Hay cosas que están ocurriendo en la cultura contemporánea y una de ellas es que Billie Eilish acaba de lanzar su primer álbum con sólo 17 años lo que abre toda una serie de consideraciones sobre nuestro contrato social con los jóvenes. Si bien esto podría considerarse un debut, en la era de Internet, Instagram y Youtube, ella ya ha venido teniendo mucha atención siendo algo así como un ícono del modo en el que la celebridad musical ha mutado en los últimos años. Si se quiere, el lanzamiento de su álbum marca un cross over generacional en materia de audiencia ya que pasa de estar reservado a la fama poco tangible que tienen los Instagrammers a un tipo de soporte accesible para aquellas generaciones -los que tienen más de 40- que se criaron escuchando música a partir de unidades completas y discretas como eran los CDs.

Pero Billy Eilish es una artista, como decía, ya establecida que gana mediante este album otro tipo de visibilidad. Esto se superpone al hecho de que proyecta un tipo de estrellato pop muy diferente al que estamos acostumbrados. Su cuerpo es mostrado como no definido y el tipo de ropa que usa es embolsada, generalmente escondiendo su figura. Hay algo estéticamente raver en el look que tiende a dar un ‘fuck you’ al espectador. Casi no usa maquillaje y su pelo es púrpura. Sus videos no apuntan a seducir al espectador sino a desafiarlo con toda una serie de referencias como por ejemplo ‘la mater lacrimosa’ enfatizando el tono dark de sus presentaciones.

Su album se llama ‘When we all fall asleep where do we go’ y mi canción favorita es, posiblemente, ‘When the party is over’. El arreglo y el estilo vocal es muy Kate Bush, ese estilo femme art rock de los 80s que nos permite percibir que este album es muy difícil de categorizar. Hay partes que son art rock, otras que son hip hop, otras pop ingenues, mucho de Lourde, de Lana del Rey, hay algo etéreo en sus fraseos pero su música tiene la musculatura de la música pop electrónica. Si bien, el álbum tiene picos, lo cierto es que hay varias canciones que son de baja calidad lo que no lo convierte inmediatamente en un clásico sino en un síntoma de la época.

Lo que me parece particularmente interesante es que con Billie Eilish se rompe la oposición entre el viejo modelo del cantautor, por un lado, y el paradigma Pop en el que el verdadero artista pasa a ser el productor y el cantante es simplemente un vehículo para la visión de alguien que no está frente al micrófono. Otra que para mí rompe con esta dicotomía y sé que muchos no van a estar de acuerdo conmigo es Ariana Grande que lleva el Pop a un lugar más personal que, por ejemplo, Taylor Swift en donde todo es maquinal. Eilish es un ejemplo aún más extremo de esto. Es importante poner esto en contexto porque esta es la música que están escuchando las generaciones más jóvenes y hay en ellas algo de autenticidad que hace dos tres años era impensable en la explosión de la industria de los productores y el vuelco actitudinal que trajo el hip hop.

Su música es co-producida con su hermano que tiene 21 años y ambos armaron la mayoría de las canciones en sus dormitorios en sus computadoras. En uno de los temas, Eilish anuncia que se saca los aparatos dentales un rato para poder cantar y en otro se escucha un dialogo de la serie de tv ‘The Office’. Esto demuestra que, mas allá de todo, este es un album hecho por dos chicos que hace gala de su porosidad. Este ‘bedroom pop’, desde ya, no es algo nuevo ya que tiene una tradición de, por lo menos, 20 años pero hoy con la capacidad de las computadoras, cualquiera puede crear con calidad de gran estudio. La diferencia entre ese ‘bedroom pop’ que sonaba muy Do It Yourself a esto puede apreciarse en la calidad del sonido. Algo que caracteriza a la música que escuchan los adolescentes de hoy es la precocidad. El tipo de letras y el tono de las canciones hace muy difícil creer que es música hecha por gente que todavía no tiene 20 años. Es como si los chicos crecieran más rápido hoy en día. La madurez de la voz y de las letras da la pauta de que estamos frente a jóvenes que pasaron por mucho y pensaron mucho.

El tema es que para los que hoy tienen entre 14 y 22, la crisis financiera mundial no sólo los ha golpeado personalmente sino como generación. El contrato social con los jóvenes es el que más se ha roto y esto los transforma en portavoces no sólo de su generación sino del resto. Ellos no creen tener un futuro y este convencimiento marca la cultura de esa generación como una cultura profundamente melancólica. El tono de la música que hoy los jóvenes escuchan es de una tristeza real y convincente. Hay momentos en el album de Eilish que hacen pensar en el tipo de interacción que esta artista genera con la gente de su generación hablando de suicidio y desesperación no como algo excepcional sino corriente. Un ejemplo de esto es ‘Bad Guy’ en donde se habla de maltrato pero tambien de seducir a su padre (‘make your mama sad type, seduce your dad type) y hasta de pedofilia consentida. Hace diez años Britney Spears cantaba sobre cosas mucho más sexuales pero en el contexto del #MeToo, este tipo de música parece estar diciendo algo al mainstream de la sociedad y marcando una brecha más compleja y significativa que el mero empoderamiento femenino.

En ‘Bury your friend’, el suicidio está dando vueltas todo el tiempo como fantasía. Desde ya esto no significa que la música incite a los jóvenes a hacer cosas o que alguien pueda querer suicidarse por escuchar una canción sobre suicidas, sino que el hecho de que este tipo de tema sea mainstream remite a la melancolía cultural imperante. Es más, creo que el hecho de que este típo de temas sean verbalizados y puestos en música puede servir de catarsis para muchos de esa generación con esas fantasías. Algo que este album plantea como reclamo es la posibilidad de hablar de todo ya que los que hoy tienen menos de veinte, nacieron tras el posmodernismo y pueden fácilmente distinguir entre incitación y ficción. Lo que queda claro es que hay un gusto por lo auténtico. Actualmente en American Idol en Netflix, tres cantantes pop coachean a un grupo de adolescentes y uno de ellos es un cantautor con una voz melancólica que canta sobre cosas melancólicas y contra lo que es un Pop Idol. La verdad es que cuando él aparece, yo tengo que escucharlo al menos un par de veces. Su nombre es Alejandro Miranda y es parte de esta revolución melancolica. Billie Eilish, una adolescente de 17 canta su verdad y desde la periferia de la industria musical, sin quererlo, redefine el pop.  J A T

 

 

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