿Por qué dejaron la valija allí? Tras la intervención artística que realizaron en Córdoba, la pareja sostuvo que ya no le servía y que la dejaron en el hotel porque podía demorarla en los controles previos al vuelo hacia Buenos Aires que iban a tomar esa madrugada.

Hasta allí, nada fuera de la lógica. Una valija sospechosa que se detonó de manera controlada y se corroboró que no había explosivos en su interior.

Pero a partir de las 18 de ese mismo domingo, la historia comenzó a ponerse absurda. En un hotel de Buenos Aires, detectives de la Unidad de Antiterrorismo de la Dirección de Investigaciones de la Policía de Córdoba, junto a gendarmes y a agentes de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) detuvieron a Medrano Viteri y a Zegers.

Fueron esposados y trasladados a la alcaidía de los Tribunales Federales de Córdoba, donde recién el miércoles la fiscal federal N° 3 Graciela López de Filoñuk les tomó declaración indagatoria. Pese a que a esa altura ya se había hecho público que eran personas reconocidas, a las que nadie vinculaba con bombas ni terroristas (al menos con indicios sólidos), la Justicia federal de Córdoba continuaba avalando sus detenciones. Durante casi 48 horas, nadie en ese fuero había advertido lo bochornoso de la situación.

Y tampoco nadie en toda la Provincia podía explicar cuáles eran las sospechas que recaían sobre ellos más allá de aquella valija detonada.

Nadie puede entender, aún, cómo se desarrolló semejante teoría conspirativa sin mayor sustento que aquella valija de lata.

Una hipótesis que nació en la división Inteligencia Antiterrorista de la Policía, brigada que este jueves cumplió dos años de existencia sin que todavía se logre explicar cuál es su real función e importancia para una fuerza provincial. Y que dejó expuesta a nivel nacional e internacional a toda una estructura policial y política.

Todo lo actuado se hizo con el aval de una fiscal que avanzó en las imputaciones. Hasta que el miércoles a la noche, el juez federal Miguel Hugo Vaca Narvaja, tras evaluar la situación y los elementos disponibles, liberó a la pareja, al dictar la “falta de mérito”.

Fue una suerte de fallo intermedio, para evitar heridas mayores dentro del sistema: en lugar de dar por concluido el papelón, el juez indicó que había que continuar investigando para establecer qué habían querido hacer realmente los señalados con aquella valija. Como si a esa altura ya no estuviera claro.

Las esquirlas de aquella bomba que nunca existió aún detonan en distintos ámbitos. Pese a que Justicia, Policía y Gobierno se abroquelaron en señalar la importancia de aquella sospecha inicial, nadie duda que puertas adentro más de uno se sintió desnudo ante el absurdo.

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