El costumbrismo de Paquita Salas nos toca muy de cerca a los argentinos porque ese tipo de personajes fue a Buenos Aires en los barcos. La diferencia entre Paquita y nuestros ancestros es que en ella esa mezcla entre tragedia y melancolía viene junto a una capacidad de reinventarse y reirse de si misma que la convierte en una apta heroína post-Fordista. En cada temporada que pasa Brays Efe va convirtiendo a Paquita en una mezcla de Don Quijote y personaje de Almodovar. De hecho ese guiño al director manchego es constante en la solidaridad entre mujeres, motor de toda pelicula Almodovariana, que sostiene la logica del sobrevivir Paquitiano.

Lo que hace a Paquita única es que alquímicamente convierte los otrora pecados costumbristas en cualidades para no sólo vivir la vida sino también triunfar profesionalmente. Si se quiere este es mi problema con Paquita quien, al final de cuentas, siempre se mide por el éxito lo que acaba transformandola en un personaje profundamente neoliberal en tiempos en los que, como nos mostró Cande Tinelli, ser pobre es un disfraz costumbrista. Y esto del disfraz costumbrista no es nuevo ya que en la corte de Carlos III, Goya retrataba a las majas y majos que no eran otra cosa que ‘exitosos’ disfrazados de ‘pobres’. Nada más español que eso.Sin embargo, lo que hace a Paquita única es el modo en el que construye lealtades relacionandose con todos, incluso aquellos con quienes compite. Su patetismo es fácilmente transformable en adorabilidad y en el fondo sus relaciones se dirimen a partir de la gente que elige para estar cerca a ella. Esto la hace un personaje profundamente queer quien a partir de la parodia construye una familia al margen de la suya. En esa familia, las traiciones y la indiferencia están a la orden del día pero bajo la égida de Paquita todo es, tarde o temprano, disculpado a los fines del sobrevivir. Es la romantización de la amistad en Paquita una relativización de la noción de lealtad y moral a los fines de la supervivencia en tiempos neoliberales?

En esta tercer temporada, Paquita sigue transformando precarización y deslealtad en ‘romance’ pero ampliando un poco el escenario y dandole cabida a muchas figuras del espectáculo y la televisión. El disparador de ese cambio es la inclusion de Yolanda Ramos una ex peluquera que le alquilaba parte de sus oficinas y ahora se ha transformado en asesora en materia de redes sociales y mundo digital. Sin embargo, aquel que esperaba un nerd se va a encontrar con un personaje mas afín a una interna de una carcel de mujeres que con tono cais tanguero habla de ‘jastas’ y de ‘tuips’.

La critica de la farandula en tanto nido de bichos es constante y de hecho los dos personajes que hacen cameos, en tanto celebridades, no tienen especialidad mas que la del panelismo o la figurancia como Pelayo (el marido del ex gato argentino Andy MacDougall) o Boris Izaguirre. El guión de esta tercera temporada tambien tiene un fuerte guiño a la cuestion LGBT+ en tanto espacio politico de coptacion por discursos antitéticos y muchas veces oportunistas. Si se quiere, todo el argumento (no sólo lo LGBT) gira entorno de la identidad como algo que está constantemente en tension. Hay un momento que, según entiendo es clave en el que todo esto se pone en tensión; ocurre tras la muerte de su madre y tiene que ver con la incapacidad (inicial) de Paquita de hacer el luto. En ese momento de dolor su adicción a los carbohidratos y a la amistad aparece como una máscara de hielo que le impide sentir. Este fue el momento que más me interesó de las tres temporadas porque mi problema con Paquita era que se presentaba como muy en contacto con sus sentimientos pero, en realidad, es un personaje muy desconectado. Al reconocerlo, los Javis permiten hacer preguntas como:  Cómo una persona tan bloqueada puede ser tan leal salvo que dicha lealtad sea otra mascara ‘queer’ para sobrevivir? Se trata la vida solo de sobrevivir físicamente hay algo más metafísico y existencial que nos une? Personalmente, creo que Paquita se vuelve interesante cuando uno la saca de la categoría de ‘buena mina todo terreno’ y en ese sentido es un laboratorio social para la argentinidad que grita: ‘Amigo, te quierooo’.

Un episodio fundamental es el que gira entorno de Magüi (Belén Cuesta) quien tiene que   trabajar a las ordenes de Barbara Valiente, la directora de un showroom llamado B Fashion quien se atreverá incluso a cambiarle el nombre para hacerla aceptable a los cánones cosmopolitas de la Madrid de la moda que da la espalda al costumbrismo Paquitero. En esta temporada hay viejos conocidos como los personajes de Lydia San José, Macarena García, Anna Castillo y Yolanda Ramos con cameos de Ursula Corberó (lidiando con su éxito tras La casa de papel), Aura Garrido y Emilio Aragón. Sin embargo, la aparición estelar es la de Belinda Washington con su canción ‘Cinco deditos’ quien aprovecha la viralización de un video de contenido sexual posteado por la ‘experta’ en redes sociales Yolanda Ramos. Sin embargo y algo que debe decirse es que la verguenza del caso se siente en la piel. Recordemos que otro de los personajes tuvo que refugiarse en la casa de su madre para no dar la cara por la vergüenza ante el papelón mediático. En Paquita Salas el efecto de las redes sociales es azaroso y terrorífico lo que en este contexto costumbrista lo convierte en el reemplazo de la ira de Dios. En esta serie esto llega a un momento de fruición que es, por cierto, liberador.

El tema que atraviesa toda la temporada es el de las actrices y el modo en el que tienen que aferrarse a su identidad en un mundo y una profesión que atenta constantemente contra ella. Por eso, al espectador no español, se le pueden escapar algunos momentos en los que, cual Rosa Púrpura del Cairo, la diferencia entre la realidad y la fantasía se hacen imposibles de distinguir tal es el caso del monólogo de Anna Allen sobre el sobrevivir (verbo clave en el relato Paquitiano) que remite a su propia historia personal. La supervivencia y la precarizacion son el contexto en el que esta busqueda del exito fortuito ocurre. En el mundo de Paquita las actrices, incluso las conocidas, están obligadas a buscarse la vida en el teatro off o inventando campañas comerciales inexistentes para tener una plataforma de lanzamiento. Uno no puede dejar de pensar en Calu Rivero cuyo supuesto ‘éxito’ la hace pasar del teatro con Muscari con pizza al paso a una campaña de Instagram que aparece por día y medio en Miu Miu. Hay un momento muy interesante con una aspirante a la RESAD (Conservatorio Nacional) que ante un examen reemplaza la obra de teatro que escribió (de tono realista) por un ejercicio pretensioso en el que Beckett y Brecht son puestos a jugar en una epoca en la que su modernismo parece, por lo pronto, desconectado de la realidad.

Si tengo que comparar esta temporada a las anteriores diría que el tono de comedia es menor y la estructura más errática ya que todo está puesto al servicio de la construcción de un personaje que no es comédico sino que usa tanto la tragedia y la farsa como mecanismos de defensas para avanzar en una vida en la que la clase social diferencia el costumbrismo del metropolitismo y esto ultimo parece ser lo unico valido al momento de validarse en el mercado. J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES SOBRE LA CAMPAÑA DE CRISTINA

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