Jorge Rial es un caso interesante para este blog, en principio porque es confeso lector y algo de la impronta confesional que está adoptando puede estar inspirada en el tono que algunas veces este blog adopta y que, en su momento, supo ser su característica principal. Asimismo, el modo en el que Rial compra arte parece provocarle goce y esto me consta porque en un par de ocasiones me envió mensajes comentándome sus adquisiciones. Lo tercero que, para mí lo hace interesante es su decisión de adoptar dos morochitas en un mundo del espectáculo obsesionado por el diseño Menguelesco de bebés.

Si bien hay millones de razones para criticar el cinismo de Rial, mis pocos contactos con él no lo demuestran como una persona oscura. Al principio, me acusó, en privado, de querer fama y querer llegar al Bailando de Tinelli. Tras una breve aclaración de que nada estaba más lejos de mis aspiraciones, nuestro tono se normalizó y uno puede ver a alguien que no es infantil pero que tiene un lado humano, el de alguien que está creciendo, un poco tarde y frente a la mirada de cientos de miles de personas. Es tal vez por esto que a los 57 años, ve en hablar de su infancia una oportunidad para reconectar con un público que no lo abandonó pero que para no hacer tuvo que fosilizarlo como un cínico que se iba de vacaciones mientras su hija estaba internada tras un par de intentos, excesivamente narcisistas, de suicidio.

Cuando comenzó a coleccionar arte lo que vi era un atajo hacia algo auténtico que permitiera ser poseído por él. El trasfondo de esto era que Rial no tenía muy claro de qué venía eso del amor. Tal vez por esto, tras su divorcio tuvo relaciones de alto perfil con mujeres que tarde o temprano lo iban a dañar. Ese patrón de ser dañado por una mujer fue incluso ocupado por su hija Morena que vio como las mujeres lo querían y para quererlo, terminó agarrando el rebenque o, mejor dicho, el sachet de lavandina…. A qué me refiero con esto último? La clave está en su participació en la mesa de Andy Kutznetzoff donde dijo, no sin cierto clasismo:

“Mis viejos eran campesinos: uno tenía tercer grado, el otro primero o segundo. Y mi vieja me demostraba el amor desde la violencia. Lo cuento hoy así porque en terapia logré reconciliarme con ella, pero su amor era desde la violencia. Yo tampoco era un pibe muy tranquilo que digamos…”, reveló. Y agregó: “Estuve internado por violencia. Mi vieja, un día, en una cena, agarró un sachet de lavandina y me lo tiró. Me entró lavandina y me tuvieron que internar”, reveló, ante la sorpresa de Andy y el resto de los invitados a la mesa.

Uno ama de la manera que a uno le enseñan a amar y la sobreactuacion de los años cínicos de Rial tuvieron y, posiblemente tienen que ver con la necesidad de ser amado ejerciendo violencia (aunque sea en forma de chismes) sobre otra gente. Al elegir pareja, Rial eligió mujeres a las que puede controlar pero quienes tiene la posibilidad de dañarlo en su autoestima. De hecho sus relaciones siempre fueron intensas y rápidas como sus compras artísticas. Es en este contexto en el que se puede entender el modo de vestirse y la desesperación de ser cool de los últimos años pero sobretodo puede entenderse la fetichizacion del arte como un lugar en el que coexiste lo puro y el amor. El hecho de que coleccione arte abstracto y concreto demuestra que lo que busca es una versión ascéptica y transparente de esa autenticidad, pasada por lavanda. El arte que le ha venido interesante es modernista e ignora al espectador y a la sociedad. Sus últimas compras en materia de arte ablandan un poco este patrón y es evidente de que Rial ha quemado una etapa.

Respecto de la memoria de su madre, Rial dijo: “Lo pude hacer, pero después de que murió, con mucho laburo de terapia. Me di cuenta de que era su manera de amarme y que me amó; me doy cuenta por cómo soy yo con la gente que quiero. Entonces, hay una raíz buena ahí”. Cuando mira a sus años pasados dice: “Fue una sobreexposición. Hoy lo veo como un error, pero recién me separaba después de más de 20 años de casado. Hice lo que hace todo tipo grande cuando se separa. Estúpido, me compré un Mini Cooper. ¡No entraba! Era una cosa espantosa. Salí con una chica más joven, modelo, pero era lo que yo sentía: necesitaba tirar todo a la mierda, recuperar la autoestima. Pensaba que nunca más iba a poder seducir a una mujer. Después me di cuenta de que sí, y finalmente encontré a la mujer de mi vida”. “Soy muy intenso, vivo la vida con mucha intensidad, pero en ese momento… Todo era el laburo. Todo lo ponía en el laburo. Ahora llegué, encontré mi lugar en el mundo. La vida es como cuando vas en micro: mirás adonde querés llegar. Ahora, a los 57 años, estoy en la etapa de mirar el paisaje, divertirme. En la profesión hice todo lo que podía hacer, encontré a la mujer de mi vida, me casé, estoy asentado. Las cosas que estoy haciendo, las empresas, están bien. Estoy muy asentado y tranquilo”. “Con mis hijas estoy mejor, con Morena muy bien. Soy abuelo, no lo puedo creer. Me encanta ser abuelo”. Bien por él. J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA MARCELO BRODSKY

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