FUENTE: CLARIN

Se acordó una reducción horaria para los empleados

“No tengo suerte”, dice Elsa Barber, su directora. Hay un caño roto y calderas fuera de servicio. Hablan de décadas con mantenimiento escaso.

La Biblioteca Nacional Mariano Moreno tiene sus calderas fuera de funcionamiento desde principios de este 2019, lo que en estos días somete a visitantes y empleados a temperaturas muy bajas.

La actual dirección, a cargo de Elsa Barber, no niega el problema y admite que, desde el inicio de la nueva gestión -en julio del año pasado- se han sucedido todo tipo de inconvenientes y roturas, que ella atribuye a “la falta de mantenimiento de décadas”. En Twitter, el secretario de Cultura Pablo Avelluto señaló que “la obra, por un millón de pesos, ya se licitó y se está ejecutando como corresponde”.

“No tengo suerte” –dice la funcionaria-. “De todas maneras, las mujeres sabemos ingeniárnoslas para salir adelante, es como en una casa. En este caso se rompió un caño, dependemos de Metrogas, no podemos hacer demasiado y hay que cortar el gas… Digamos que se combinaron muchísimas cosas en estos meses. Lo importante es que hemos conversado entre todos y hemos llegado a un acuerdo para hacer frente al problema –explica-. Estamos tomando el toro por las astas…aunque nos vino la ola polar”.

-¿Cuándo estima que el edificio volverá a tener calefacción?

-Un mes, supongo… Poco más, poco menos.

 

Pero un mes es mucho para quienes tienen que cumplir con varias horas de trabajo diario. Por eso, se acordó una reducción horaria para los empleados de planta, que ahora trabajan 6 por día, en lugar de 7.

Y ¿mientras tanto? En principio, cuentan quienes trabajan allí, los lectores que llegan al edificio de la calle Agüero lo abandonan a los pocos minutos, a menos que se encuentren bien emponchados.

“Lo que se ve, tanto en las salas de lectura como en las visitas de colegios y las actividades en las salas, es que quienes llegan denuncian que el frío es insoportable, y no se puede leer ni trabajar”, explica a Clarín uno de los delegados, que confirma que Barber se mostró bien predispuesta y cuenta que hasta evaluó la posibilidad de cerrar las puertas de la Biblioteca hasta tanto se resuelva el problema. La idea, sin embargo, fue dejada de lado rápidamente.

Frío polar. Los empleados amenazaron con dejar el edificio y les redujeron lña carga horario hasta que el problema se resuelva.

Frío polar. Los empleados amenazaron con dejar el edificio y les redujeron lña carga horario hasta que el problema se resuelva.

-¿Se pensó en poner caloventores, recurrir a alguna solución paliativa, para salir del paso? -preguntó Clarín a Barber.

-No sirve, es un edificio inmenso de hormigón, la capacidad eléctrica no alcanza para tantos aparatos… a esta altura, se descarta de plano.

A su vez, el Museo del Libro y de la Lengua –anexo sobre la avenida Las Heras– debió cerrar al público su auditorio y la sala de exposiciones del subsuelo ya que soporta inundaciones periódicas, y lo mismo está ocurriendo en los baños del edificio de Agüero.

Lo que finalmente se acordó con la dirección de la Biblioteca Nacional, en estos días, fue una reducción de la jornada horaria, una forma de compensar a los trabajadores, que argumentan que no quieren “pagar el desfinanciamiento”.

“Ellos saben que de mi parte siempre hubo buena voluntad”, concluye, por su parte, Barber.

 

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA EL APAGÓN ARGENTINO

 

 

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