La Secretaría de Derechos Humanos de la Nación está presionando a la dirección del Centro Cultural Haroldo Conti para que quite de la muestra Para todes, tode la imagen de una virgen que lleva el pañuelo verde símbolo del reclamo por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. La curadora de la muestra, Kekena Corvalán, confirmó que las autoridades del espacio le han pedido que “la saque, que molesta que esté exhibida”. Pero ella advirtió: “No pienso hacerlo. No pienso ceder a un atentado a la libertad de expresión y a la autonomía del artista en su proceso de creación”.

La imagen de la virgen luciendo un pañuelo verde integra una muestra compuesta por obras de 150 artistas y comunicadoras mujeres, lesbianas, trans, travestis y no binarias de todo el país. Las creaciones, exhibidas en diferentes espacios del centro cultural, serán acompañadas a lo largo de los siguientes dos meses –la muestra está planificada hasta mayo– de recitales, performances, talleres, proyecciones, poesía y otras actividades vinculadas a la temática de género. “Sin esa figura la muestra toda se ve afectada. En el derecho a decidir sobre nuestros propios cuerpos, el aborto es clave”, sostuvo la curadora. Desde su inauguración, comenzaron las presiones oficiales y extraoficiales para que sea removida. Ante la amenaza de que grupos violentos acudieran al centro cultural “e intentaran quitarla por la fuerza”, los trabajadores del Conti decidieron cerrar la librería momentáneamente.

Liliana Maresca

Una reacción que me pareció interesante fue la del constitucionalista Roberto Saba quien en Facebook republicó un artículo de su autoría que había sido publicado en Clarín en 2004 en el que hace referencia al intento de clausura de la muestra de Ferrari en el Centro Cultural Recoleta. Vale recordar que hubo un caso análogo con una Cristo crucificado de Liliana Maresca en al exposición Mitominas 2 de 1988. El argumento de Saba es en defensa de Ferrari y en este caso de la Virgen del pañuelo verde desde el punto de vista de la ‘libertad de expresión’. Debo aclarar que yo, desde ya, estoy en contra de cualquier típo de intervención en una exhibición artística por la sencilla razón de que una obra de arte o práctica artística no es una representación transparente (ósea, una expresión en el sentido usado por Saba) de una posición respecto del mundo real. En primer lugar, debido a los condicionamientos del espacio en el que el arte ocurre que es el neutralizante ámbito de la galería de arte. Dicho de otro modo, dentro del ‘White cube’, todo vale y las reglas que se aplican no son las mismas que las de la ‘libertad de expresión’. Digo esto porque confundir arte con expresión es presuponer que el arte tiene un mensaje claro orientado a una audiencia que va a usar ese mensaje para operar en la realidad. Esto presupone un continuo transparente entre el artista, la obra de arte, el espectador y la sociedad. Ademas, el arte feminista ha venido proponiendo nuevos modos de mirar y, sin ir más lejos, el Cristo crucificado de Leon Ferrari puede ser leído como un intento feminista de puesta en cuestión de los valores patriarcales. El enemigo no es Cristo o la Virgen sino los modos de representación impuestos a través de ellos y más específicamente las mecánicas institucionalizadas de la experiencia de la vida que nos obligan a respetar a un símbolo mientras el otro está haciendo amordazado. El argumento de Saba es bien intencionado pero peca de excesivamente humanista al creer que el objetivo de una obra de arte como la virgen amordazada es simplemente el de esgrimir su derecho a hablar cuando, en realidad, lo que esa obra plantea es la necesidad de gritar para salir del amordazamiento que la sociedad le ha impuesto aún cuando el feminismo parezca ser el nuevo canon. J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA EL CENOTAFIO DE LOS CAÍDOS EN LAS ISLAS MALVINAS