ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE ‘UN TECITO’:

Cada vez que voy a Buenos Aires (capital) estos últimos años veo en mis amistades cierto tipo de indiferencia supraterrenal hacia lo que ocurre alrededor, la cual es (creo yo) la consecuencia inevitable de moverse diariamente por una ciudad en la que en promedio un mínimo de diez personas al día te va a pedir que las ayudes, pidiendote plata o comida, o vendiendote turrones, medias, lapiceras o tarjetas de santos. Cuando veo la absoluta falta de interés en esa gente perdida que los aborda, cuando no la impaciencia indignada por sentirse molestados, no deja de sorprenderme su frialdad (cuando no cierto desprecio), ya que hablo de gente buena, que años atrás se hubiera sentido destrozada o al menos conmovida por la desgracia de quienes sufren vivir en la calle, capacidad que con los años viviendo o sobreviviendo en la urbe parece haberse diluido. Pero al mismo tiempo entiendo que la forma que encontraron para no verse desbordados mental y moralmente es negarles la existencia, esperar a que se vayan y desaparezcan. Parte del sostén de esa actitud que se desentiende de los problemas y las injusticias sociales se construye en torno a alguna variación espirituosa de toda esta concepción del mundo entre el mindfulness y Jordan Peterson, ordenar tus cosas y preocuparte por estar bien primero vos; lo demás ya se arreglara, o no, en todo caso está más allá de uno.

 

EL LANPODCAST #56 SOBRE CÓMO EL MINDFULNESS, LA MEDITACIÓN Y EL YOGA SE HAN CONVERTIDO EN INSTRUMENTOS DE AUTODISCIPLINAMIENTO PARA AGUANTAR LAS INJUSTICIAS DEL SISTEMA:

 

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