La muestra ‘Diseño en Acción, Intersecciones contemporáneas’ en Proa abarca urbanismo, objetos e indumentaria y es otro intento de dicha Fundación de incorporar los lenguajes intermediales dentro de un discurso modernista en el que la presentación se da en el contexto de las apreciación artística contemplativa. Dicho de otro modo, ese tipo de muestras tienen que tener contenidos curatoriales muy claros para evitar caer en una violenta apología de lo que suponen denunciar. Proa nunca parece poder zafar de esto y es, como dije, un problema de calidad curatorial.

La sección urbanismo de la muestra fue curada por el arquitecto Martin Huberman quien propuso una visión supuestamente crítica de la nuevas leyes de la ciudad entre las cuales tenemos al nuevo Código de Edificación Urbano de la Ciudad de Buenos Aires que redujo la habilitación para una unidad de un solo ambiente de 30 metros cuadrados a 21 metros cuadrados. Motivados por esto Agustin Mendiondo y Franco Ricchieri y sabiendo que todavía no se construyó un monambiente de ese tamaño,  construyeron el primero en la Fundación Proa. En el espacio despojado del cubo blanco de la galería, el monoambiente parece amplio y por eso los arquitectos apilaron todos los muebles y electrodomésticos que irían adentro afuera del mismo. El mensaje no es claro.

En la misma muestra, las arquitectas Nina Carrara y María Zamtlejfer de Caza Estudio e Inés Molinari de MAPA desarrollaron cuatro equipamientos para hacer posible la vida en estos ambientes únicos a los que les gusta, irónicamente, llamar: ‘unidades inhabitables’. Sus diseños, también irónicamente, se inspiran en textos periodísticos y publicidades inmobiliarias que, supuestamente, destacan las virtudes de estos monoambientes y por eso llevan los nombres de Navaja Suiza, Nostalgia, Netflix y Máximo Confort. Las arquitectas imaginaron un monoambiente con todo al alcance de la mano, muebles acolchados y hasta espacio para la bicicleta.Para otro de sus diseños, Carrara y Zamtlejfer partieron de un aviso que decía expresamente: “Parece una navaja suiza hecha inmueble”. Así es que incluyeron todos los equipamientos de la casa en muebles recostados sobre las paredes laterales y liberaron el centro del ambiente. El más extremo de los cuatros diseños es Netflix, inspirado en una frase (créase o no) capturada textualmente de un anuncio: “(el departamento) Está pensado para el que pide delivery y sólo se queda en la casa para mirar Netflix”. El diseño es, básicamente, un espacio casi vacío con un puf y una cama frente a una enorme pantalla de televisión, más una ventanita para recibir el delivery. El problema es lo disfuncional de esto en tanto que quien no tiene para pagar mas de 18 metros cuadrados difícilmente tendrá dinero para el delivery. Al no pensar en esto, las arquitectas parecen afirmar que es posible vivir en esas condiciones y si este es el caso la pregunta es para estas arquitectas, qué es la arquitectura? La literalización de un chiste y la pretensión de que ese chiste se transforme en crítica?

Más allá del uso retórico de la ironía y de la crítica, sus aportes van en la dirección opuesta que es la apología en tanto que vivir en 21 metros cuadrados pareciera ser posible si se cuenta con la ayuda de sus diseño. Esto pone, nuevamente, en cuestión el complejo lugar del arquitecto en la sociedad contemporánea en tanto funcional a procesos que, según ellos reclaman, no los incluyen al tiempo que los sigue contando como los principales responsables.

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA Billie Eilish

 

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