La Jaim Etcheverry representa esa idea del radicalismo de derecha de la cultura como algo sustancial que sólo merece reconocerse a partir de una actualización permanente de la idea de derechos. El resultado de esto es la impotencia de un tipo gay reprimido que parece sublimar su libido en una suerte de ‘matrimonio con la Patria’ que los tiene a ellos mismos como hermafroditas patrióticos. Por eso les encanta la esterilidad de la premiacion decimonónica como si viviéramos en 1920.

 

Desde ya que trasplantar un modelo del siglo XIX a la realidad argentina se da de frente con la falta de recursos humanos para llenar esas categorías. Asi tenemos a Facundo Manes, Porto y mi amigo Martin Etchevers, la pata gay radical avejentada en el Diario Clarin. Recordemos que Etchevers fue el testigo de boda de Esmeralda Mitre y Dario Loperfido. Tras eso, no hay retorno.

 

Desde ya, en estos cenáculos masturbatorios de la cultura radical paternalista gay no puede faltar alguien como Rodriguez Giavarini.

 

Esto parece una pintura de Paul Delaroche. Es muy Louis Philippe d’Orleans pero versión ‘se me acabaron las cajas Pan, ahora qué hacemos’.

 

Viejas estructuras llenas con nostalgia y prebendas estatales en nombre de la educación publica. Podría decirse que esta es fisicamente la grieta. Ni de un lado ni del otro sino inerte, en el medio y profundamente estéril.

 

Manes, Jaim Etcheverry, Echevers = El culturalmente triste legado de Magnetto

 

Los legisladores = cultura arrasada

EL LANPODCAST DE LA BIENAL DE VENECIA Y EL ENVIO ARGENTINO

 

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