Hacía rato que no me enganchaba con American Idol pero este año lo hice. En principio, me llamó la atención lo mucho que cambió desde que solía verlo en la primera década del milenio. En la era Trump, es evidente que los tiempos de Simon Cowell han quedado en el pasado ya que ni Lionel Ritchie, ni Katy Perry, ni Luke Bryan, como jurados, emitieron una sola opinión negativa sobre participante alguno en esta temporada. Es como si hablar mal estuviera vedado. Lo que antes era el regodeo morboso de la destrucción del participante, ahora es la celebración de lo positivo al punto de la exageración constante. Todo lo dicho por los jurados es tan halagueño que no pude evitar pensar en el daño psicológico que esa ‘buena onda’ puede provocar en participantes que no paran de escuchar de megaestrellas planetarias y frente a todo el mundo cosas como: ‘vos vas a cambiar la música’ o ‘hace mucho que no escucho algo tan bueno’. Este giro hacia lo ‘positivo’ en la era de la negatividad Trumpiana se puede observar también en programas como Queer Eye for the Straight Guy que solía reírse del participante para pasar a ser una celebración del encuentro espiritual entre personas totalmente diferentes lo que transforma todo en un ejercicio de mancomunión tan artificial y manipulativo como lo anterior pero en clave positiva.

El verdadero motivo por el que me enganché fue Alejandro Aranda, un cantautor de 24 años (pero parece de 40) de Pomona, California, que se pasó toda la temporada interpretando canciones propias con un talento evidente. Contra lo previsible en un programa que consagra a las baladistas gritonas o al pop banal, Aranda se fue abriendo camino hacia la final y allí brilló. Tras su intepretacion de su propia canción ‘Out Loud’, el público gritaba en el estudio tan fuerte que no se podía oír a los jueces. Se alcanzó oír decir a Luke Bryan: ‘Te amamos. Gracias por cambiar nuestras vidas’. Un par de programas antes, Lionel Ritchie dijo: ‘De vez en cuando, alguien aparece que capta nuestra atención y nuestro alma y uno sabe que ese alguien es el próximo nivel de algo maravilloso’. Katy Perry llegó al punto de decir: ‘Es un placer vivir en la misma época que vos’. La forma en la que se referían a Aranda difería bastante del modo más banal en el que trataron al otro finalista, Laine Hardy. Si bien lo elogiaban (repito que en el programa solo hubieron elogios para todos los participantes), esto ocurría en un contexto de humor lo que lo colocaba en un lugar inferior. Por eso, sorprendió a todos cuando Ryan Seacrest abrió el sobre y anunció que le ganador era…. Laine Hardy!

El resultado fue sorpresivo ya que Aranda parecía destinado a ganar. Stevie Nicks de Fleetwood Mac escribió en Facebook que sus canciones la hacían llorar. Elton John hizo lo propio. Qué pasó, entonces? Posiblemente la respuesta la dio Katy Perry al decir que ‘la gente suele pensar que American Idol ha venido siendo un karaoke… hasta hoy’ (en referencia al ‘seguro’ triunfo de Aranda). Sin embargo, el triunfo de Hardy demuestra que American Idol sigue siendo un karaoke y eso es lo que a la gente parece gustarle. Si bien el programa evolucionó y los productores han venido dejando que los participantes toquen sus propios instrumentos y sus propias canciones, la esencia de American Idol es ver a novatos cantar hits conocidos y si bien Aranda hizo excelentes versiones de Coldplay, Post Malone (amé!) y Drake, su intención fue la  reafirmar su lugar como cantautor y el costo de eso fue el primer lugar. J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA EL BODRIO DE TELLERIA EN VENECIA

 

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