Para acceder al pdf de ‘Crítica de Artes Visuales: Una investigación de su estado actual en la Ciudad de Buenos Aires‘ hacer click en el link de abajo

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Hace  unos meses Deborah Digonzelli, Emilia Fernandez van Raap, María Marcos Mercante, Pilar Seivane y Florencia Triglia me convocaron para participar en una ‘Investigación sobre la crítica de arte en la Ciudad de Buenos Aires’. La misma fue presentada con bombos y platillos en el MacBA con cuatro auspiciantes. El resultado fue decepcionante y las razones para esto son, en principio, metodológicas.

En primer lugar, nunca se establece con claridad la diferencia entre lo que es la crítica de arte y el tipo de escritura del periodismo cultural. En un párrafo intentan justificar el no diferenciarlas a partir de un par de citas en las que se afirma que un crítico a diferencia de un teórico opera en la actualidad. Sin embargo, esto es problemático ya que lo que hago, por ejemplo, en algunas Pastelas (la de Federico Peralta Ramos, por ejemplo), no es crítica porque hablo del pasado. Es eso estrictamente historia del arte? Hay que diferenciar historia del arte de crítica de arte y no, critica de periodismo cultural?

Pero el problema de esta investigación es más grave ya que las únicas publicaciones incluídas como objeto de estudio son los suplementos culturales de los principales diarios de tirada nacional (Página 12, La Nación y Clarín). Esto, a pesar de afirmar que ‘hoy vivimos en un mundo casi por completo digital’ y que ‘la efervescencia de internet hizo que cada vez más las publicaciones se orienten a los medios online’. Por qué dispararse en el pie antes de empezar? No obstante esto, dedican dos párrafos a estas plataformas digitales a las que dividen en revistas digitales (Otra parte, Jennifer, Arte al Día, Jaque al Arte) y blogs (loveartnotpeople y El Pato Lucas -que dejó de existir en el 2011 aunque el titulo de la investigacion se refiere a la crítica ‘actual’). En principio, sorprende que ignoren a Ramona! Lo otro que sorprende es que no analicen la diferencia, postulada por ellas, entre las revistas digitales y los blogs. De hecho, loveartnotpeople solo califica como blog por la velocidad de los posts pero su formato y calidad de reseñas de arte es, sin duda alguna, de revista digital. Además, el decidir colocar a loveartnotpeople al lado del Pato Lucas tiene que ver con un prejuicio de las investigadoras de que ambas publicaciones incluyen como tema la deconstrucción del sistema institucional de arte a partir de la relación entre el discurso y las relaciones de poder. Pero loveartnotpeople es mucho más que eso, sobretodo si el tema abordado es ‘la crítica de arte’. Lo sorprendente del caso es que a pesar de que para las autoras, los medios online son los que realmente importan, estos son dejados al margen sin estudiar. La confusión de la diferencia entre periodismo cultural y critica se hace aun más patente cuando las personas consultadas somos: ‘Rodrigo Cañete, Celina Chatruc, Daniel Merle, Lucrecia Palacios, Mercedes Perez Bergliaffa, Alejo Ponce de Leon, Julio Sanchez y Maria Paula Zacharias’. Dicho de otro modo, qué hacemos los que no escribimos en los suplementos de los diarios en esta lista? Una respuesta provisional es: ‘las ayudamos a definir sus conceptos’. Sin embargo, la estructura del estudio nos invalida y al hacerlo las invalida.

Si bien las conclusiones de la investigación están muy a tono con mi pensamiento y es posible que las hayan transcripto, no se entiende por qué en el cuerpo del texto derrocha información que va en una dirección totalmente contraria. Por qué se incluye las simplificaciones de María Paula Zacharías respecto de si la critica ‘negativa’ es buena o mala cuando dice:

‘No creo en la critica negativa, siento que si hoy no la hay es porque el arte es tan plural y diverso que no tendría sentido que alguien levante el dedo para decir si algo vale o no. Qué es la calidad del arte? Quién rigió el canon hasta ahora? Por ejemplo, las minorías, las mujeres, entre ellas, han quedado siempre al margen con la excusa de la calidad: será que hasta ahora han sido totalmente patriarcales los criterios’.

Aquí Zacharías está confundiendo aquellos idiologemas estructurados entorno del concepto de calidad que definen un canon (patriarcal) con una evaluación respecto de si el modo específico en el que un artista decide, por ejemplo, rechazar ese canon adopta una forma productiva y relevante. Esa es precisamente la labor del crítico y al usar la justificación feminista para enmascarar su propia vagancia o cobardía, depende de donde se lo mire, Zacharías queda una vez más en evidencia. Pero déjenme ser más específico ya que si bien estoy de acuerdo con Zacharías en que el concepto de calidad en el arte es problemático, necesitamos definir qué es la calidad para saber con qué nos quedamos. En principio, me niego a descartar nociones de ‘relevancia’, ‘perdida de tiempo’ o ‘productividad’ cuando me aproximo a una obra de arte. Según Zacharias, la alternativa al patriarcalismo es la de una suerte de ‘todo vale’ en el que el lugar del critico es simplemente el de describir.  Ademas, como sabemos, ese renunciamiento a la calidad como definitoria del canon viene de la mano de relaciones de poder que tienden a estructurar un canon alternativo a partir de ciertas preferencias, identidades y posiblemente, amistades tan violentas como las postuladas en nombre de la calidad.

