Boris Johnson es el nuevo Primer Ministro de Gran Bretaña, probablemente, en uno de los momentos más esquizofrénicos de su historia en lo que, según entiendo, es la segunda parte (y la parte final, por cierto) del melancólico proceso de duelo ‘Imperial’ comenzado con la cesión del Canal de Suez. En su discurso de aceptación, Johnson dijo: ‘Dude, we are going to energise the country‘. Más allá de todo voluntarismo, Johnson ha venido siendo una piedra en el camino del Partido Conservador que, finalmente, tiene que enfrentar y el costo de esto puede ser no sólo la derrota del partido sino también una crisis política sin prescedentes. Digo esto porque Johnson hereda todos los problemas que aquejaron a su predecesora Theresa May con la diferencia que tiene sólo 100 días para salirse de Europa. A matar o morir.

Lo increíble de su situación es que antes de anunciar su gabinete, ya hay varios casi confirmados ministros que aseguraron que renunciarían si el Primer Ministro opta por salirse de la Unión Europea sin un acuerdo. Esto significa que estamos a, posiblemente, dos meses de la primer rebelión de su propio gabinete lo que hace a su situación (es decir, la promesa de hacer el Brexit en 100 días) políticamente complicadísima. Por esto, su primer decisión de tirar a la basura el acuerdo negociado por su predecesora con Bruselas y el consiguiente rechazo de la así llamada, ‘excepción irlandesa’ hacen todo más complejo. Vale decir que Irlanda jamás aceptará (ni la Union Europea) un rechazo de dicha excepción. Todo esto da a creer que se dirige hacia una salida sin acuerdo con todas las consecuencias que esto puede tener para la economía y la política británicas.

A esto se le suma su relación complicada con Bruselas con quienes tiene una larga historia de desacuerdos: primero, como periodista del Daily Telegraph; segundo, como propulsor del Brexit y finalmente, tras su renuncia, por esas mismas razones como Ministro de Relaciones Exteriores. Todo esto se complicó cuando la semana pasadas, la Camara de los Comunes sancionó una ley por medio de la cual impide que el gobierno (ósea Boris Johnson) suspenda al Parlamento y proceda con una salida sin acuerdo sin su aprobación explícita.

Para ponerlo de manera más clara. Por un lado, tenemos que hay muchos conservadores que están dispuestos a trabajar con el Laborismo y los Social Democratas para evitar una salida sin acuerdo. Esto significa que hay grandes chances de que miembros de su bancada (y recordemos que este es un sistema parlamentario) voten en contra de su propuesta en el Parlamento y el voto de confianza se pierda. Si esto ocurre, la Camara de los Comunes tendrá dos semanas para formar un nuevo gobierno el que, sin dudas, sería un gobierno de unidad que podría optar por un segundo referéndum o retomar la propuesta negociada por Theresa May. Si esta coalición transpartidaria no es lograda, no quedará más alternativa que ir a una elección general. Si esto ocurre, la posición de Boris Johnson deberá ser acordada con Nigel Farage, el lider del filofascista partido UKIP, lo que pondría al Partido Conservador al borde de la ruptura. La otra opción y esta es la más probable es que Johnson llame a una elección general sin esperar a que todo lo anterior ocurra pero llamar a una elección antes de la fecha del Brexit es  una locura. Esto en medio de un posible conflicto armado con Irán. J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA ESE GUSTO ARGENTINO POR LA CENSURA

 

 

 

 

 

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