Diana Dowek es un buen ejemplo de las dificultades que la pintura ‘comprometida’ presenta para dar cuenta del lugar del arte en un momento de cambio social y político. El suyo es un arte que ocurre tras que los avances de la Neo-Vanguardia de Tucuman Arde y el Ciclo de Arte Experimental, por dar solo dos ejemplos, fueran interrumpidos durante casi una década por la dictadura militar.

De joven, Dowek se involucró con organizaciones de lucha social. Viajó a Italia donde estudió cine con su esposo. Sus obras de los 70 presentan paisajes y alambrados rotos, cuadros con roturas de vidrios, los bultos en las casas, los paisajes, las muertes y asesinatos a través de los retrovisores, adelante a veces está un paisaje bucólico, en el retrovisor la muerte de alguien metido en los pastizales. Su Proto-Neo-Expresionismo fue expuesto durante la dictadura en el 77 represtando vallas, alambrados, y muros. Todos obstáculos, fragmentarios, que inteligentemente dividen y no permiten la totalidad. Si se quiere es este gusto por lo opaco y lo fragmentario lo que la hace una artista interesante.

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En la década del 70 realiza una serie en la que hace hincapié en los levantamientos obreros gremiales del Cordobazo y el Viborazo. Hace alusión, tambien, en su obra a la Masacre de Ezeiza, encontrándose ella misma en esa movilización.  Sin embargo, el medio en el que representó esto establecía un tipo de relación tradicional con el espectador que le reservaba a ella, como artista, un lugar de privilegio como virtuosa.  En su obra, el espectador nunca abandona el lugar de la pasividad. Si bien en muchos de esos casos, usó la técnica del transfer, del stencil, partiendo de documentos fotográficos como registro, como base para construir su obra, todo termina en el cuadro burgués, de consumo burgués.

Como tema le interesa la violencia que ejerce el poder del estado en diferentes momentos de la historia argentina. La violencia que genera la discriminación, la exclusión y la marginación. Trabaja siempre con principios estéticos que generan un filtro -un distanciamiento- con lo que sucede en la realidad; a partir de documentos históricos, fotográficos, fílmicos, tomando una distancia, que le permite construir una imagen mediada lo que abona a su opacidad y fragmentación ya que el medio fotográfico es, por definición, fragmentario.

Si bien en Dowek hay una preocupación por la función social del arte, las herramientas con las cuales opera sobre el espectador son las opuestas a aquellas que hacen posible una superación de la violencia  estructuralmente ejercida sobre ese espectador, en tanto, ciudadano tardomoderno. Es como si Dowek siguiera los pazos de Courbet cuando ya ni siquiera hay un Salón Anual al que los marginados puedan asistir anualmente para ver arte.Cuando escribió su libro La pintura es un campo de batalla, Dowek cayó en la trampa de creer que la representación pictórica es transparente y que lo que se ve en el cuadro refleja y, peor aún, puede modificar la realidad social. Es ese error que, en parte comparte con Marcia Schvartz, lo que convierte a su ejercicio pictórico en una gran paradoja cuya finalidad acaba siendo el engrandecimiento narcisista del Ego del artista a partir de una iconografía bien pensante. J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA Lucila Quieto Y SU SUPERACION DE LA AMNESIA SELECTIVA

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