Habiendo dicho esto, y dandole el beneficio de la duda a Zacharías, sus opiniones son totalmente ignoradas en el contexto de la investigación y, de hecho, en la conclusión se menciona (sin nombrarla) que renunciar a realizar juicios valorativos es algo contraproducente y en esto estamos de acuerdo. Pero por qué incluir el párrafo de Zacharías? Para perversamente hacerla quedar en off side? Por qué incluirla? O mejor dicho por qué no tomar lo dicho por ella como un problema para enriquecer la pregunta de la investigación? Por qué Zacharías se ve obligada en el año del #NiUnaMenos a tomar un concepto de la critica de arte feminista para justificar su propia incapacidad de decir qué es recomendable y qué no. La impresión que uno tiene es que las autoras de la investigacion no hicieron una investigacion sino que escucharon opiniones para terminar diciendo lo que ellas pensaban. Eso no es investigar sino usar la supuesta investigacion de ‘plataforma’ para emitir una opinión casi a forma de monólogo, lo que es una contradicción en términos.

Las ‘investigadoras’ tuvieron la oportunidad de realizar un mapa de la  critica en la Ciudad de Buenos Aires con todas sus contradicciones e imposibilidades y de hacer preguntas que las llevarían a proponer otras preguntas entorno de por qué cuando intentan hablarse de la critica en Buenos Aires con lo unico que uno se encuentra es con periodistas culturales a pesar de haber carreras de grado de ‘critica de arte’. Dónde están esos graduados? En sus casas? Por qué? El problema es que transformando al trabajo de los periodistas culturales en el archivo del cual extraer conclusiones respecto de lo que es la critica es un agujero del que es muy difícil salirse si no se lo cuestiona. Esto hace que la investigacion sea intelectualmente inelegante al intentar violentamente hacer conceptualizaciones ex ante (en la Introducción) y emitir opiniones (en la Conclusión) que, según ellas, harían que el lector se olvide de que los datos manejados (los artículos en los diarios y nuestras respuestas al cuestionario enviado) van en una dirección que es incluso incompatible con el titulo de la presentación de la misma.

Es también muy contraproducente el modo superficial en el que tratan a la historia de la crítica argentina desde Eduardo Schiaffino hasta Jorge Romero Brest. En su aproximación sociologista (mas no sociológica) y periodística, las autoras pasan de romantizar una Edad de Oro de la critica en la que los críticos tenían autoridad (Romero Brest, por ejemplo) a un momento en el que una mal citada Beatriz Sarlo, nos habla de los tiempos posmodernos y el mercado como ejes de un recambio. Para las autoras, la crítica de hoy no tiene peso porque en la posmodernidad pasan tantas cosas simultáneamente que no tiene sentido emitir valoraciones. Es por esto que lo unico que queda es el periodismo cultural a modo de agenda de actividades para ir el fin de semana con la familia? Qué dice esto del lector? Qué pasó con el lector? Sin embargo, en el mundo la critica sigue existiendo (Revista Forum, Frieze The New York Times, The New Yorker?). Es entonces un fenómeno específicamente argentino el que no haya lugar para la critica? Por qué? En realidad, la respuesta a esta actualización del concepto de critica puede tener que ver con el paso del modernismo (en el que el lenguaje del arte era autónomo y especializado) a un tipo de arte posmodernista e intermedial en el que dicho discurso es mucho más plural. Pero para hablar de esto hay que hablar no desde lo sociológico sino desde la teoría del arte y esto es algo que, evidentemente, supera las capacidades de las autoras.

Mi otro problema con este texto es el modo irreflexivo en el que se asume acríticamente que el mercado y sus precios han reemplazado a la critica al momento de otorga ‘valor’ a una obra. Esto no puede ser planteado así y pone en evidencia que la investigación nunca supo estabilizar el lugar desde el que proponía ser realizada al no lograr avanzar en una definición, no haber podido siquiera entender que aquellos a quienes considera como objetos de su investigación no son quienes pueden poner luz sobre el problema ni tampoco lograr aceptar las limitaciones de las elucubraciones sociológicas que exceden por mucho el alcance del escrito. Muy pero muy pobre. J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA MARIANA TELLERIA Y EL QUILOMBO DE VENECIA

 

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