No creo estar siendo original al decir que Liniers es un sinvergüenza por su militancia a favor de ignorar la realidad y aferrarse a una ficción humanista que naturaliza los términos de su exclusión criminal. En una entrevista que le hiciera una empleada de su padre (Mariana Arias) en la mesa redonda en la Feria del Libro en la que está presentando su Macanudo número 920, el conocido historietista sentenció: ‘Ser político argentino me daría vergüenza’.

No voy a volver a lo que vengo diciendo desde hace más de media década de que Liniers dice esto desde la tribuna que le da el diario en el que su padre es síndico y que le dió no sólo la plataforma para hacerse conocido sino que puso y sigue poniendo un aparato de marketing a su disposición orientado no sólo a la venta de sus productos sino a la construcción de un ‘personalidad artística’ con características muy específicas y absolutamente funcionales al sistema que el diario de su padre ha venido fomentando. El fracaso modelo Macrista.

Las historietas de Liniers oscilan entre, por un lado, el ser funcionales a la tabula rasa neoliberal representando escenas de ironizada y banal simplicidad que siempre remiten a un repliegue del individuo sobre sí mismo ósea a una exaltación del individualismo a partir de la creatividad como capital del sujeto tardocapitalista en la economía creativa. Por el otro lado, algunos momentos de alto perfil de sus historietas ocurren cuando quiere subirse a una ola de corrección política liberal y de corte eminentemente internacionalista. En ninguno de los dos casos, Liniers llega a articular una posición salvo para repetir una y otra vez que lo que importa es el vacío que alegórica la subjetividad humanista en un esquema retórico de igualdad de oportunidades capitalistas.

En la entrevista con Mariana Arias, Liniers nos cuenta que se fue a Vermont (no dice que becado a pesar de ser millonario) y que allí está como ‘profesor adjunto’ (sospecho que esta es la mala traducción de ‘associate professor’) en una universidad de la historieta. Ademas, con la oportunidad que supuestamente les llega a todos los que gozan de ‘su’ igualdad de oportunidades, acabó interactuando y teniendo contratos con editoras y viejos ídolos de su años formativos que lo llevaron, según manifiesta el diario de su padre, ‘a ganar el Oscar de los cómics’ y según él mismo, a ‘ganar todos los premios’. Todo esto es precedido por varias preguntas y respuestas referidas a la supuesta ética laboral que, según entendemos, es lo que lo hizo quién es.

Tras emigrar, justificar su éxito a partir de la validación del canon extranjero y ser el ideólogo de la tabula rasa del mercado subjetivista, Liniers debería tener más cuidado en acusar a esa clase política que su padre ayudó a perpetuar. Personalmente, creo que Liniers tuvo que emigrar porque ya en la Argentina no hay humor social para un tipo de historieta que niega la realidad. Desde este punto de vista, Liniers va a contracorriente de la tradición de la historieta inglesa, francesa y argentina que se coloca en el lugar de comentar la coyuntura. Para él, como para la tradición que comienza en Snoopy (y por eso está enseñando en la universidad fundada por el dibujante de esa historieta), la historieta es una oportunidad para taparse los oídos y los ojos con la esperanza de que volviendose sobre sí mismo va a encontrar algo luminoso. Esto era funcional en la conformación del orden liberal post-Nixon. Hoy, es necesario que la historieta repiense su lugar en la sociedad. Acabo de grabar una Cañechat con Rep y el tema del lugar de la historieta emerge una y otra vez como un instrumento que permite abordar el imaginario social mediante la ficción para hablar de la realidad. desde ya este no es el caso de Liniers por lo que su ambición extenuante lo convierte en alguien tan oscuro como aquello que ve en Trump en su propio exitismo negacionista de exiliado superado. J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA LA COMERCIALIZACIÓN DEL DOLOR DE MARCELO BRODSKY

 

 

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