La retrospectiva fotográfica de Don McCullin en Tate Britain es exhaustiva y extenuante y es, ciertamente, una opción interesante en el preciso momento en el que Gran Bretaña parece haber perdido el rumbo. McCullin ha colaborado de manera fundamental en el modo en el que los Londinenses se ven a sí mismos. Roger Mayne y sus vistas románticas de North Kensington en tiempos en lo que el país comenzaba a darse cuenta que el imperio ya era una cuestión del pasado y la celebre ‘The Guv’nors’ de 1958 de Mc Cullin son imágenes de un momento específico. En esta última se representa una patota del Finsbury Park en el Norte de Londres posando en lo que parece ser la ruina de un edificio, seguramente, bombardeado en la Segunda Guerra Mundial. Vista desde la actualidad, esa imagen, es muy similar a la icónica foto de West Side Story y ambas constituyen desde entonces el modelo de representación de las estrellas de rock como ‘criminales cool’. De hecho, la influencia de West Side Story en ‘The Guv’nors’ no debe ser descartada ya que había sido estrenada dos meses antes de que la foto fuera sacada. McCullin es, entonces, algo así como el pionero de la síntesis pop de realismo y moda lo que lo coloca en un lugar análogo a Michelangelo Antonioni y su Blow Up o las fascinantes fotos de Lewis Morley de la obra teatral ‘Fringe’ con Alan Bennet o las de Christine Keeley, la mujer en medio del escándalo Profumo.

Ante mi sorpresa, esta fase de su obra no fue la que pareció importarle a la curadora de la Tate (Aïcha Mehrez) quien, en cambio, decidió seguir un ordenamiento clínicamente cronológico de los sesenta años de carrera de foto periodista de este fotógrafo. De las once salas, sólo una está dedicada a su época ‘Londinense Pop’ y hay otra dedicada a sus imágenes del desposeído ‘East End’. El resto, con la excepción de la última sala, está dedicado a sus imágenes de la guerra y de la violencia política: la Guerra de Vietnam, la Crisis de Chipre, la Guerra Civil Camboyana, la Guerra Civil Salvadoreña, la Nigeriana, el Khmer Rouge, el Conflicto de Irlanda del Norte, la guerra de Afghanistan, la guerra de Iraq, Siria, el SIDA e Isis. El número de fotos en blanco y negro de muertos y torturados es abrumador y suponen informar al público de aquello que sucedió y aún sucede ‘allá lejos’ pero hay algo paradójicamente sádico en este humanismo realista. El nivel de detalle con el que representa el dolor de las víctimas es transformado en algo análogo al glamour de ‘The Guv’nors’ en tanto y en cuanto reclama el lugar imperial perdido para Gran Bretaña. Sin excepción, estas imágenes objetualizan a las víctimas, naturalizando su representación. En sus imágenes, estas personas son sólo eso. Víctimas. Ellos están allá y nosotros estamos acá. Por eso mirar estas imágenes en el 2019 deja un sabor amargo por el modo en el que McCullin se monumentaliza como el foto periodista valiente y masculino que se atreve a ir a donde el dolor lo llama para mostrarnos las violencia que, no es otra cosa que el resultado de la aplicación de las políticas británicas. Es como si McCullin intentara exorcizar esa violencia a traves de un humanismo descolocado. Los curadores de la Tate, en medio del Brexit, han decidido seguirle el juego y en lugar de deconstruir ese reclamo, adhieren a su cinismo al punto de transformar la muestra en una experiencia sádica en la que lo único que le queda al espectador es asentir ante la imponente virilidad imperial del aparato publicitario del valiente macho humanista que fosiliza las víctimas.

Es sabido que a Mc Cullin le encantaba la oscuridad tanto metafórica como literalmente ya que se pasaba temporadas en el cuarto oscuro revelando sus propias fotos y si de oscuridad hablamos no puedo dejar de pensar en ‘las tinieblas’ (ósea ‘el miedo a los morochos’) de la literatura culposa imperial de Joseph Conrad como algo que en los tiempos del Imperio Británico estaba en ultramar pero con la globalización neoliberal ya es parte de Europa en la forma de exiliados, migrantes y por qué no, ataques terroristas. El Brexit, de cierto modo, ha sido la decisión de intentar limitar el avance de ‘las tinieblas’ en una época en la que el hombre blanco parece no estar más capacitado para fundamentar su supuesta superioridad. Tal vez esa sea la razón por la cual la Tate quiere contar la historia en clave humanista y políticamente correcta. J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA GRABOIS Y LA TECNOLOGIA

 

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