Algo peculiar de la política argentina es cómo las peleas de poder se proyectan, primero, en el escenario de los programas de chimentos de la tarde, al punto de haber adecuado a los de análisis políticos al formato de los programas cimentemos de la tarde. En la última semana se ha perfilado de ambos lados de la grieta a, de un lado, Mirtha Legrand y del otro, Moria Casán y Jorge Rial exponiendo la cáscara vacío de la celebridad en la Argentina.

Mirtha Legrand, de la mano de su nieto Nacho Viale ha ido demasiado lejos en su militancia Macrista. Debemos recordar su ‘mesaza’ en Olivos con el Presidente y la Primera Dama seguida por sus declaraciones de que militó en favor de Macri para que este accediera a la Presidencia. Poco después se hacían públicos contratos entre el gobierno y la productora de Nacho Viale. Todo esto hubiera significado la gloria para abuela y nieta en un país en el que los premios y galardones ya no significan nada si hubieran ocurrido dos cosas. En primer lugar, si el gobierno al que ató su destino no hubiera resultado un letal chiste y en segundo lugar, si el rating la acompañara. Frente a la exultación de sus 90 años festejados en su casa con la asistencia del Presidente, sus 92 la encuentran más débil que nunca y es de suponer que una persona de esa edad no debería estar expuesta a este tipo de presiones por la sencilla razón de que no contaría con el resto para poder hacerle frente. Una pelea mediática contra ella parece, despues de todo, no ser fair play.

Moria Casán, cual Juana de ArKo con K, salió a hablar encontra de Elisa Carrió, de quien dijo que era una fundamentalista al recordar que la diputada una vez dijo que ‘en vez de irse a la cama con un hombre, prefería irse con una biblia pero cuando insulta, usa la palabra muerte’. Y agregó: ‘No entiendo, no son siquiera chicanas televisivas o políticas, algo le pasa, hay un chip que se le corre, si sos cristiana y católica tenés que tener compasión por los seres humanos, no podés decir nunca que agradeces a dios que tal hombre se murió’.

Sin embargo, al hablar de Mirtha, disparó ferozmente luego de que esta volviera a exponer su militancia en favor de Mauricio Macri en el almuerzo del domingo pasado durante el saludo final de su programa cuando dijo que, para ella, Cristina Kirchner vuelve a ser Presidenta. Al escuchar esto, Moria dijo: ‘Chiquitaje dijo una vez que daría la vida para que no vuelva Cristina, ahora dice que gana porque Macri desaprovechó y mal de Duran Barba y Peña’. Horas más tarde, Casán agregó: ‘Reflexión con eructo después de almorzar: Necesita que Macri gane porque si no tiene que entregar su vida!’.

Lo llamativo de lo planteado por Moria es que acusa a Carrió de festejar la muerte de De la Sota pero le recuerda a Mirtha de morirse ya que dijo que si volvía Cristina se moría. Lo que une a estas históricas divas es, claramente, la muerte como deseo mutuo y la adscripción a un tipo de discurso extremo que vacía el sentido de las palabras porque nadie puede realmente creer que se estén deseando la muerte. el nuestro es un país en el que el limite entre la verdad y la mentira despareció y las palabra parecen no tener consecuencias.

Pero si de palabras sin significado aparente hablamos, tenemos que referirnos a esa misma mesa cuando Mirtha Legrand dijo que en el pasado las autoridades de un canal en el que había trabajado le habían sugerido no invitar a gays. Esto mientras decía que antes no era fácil hablar de los gays. Recordemos que Mirtha fue madre de un gay a quien mantuvo sistemáticamente al margen de los medios por miedo a que la perjudicase en su carrera. El que una anciana de 92 años con un programa que ha venido reclamando autoridad moral mediatizando a todo gay que se sentó en esa mesa como excéntrico o payaso (tomemos como ejemplos a Fernando Peña, Jay Mammon o Roberto Piazza), esta suerte de ‘mea culpa’ llega un poco demasiado tarde y un tanto demasiado débilmente.

Fue Jorge Rial quien, según entiendo, dió en el clavo al apuntar ya no contra la anciana sino contra la crueldad de su nieto exponiéndola tanto en su ultra-macrismo obsceno como en sus ridículas defensas mientras era de publico conocimiento que había contraprestaciones. Tengo la sospecha que Mirtha esperó demasiado para retirarse. Hoy, puesta en contexto, su mirada de la realidad justifica nuestro patético presente y es una gran culpable de este presente. Sospecho que casos en los que gente como Nacho Viale traficó su influencia a cambio de dinero publico debería ser penalizado. J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA

 

 

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