Este blog ha venido queriendo encontrar en Juan Grabois a una figura esperanzadora en un mundo en el que la utopía ha sido desterrada. Desde el Movimiento de Trabajadores Excluídos y con el aval Papal, ha venido dando organización y, diría yo, conocimientos a aquellos sectores que han quedado al margen de la sindicalización. En un mundo tan precarizado aquellos afortunados que tienen un salario, un aguinaldo y un sindicato deben considerarse, por poco que ganen, como parte de una elite.

El ataque de Grabois a la empresa Mercado Libre se inserta dentro de su lucha contra la precarización laboral producto de una flexibilización que usa a la tecnología, entre otras cosas, como fachada de un avance noeliberal que está haciendo tabula rosa con la economía y con la cultura. Aquellos que, frente a su ataque, salieron a apoyar a Mercado Libre lo hicieron de diferentes modos. Su CEO Marcos Galperín eligió la sorna calificando a Grabois de tragicómico, Prat Gay salió a recordarle que los incentivos fiscales que estaba denunciando no fueron el producto de asociaciones ilícitas con el Macrismo sino que fueron sancionados durante el Kirchnerismo. Otros, directamente, lo putearon por atreverse a ir contra un emprendedor que crea fuentes de trabajo sin, desde ya, ver lo que estaba detrás de lo por él planteado.

La verdad es que Grabois se mandó un moco y para zafar, dijo que él es un militante y que eso lo autoriza a darle ‘un sesgo’ a las cosas. El riesgo de esto es la perdida de credibilidad y esto es algo que venimos planteando en este blog respecto de su figura. Algo similar pasa cuando desciende a las tribunas de los programas políticos chimenteros como Intratables a insultarse con los panelistas o al afirmar, como dijo ayer, que en ‘este país para que te escuchen tenés que putear a alguien’. Es como si, de pronto, Grabois hubiera dejado de ser ‘vanguardia’ (ósea, un referente que lidera a un grupo humano hacia un futuro mejor) para transformarse en ‘manada’ y hacer lo que se supone que tiene que hacer para ‘llegar’. Creo que parte de este cambio de ‘utópico’ a ‘representativo’ se ve en su intento de transformarse en una suerte de Nosiglia o Massot del tercer gobierno de Cristina Kirchner. Grabois parece olvidar que su potencia radica en el reconocimiento de modos alternativos de ver el espacio público más allá de las categorías impuestas por una democracia representativa que todavía cree que gobierno es un espejamiento de Estado. Al plegarse a los requerimientos representativos de la democracia parlamentaria (que es, exactamente, lo que el sistema demanda de todos) y confíe en que programas de gobierno pueden resolver la precarizacion de manera vertical, su movimiento no lo podrá tener como referente porque la fuerza de ese movimiento es su capacidad de pensar modos alternativos de pensar lo público.

Respecto a esto, lo preocupante de lo planteado por Grabois es ese modo tan peronista, en el peor sentido de la palabra, de desvincular a la tecnología de los derechos de los trabajadores. Al descartar a Mercado Libre como el demonio que saca el trabajo a los trabajadores, Grabois repite los errores históricos del sindicalismo de creer que la tecnología es su enemiga cuando el poder mismo del MTE se basa en el conocimiento y la técnica de, por ejemplo, reciclar la basura frente al fracaso del Estado. En lugar de perder el tiempo armando con Cristina, Grabois debería estar pensando escenarios para negociar con Cristina del otro lado de la mesa si es Presidenta. Sin embargo, tengo la sospecha de que Grabois ha dejado de moverse a partir de objetivos. J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA MARCELO BRODSKY Y LA COMERCIALIZACIÓN DE LA MEMORIA

 

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