ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE GERMAN

Hace más de veinte años, a una amigo muy cercano (el mismo que una vez probó Viagra y otras cosas y me contó) tuvieron que reemplazarle las caderas. Como era joven, las prótesis se le colocarían sin cementar, lo que requería un post-operatorio extenso tras cambiarle la primera cadera. Cuando ese lapso de recuperación/espera hasta la segunda intervención estaba llegando a su fin y en medio una visita de control, su traumatólogo le planteó lo siguiente: “mirá, acaban de cambiar las autoridades del hospital (era el Fernández, en épocas de De la Rúa) y no quieren que sea yo quien te opere la segunda cadera; para ponerlo fácil y directo, por más que suene duro, para que se entienda bien: quieren sacarme tu caso porque es raro: no suele haber reemplazos totales de ambas caderas a tu edad, sos muy joven. Considero mi deber ponerte sobre-aviso de la situación. Vos tenés que hacer lo que sientas, sólo me parecía bien que supieras esto que te digo”. Mi amigo, que estaba entre nervioso, angustiado y muy ansioso por la incertidumbre que le generaba todo el proceso -que duraba un año-, se aterrorizó. Había generado una confianza con el traumatólogo que lo atendió de un primer momento y con quien ya había sorteado la primera cirugía. La idea de cambiar de timón a mitad de camino era algo que no entendía ni deseaba. Era todo muy raro: había pasado cuatro años sin casi poder caminar, enfrentaba el desafío y lo último que se hubiese imaginado es esta especie de percance.

La semana siguiente fue llamado desde el hospital y tuvo que ir a ver al nuevo jefe de traumatología. El asunto es que el nuevo jefe le dijo a este conocido mío que la segunda cirugía, pautada para la semana siguiente, no sería realizada por su médico sino por otro. Mi amigo le preguntó por qué y le dijo que, si bien no entendía nada de medicina, el sentido común indicaba que el cambio de mando a mitad de camino no sonaba a buena idea; le dijo que tenía confianza en su médico, que resultaba un riesgo innecesario que la segunda intervención la realizara un segundo médico habiendo salido bien la primera. El tipo, sin ningún tipo de reparo por la delicada situación del paciente y su manifiesta angustia ante la incertidumbre respecto del resultado del largo proceso, miró fijo a mi amigo y le dijo, con voz seca y de manera cortante: “¿a vos quién te dijo que la primera operación salió bien? Es demasiado temprano para afirmar eso”. Mi amigo quedó mudo por más de un minuto de reloj, lo que en ese marco era una eternidad; luego tragó saliva, juntó coraje y dijo: “si no me opera mi médico acá, en este mismo hospital, me iré a otra parte; pero lo que usted me plantea no va a suceder”. A la semana siguiente, fue operado por su médico, el que le había operado la primera cadera, y en el Fernández.

Es apenas una pequeña historia de hijos de puta la que aquí aporto. Una gota en el océano

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA EL GUSTO ARGENTINO POR LA CENSURA

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