En esa máquina de picar carne que es la televisión de la tarde, hoy tuvimos las reverberaciones de un twit de Catherine Fulop sobre la situación en Venezuela retwitteado por Jorge Rial. Llamado a su juego y muy posiblemente sabiendo con los bueyes que ara, no dudó en llamarla durante su programa de TV para tener una conversación que acabó siendo una réplica de los exabruptos de Esmeralda Mitre sobre el Holocausto Judío. En pocas palabras, Fulop comparó la situación de Venezuela tras el fracaso del golpe de Guaidó a los campos de concentración nazis en los que algunos judíos operaban a favor de los nazis contra los otros prisioneros. Esto es un fenómeno no judío sino humano que se extiende desde el síndrome de Estocolmo hasta los cipayos británicos o los negros subsaharianos que hacían de intermediarios en la venta de esclavos. El problema con este tipo de argumento es que apunta directamente a diluir la gravedad de los crímenes contra la humanidad. La pregunta es, nuevamente, por qué en la Argentina este tipo de relativización y específicamente la del Holocausto es tan frecuentemente usado como argumento por rubias descerebradas que intentan hacerse pasar por más pensantes de lo que jamás podrán ser.

En esto, a estas taradas hay que darles el beneficio de la duda. Creo que la dinámica de la televisión argentina exige un nivel de exageración constante que hace que todo se plantee en el modo superlativo. Así alguien no es lindo sino el más lindo o el más traidor. Por eso, al momento de hablar de cuestiones políticas, aquellos que no tienen los recursos intelectuales suficientes como para discernir entre los matices de un problema, acaban recurriendo a analogías hiperbólicas que con un interlocutor como Rial, que huele la sangre desde varios kilómetros, acaba siendo, por lo menos, desprolijo.

Lo que sorprende de esta conversación es que haya existido. Tras el intercambio en twitter, Fulop debería haber sabido que se estaba moviendo en un terreno demasiado opaco para un intelecto como el suyo acostumbrado a dividir la realidad de manera transparente entre buenos y malos, santos y demonios. Digo esto porque para ella, el problema Venezolano se reduce a un hombre malo llamado Maduro que tiene sujeto de manera totalitaria a la población venezolana en base al uso de la violencia pura. Según ella, en Venezuela no existe la legitimidad. Ademas, el modo en el que ella mide esa legitimidad es el bienestar entendido por el consumo sin incluir en la ecuación el rol del embargo y bloqueo de Estados Unidos. Sin embargo, si usamos apropiadamente su analogía, el nazi sería Estados Unidos y el judío con síndrome de Estocolmo, sería Maduro, lo que, en el contexto de su argumento, resulta un tanto contraintuitivo.

Sin embargo, lo más interesante de la charla es el momento en el que del monólogo y tras haberse dado cuenta de que metió la pata pasa a la duda sin nunca pedir disculpas para, a pesar de todo eso, seguir intentando erigirse por medios afectivos en el capítulo argentino de la lucha contra Maduro. Allí, sus argumentos se reducen a balbuceos entre los que se pueden identificar dos trases: ‘yo en política no me quiero meter por que es un asco’ y ‘mi amor, yo te respeto’.

Dicho de otro modo, Fulop, cuyo CV es tener un terrible lomo, haber hecho un par de programas de television y hacer abdominales con relativo éxito en la tele, quiere erigirse en una suerte de madre protectora del pueblo venezolano desde el exilio pero sin recurso a la politica y en nombre del consumo, garantizado, desde ya, por Estados Unidos. Sin argumentos, decide leer un libro que la influye en la dirección equivocada y acaba diciendo lo que no debería decir. Hannah Arendt siempre vigente. Fulop, una pelotuda importante que sólo un país en crisis cultural puede querer escuchar. J A T

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