ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE ‘ROGELIO ROLDAN’:

El año pasado trabajé para una ART (aseguradoras de riesgo del trabajo). La superintendencia de riesgos del trabajo delega el poder de control de cumplimiento con la legislación a este tipo de empresas. Las ART, mientras tanto se limitaban a entregar folletería, y mandar de vez en cuando inspectores.
Los empleadores deben elegir una ART que los cubra. Pocos saben que la ART tiene la obligación de brindar asesoramiento, además de cubrir los costos en caso de accidentes y enfermedades profesionales. Los incautos empleadores (pésicamente asesorados por sus brokers ) confían en que pagando la cuota están cubiertos. Sin embargo, como la legislación de Argentina está inspirada en países del primer mundo, se torna imposible de aplicar en economías como la nuestra. La exigencia es la misma para una multinacional que para la panadería de la esquina. Tienen que hacer mediciones, controles, protocolos, capacitaciones por profesionales con matrícula. Para ello, contratan a profesionales (precarizados) para que visiten a los clientes, dejando constancia firmada de la visita.

Hace poco, la superintendencia de riesgos del trabajo comenzó a aplicarles multas a las ART por no visitar y capacitar al empleador sobre las obligaciones preventivas que aplican a sus comercios, establecimientos u obras. La art para la que trabajé, siguió mandando técnicos especialmente instruidos para que dejen por escrito todo lo que les falta a los empleadores, sin omitir ningún detalle. Nada de capacitar, asesorar, brindar mediciones. Se limitan a conservar en carácter de declaración jurada, la constancia de visita firmada por el pobre empleador de turno para, en caso de demanda por enfermedad profesional o accidente zafar y además y sobre todo, evitar las multas de la SRT, que pareciera estaría multando a lo loco por nimiedades, como por ejemplo algún error en los formularios, o demoras en la carga de información. El sistema es perverso, ya que los trabajos realmente riesgosos no están siendo debidamente controlados, y se dedican recursos a escrachar a las vapuleadas empresas chicas.

La ART para la que tuve el desagrado de trabajar, tiene un sistema negrero para contratar profesionales. Exige una cantidad mínima de visitas, para las cuales pagan $380, cuya duración es como mínimo una hora, con suerte, más el tiempo de viaje. Luego se debe cargar las visitas en el sistema. Ni hablar de las planillas que deben llenarse para la rendición de las visitas, y los viáticos. Exigen una copia del reporte de la sube, no vaya a ser que se te ocurra pasar un viaje en colectivo de más. No se ocupan de avisar con anticipación al empleador sobre la visita, por lo tanto lo más común es que no reciban al profesional, quien luego deberá luchar para cobrar los $75 por visita fallida, cuestión que el emleaducho sicario de turno (capítulo aparte los oficinistas vagos de empresas prebendarias) discutirá y reducirá al mínimo. Por lo tanto, lo máximo que se puede llegar a cobrar son con mucha suerte unas quince lucas por quincena, luego de correr riesgos de ser asaltado, violado y maltratado en los diversos barrios. No todas las ART son chotas, creo que esta para la cual trabajé es una de las más negreras.

Estuve en contacto con un grupo de jóvenes técnicos, nos ayudábamos cuando teníamos dudas. El trabajo exige firma profesional y es muy injusto el trato que reciben por parte de la empresa. El primer día de trabajo, nos citaron a todos en sus espléndidas oficinas de puerto madero con un café inmundo y una docena de facturas puestas sobre el papel blanco de panadería de barrio, que nadie se animó a probar. En una hora explicaron la modalidad de trabajo, que básicamente consistió en anotar todo lo que le falte al cliente, aunque el establecimiento sea una oficina de dos ambientes, bajo de pena de rechazo de la visita realizada. Esta amenaza no fue en vano, en el corto tiempo que trabajé con ellos me rebotaron varias visitas por nimiedades. Fue asomarme a las condiciones de trabajo que han llegado para quedarse. Siento pena por los jóvenes profesionales que siguen trabajando en esas condiciones de maltrato. No les queda otra. Qué horribles son las empresas argentinas, sobre todo los oficinistas. Que subespecie tan malograda. Van a hacer falta kilos de cursos de mindfulnes para que la gente no agarre un chumbo y se cague a tiros los unos contra los otros.

 

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA EL MINDFULNESS COMO HERRAMIENTA NEOLIBERAL

 

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