En la política argentina debería haber un antes y un después del codazo de Mario Negri a Elisa Carrió en la conferencia de prensa en Rio Cuarto en el que tanto él como Quintana procuraban, sin éxito, que la Chaqueña no se fuera de boca. Ese codazo pone en evidencia que la política argentina ha entrado en un terreno en el que el rey está desnudo en un cuarto espejado. En realidad, el rey no solo está desnudo sino que las paredes del castillo desaparecieron. El que esta mujer se vea en la necesidad de decir en cámara que la acaban de codear para que no hable pone en evidencia no solo su necesidad de protagonismo en todo momento sino los modos en los que se construye el discurso. Con un gobierno sin reacción y un radicalismo sin lugar posible tanto por su incapacidad critica en tanto coalición como por su complicidad, la figura de Carrió cristaliza un momento que sólo puede ser caracterizado como de psicósis.

Carrió es una mujer que viene de por lo menos una década de confort mediático. Los periodistas la han venido invitado a los programas de TV no para responder preguntas sino para explayarse en sus tiempos sobre los temas que eligiera. La clase media le dió un cheque en blanco y ella no iba a un programa de televisión si no le garantizaban impunidad verbal lo que, sin ir más lejos, se garantiza con el silencio. Con todo ese espacio y ese rango de registros a su disposición, Carrió nunca pudo salir de la denuncia conspirativa con pocas pruebas. Es imposible no hacer una comparación con Natacha Jaitt en el modo que ambas articularon el discurso. Ambas aseguraban tener información privilegiada que, claramente, luego no era puesta en circulación. Es evidente que tanto la una como la otra han sido títeres de los servicios de inteligencia.

El problema con este discurso es que es como la cocaína. La primer dosis se les da gratis y las siguientes vienen condicionadas. Sin embargo, en una televisión acelerada y sin límites como la argentina, el limite entre lo verdadero y lo falso se fue haciendo cada vez mas difuso y ante la necesidad de tener cámara, tanto Jaitt como Carrió fueron por más. En el caso de la primera, fue evidente que se quedó sin nafta muy rapidamente. En el caso de la segunda, las alianzas se volvieron mucho más turbias.

Nada de esto importa demasiado ahora porque, como dije antes, el rey está desnudo y todas estas estrategias de denuncias y conspiraciones funcionan sólo si el rey se puede cubrir durante el invierno a falta de gas barato con el que calefaccionar su palacio que, de todos modos, carece de paredes. El modo en el que Carrió conduce la conferencia de prensa de este video puede representarse como una curva ya que comienza pidiendo el mismo tipo de tratamiento al que estaba acostumbrada (todos escuchan y nadie pregunta) para muy pronto y tras ser codeada por quien tenía algo por perder allí y que se le patine la lengua poniendo en evidencia el concierto farmacológico con el que se nutre antes de alguno de estos espectáculos, se lanzó en amenazas mesiánicas contra los periodistas diciendo: ‘Cuando te maten a tu hijo no me vengas a llorar’. Mi pregunta es qué dice de todos nosotros el tener referentes en estado de estado de adicción galopante. Ademas, el que alguien tan adicto esté denúncianos al narcotráfico transforma a todo esto en una performance en abismo. J A T

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