ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DEL EX PUAN:

En los noventa la política era algo que pasaba siempre en otro lado. En la comarca de Puan se votaba a la izquierda, pero eso se superponía con un activismo académico de pasillo, e incluso con el voto en blanco. No era “política” con mayúsculas, porque la política era sucia. Después estaba la política del cuerpo, que traspuesta al lugar del arbolito saussureano, era una serie de imágenes divertidas de cuerpos intervenidos, deconstruidos, desubjetivados por el placer; nunca, curiosamente, en el dibujito mental del cuerpo aparecía un cuerpo pobre tercermundista. Esa era la micropolítica y no era ni sucia ni fea ni mala, porque era hedonista y transgresora a la vez, y un poco chic, por qué no reconocerlo. Finalmente, nos sobraba la convicción de que todo, absolutamente todo era político; hasta la acción más banal, como la de sacarse una piedra del zapato o mirar la hora para no llegar tarde al dentista, lo era. Pero “lo político”, ¡ojo!, no era jamás sinónimo de la política. Y todos estábamos felices de habitar un mundo sin fundamentos ni verdades últimas, aunque en los hechos —que no existían— nuestra vidas no fueran muy diferentes de las de millones de pequeños burgueses argentos que se agolpaban en los corredores de los shoppings. La política pasaba en un segundo plano que solo terminaba de hacer foco en las tapas de revistas como Noticias, y se parecía mucho a una versión localista de la serie Dinastía. Y por eso todos estábamos más o menos del mismo lado, que era el lado del escepticismo lúdico: las ironías y ocurrencias abundaban en las fiestas y se ganaban posiciones extremándolas. Cuando la fantasmagoría capitalista estalló en pedazos hace más de una década, recién ahí nos dimos cuenta de que en el prójimo —literalmente, “la persona de al lado”— anidaba un extraño, y que habíamos estado siempre revolcándonos en una vecindad monstruosa. Roto el dique ideológico de contención, las aguas servidas de la política inundaron los campos electivos de las relaciones sociales y el clima (“ese repugnante clima de ‘formamos todos una gran familia'”, decía Lamborghini) se enrareció para siempre.

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA ELGUSTO ARGENTINO POR LA CENSURA
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