ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE ‘MARIO’:

Esto pasó en la USINA DEL ARTE de CABA un teatro municipal. El macrismo es la encarnación de la violencia, sea el espacio que sea. Lean esto. Inaudito.

La propuesta era tentadora. Iban a escucharse canciones de Franz Schubert, Gustav Mahler, Felix Mendelssohn, Gabriel Fauré, Henri Duparc y Franz Liszt. Esto era al menos lo que anunciaba el programa de mano oficial. Recital de canto y piano de música alemana y francesa, a cargo de Marisú Pavón, Sebastián Sorarrain y María del Carmen Calleja. Estaba anunciado en la Sala de Cámara de la Usina del Arte, el domingo 9 de junio a las 11:30 hs. El final no fue feliz.

Según lo declarado por los artistas, corroborado por varios asistentes del público, cuando promediaba la segunda parte del recital un organizador increpó al barítono y lo conminó a recortar el programa que estaba en marcha. A partir de allí se sucedió una rápida serie de actitudes vergonzosas, lindantes con la violencia: un acomodador habría ordenado “andá y cerrale la tapa del piano”, otro se habría puesto a gesticular dentro del campo visual de la pianista para indicarle que terminara de tocar, las luces de la sala comenzaron a prenderse y apagarse, los ruidos y las discusiones interrumpieron la continuidad de la presentación. A todo esto se habría sumado luego un desalojo de los camarines por lo menos muy poco amable.

Todas las voces consultadas coinciden en que el recital comenzó sin retrasos, y que los artistas se tomaron apenas cinco minutos de descanso durante el intervalo. En la Usina del Arte alguien adujo que el tiempo acordado con los artistas era de solo una hora, aunque algunos asistentes destacaron que usualmente los conciertos de este ciclo duran 90 minutos. La discusión sobre este punto es de todos modos irrelevante: había un programa establecido, previamente acordado y aprobado por los organizadores, al cual los artistas se atuvieron.

Si dicho programa se excedía más allá del margen de tiempo que el organizador deseaba habilitar, eso debió plantearse antes. Pero además parece haber un desconocimiento básico de lo que significa una presentación artística, donde dentro de ciertos márgenes razonables es la relación que se establece en el momento entre la obra, el público y los artistas lo que determina la finalización del espectáculo. Más allá de todo lo dicho, hay ciertas actitudes que son sencillamente inexcusables, sobre todo tratándose de un organismo público.

Queremos rescatar algunas palabras expresadas por Calleja: “No voy a decir, como me ha expresado mucha gente, que no hay que tocar más en La Usina. Porque La Usina, como el CCK o los teatros nacionales y municipales, nos pertenecen. Son parte de nuestro derecho como sociedad y están para ser utilizados y disfrutados. (…) Me causa horror que se crea que porque un concierto dura 10 o 15 minutos más eso da derecho a la violencia. No solamente contra los músicos sino contra todo el público presente. Creo que las autoridades se han comportado desvergonzadamente defendiendo una actitud parecida a la de patovicas de un boliche. Triste destino de un hermoso lugar… algo parecido a la paradoja argentina.”

Ante la consulta realizada por este periodista a quienes manejan la prensa de la Usina del Arte, para poder contar con una palabra oficial y ofrecer un eventual derecho a réplica, la respuesta que recibió fue tan insatisfactoria como escueta. Apenas una frase: “Se respetaron los horarios del show que era de 60 minutos.” Eso fue todo. Pues bien, de respeto, precisamente, se trata. Respeto al arte, al público y a los artistas.

Germán A. Serain

 

 

 

 

 

 

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