Lo de Marina, la investigadora del CONICET de la Universidad de San Martin que participó en la versión vernácula de ‘Quién quiere ser un millonario?’ y manifestó que no quiere el dinero para sí misma sino para contribuir a su equipo de investigación para encontrar la cura contra el cancer puede parecer otro momento de ese voluntarismo argentino exagerado. Sin embargo, todo esto amerita alguna reflexión.

Esto de los científicos que ganan premios y los donan para la investigaciones no es nuevo. Por ejemplo, el año pasado Bell Burnell, la Premio Nobel de física donó casi 3 millones de dólares para becas y hace un mes, George Smith hizo lo propio. Esto es algo que les llega en reconocimiento de su labor y ellos, agradecidos, lo vuelven a colocar en aquello que hizo que se los reconozca en su labor. En su momento escuché las declaraciones radiales de Burnell y ella decía que siendo científica y habiendose dedicado a eso toda la vida, esa cantidad de dinero era problemática para ello por lo que donarlo a su institución le daba algo de tranquilidad mental. Sin embargo, el caso de Marina es diferente ya que ella fue al programa de televisión, supuestamente, no para divertirse sino para ayudar al CONICET en su definanciamiento. Si bien a primera vista este es un gesto honorable, lo cierto es que es más bien la incorporación del mandato estatal como obligación individual. Es difícil no ver esto como otro capítulo de la privatización del mandato. Digo esto porque si no se ve esto como una performance ‘irónica’ orientada a traer visibilidad sobre la definanciación de la ciencia; lo hecho por Marina marca un antes y un después en la aceptación de la ruina de la ciencia en este país. Si el objetivo de Marina es lograr el financiamiento en un programa de entretenimientos de tv en lugar de generar las condiciones para que la sociedad vea la falta de financiamiento, es que ya estamos en muy serios problemas. Si ella no es consciente de nada de esto y simplemente se vio en un estudio de televisión sin razón aparente, la reflexión que debemos hacernos tambien tiene que ver con los incentivos y las carreras de nuestros científicos. Mucho se ha venido diciendo del tema pero el modo feudalizado en el que se apropian del campo y los archivos en los que trabajan para no perder su conchabo, es la contratara de este tipo de desesperación demostrado por Marina. El debate sobre el CONICET en algún momento tiene que comenzar. J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA MARCELO BRODSKY Y LA MANIPULACION DE LA MEMORIA

 

 

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