ESTE TEXTO ES DE NUESTRA COLUMNISTA Gabriella Ferri

Fritz Lang, es un caso aparte en la historia del cine, autríaco, creador genial, dotado de asombrosas capacidades de adaptación, que en 40 años dirigió 40 películas atravesando, dos religiones, dos guerras mundiales, movimientos artísticos diversos, cine mudo, sonoro, blanco y negro y color. cuasi todos los géneros (ciencia ficción, western, del mas oscuro cine negro, al mas recargado cine de aventuras), y rodó en 3 lenguas: alemán, francés e inglés. Omnipotente y tirano en los rodajes, pasó su exilio en Hollywod al servicio de todos los grandes estudios.

Se adaptó a todas las condiciones de producción y heterogeneidad de historias que le proponían desarrollar. Porque su idea fija fue la de desnudar los engranajes del relato y en mostrar con la mayor eficacia posible el desarrollo de una acción, para encontrar dentro de ese encadenamiento de acontecimientos, la imagen intrínseca que lo habita. Me atrevería a decir que fue el Jacques Derrida del cine: un deconstruccionista.

Al inicio de la década del 30’, Lang con 40 años, está prácticamente quebrado, el fracaso de su film La mujer de la luna, precipita la caída de su productora. M, el vampiro de Düsseldorf es un pequeño proyecto que va a rodar en solo en 6 semanas, de enero a marzo de 1931, producido por la Nero-Film y eso es lo que queda. El rodaje es precedido por un minucioso trabajo de escritura, que aunque estè firmado por Thea von Harbou, Lang es el responsable de èl.

En esta película Fritz Lang va a incidir, como en las anteriores, en el enfrentamiento de poderes, la inutilidad de la ley, y en la fuerza del pueblo unido. Ideas en las que siempre creyó.

En una Alemania entre dos guerras, un asesino de niños, no solo tiene en jaque a una ciudad, sino a la policía, al mundo del hampa y al poder político, que hartos de redadas para atraparlo, juntos tomaràn parte en una de las cazas mas coreografiadas de la historia del cine.

La película se basò en hechos reales, acaecidos en Düsseldorf: Peter Kürten asesinó niños y en el juicio declaró haber bebido sangre de unas de sus víctimas, lo que le valió el mote de “el vampiro de Düsseldorf”. El título iba a ser: “El asesino està entre nosotros”, pero al ir a solicitar el permiso para filmar, el funcionario, que en su solapa llevaba una minúscula insignia nazi, se lo negó. Lang le explicó de que trataba la historia y propuso llamarla “El vampiro de Düsseldorf”, pero, como relatarìa mas tarde, fue tal la impresión que le causò la escena de la tiza sobre el sobretodo del asesino, que decidió que el título sería “M, el vampiro”.

El filme está encuadrado en la estética expresionista alemana, combinada con la moda imperante del Bauhaus, que dos años mas tarde, los nazis prohibirían. Con M, Lang estrena el sonido en su filmografía. Era 1931, y mezclar sonido e imagen suponía, un enorme desafío astístico y creativo. No solo logró una de sus películas mas inspiradas, sino que sentó las bases, de lo que luego explotaría Hitchcock hasta lo sublime.

El uso del sonido es extremadamente descriptivo y expresivo. Como señala Quim Casas, los silencios y los sonidos de M proporcionan la pauta dramática del filme mejor que los juegos de luces o la exagerada interpretación de sus actores (elementos tìpicos del cine expresionista alemán). Destaca, al lado de este enfoque naturalista del sonido, otro acercamiento más trabajado y de mayor carácter experimental que encadena planos y espacios tanto como contrasta lo auditivo y lo visual, hasta el punto de poder decir que toda la película se estructura sobre las rimas que se establecen entre la banda sonora, (siempre es la misma canción) y la banda visual, que periódica y sistemáticamente se transforma en narración en off.

Tras los créditos, una canción infantil. En picado, un circulo de niños en el patio. La canción “El asesino llega a su hora/ te hará picadillo”. La cámara efectúa una panorámica hacia la izquierda y, a continuación, encuadra, ahora en contrapicado, la galería. Una mujer pide a los niños que se callen. Los niños continúan. Vemos a la portera, tendiendo la ropa. Contracampo, casa de la señora Beckmann, que responde: “Mientras escuchemos cantar a los niños, al menos sabemos que están ahí”. Es decir, en tres réplicas, la información esencial: un asesino de niños anda suelto y ningún niño está seguro. Nos quedamos en casa de la señora Beckmann. Da comienzo entonces una alternancia de acciones, casi mudas, cuya simetría hará aumentar la tensión.

La primera escena: el asesinato de Elsie Beckmann. Es una lección de puesta en escena. Por un lado, la señora Beckmann prepara la comida de su hija; por otro, Elsie sale de la escuela. La señora Beckmann prueba la sopa. Corte. Un policía ayuda a Elsie a cruzar la calle. Corte. La señora Beckmann pone la mesa. Corte. Travelling sobre Elsie, que camina jugando con una pelota. Se insinúa la sensación de peligro. La pelota rebota en una columna en la que hay fijado un cartel: se ofrece un millón de marcos a quien ayude a capturar al asesino. De pronto, una sombra se recorta sobre el cartel: la de un hombre con sombrero y después escuchamos una voz de una dulzura casi infantil: “ Tienes una bonita pelota. ¿Cómo te llamas?”. La voz silba una melodía (tema procedente de las “Suites para Peer Gynt” de Grieg y lo silba el propio Lang). El espectador sabe inmediatamente que se trata del asesino. Su aparición revela a un actor singular, Peter Lorre, cuyo tiempo de presencia en la pantalla es escaso, pero cuya interpretación, primero muda y luego verborràgica, marcarán la historia del cine. Volvemos a la madre. El reloj: son las doce y veinte. Inquieta, la señora Beckmann mira la escalera por la que acaban de subir los niños, pero no Elsie. Corte. La niña es acompañada de un hombre a quien vemos de espaldas y que le compra un globo. Regreso a la madre, que habla con una vendedora, llama a Elsie en la escalera. No hay respuesta. El reloj indica las 13h 15. La madre sigue llamando. Los planos son cada vez más cortos: el vacío hueco de la escalera, un desván donde se seca la ropa, el abrigo de Elsie. A continuación, la pelota de Elsie se detiene en un monte bajo, después el globo, que ha volado, queda atrapado en un cable de electricidad. La tragedia ha tenido lugar, sin que Lang haya mostrado lo que no se puede mostrar, pero el asesino ya se ha desenmascarado en esa melodía silbada ritualmente. La economía narrativa alcanza su máxima expresión. Lang quiere mostrar el pánico que asola Dusseldorf.

Fritz Lang fue el que mejor supo aprovechar los recursos fotográficos expresionistas con la suma del manejo magistral del sonido, y esto definirà la manera que se aborde el gènero del terror y suspenso en el cine. Sumado a que sitùa el escenario en paisajes urbanos, genéricos y contemporàneos, de fácil reconocimiento por parte del espectador, acabando con el neorromanticismo del monstruo que se esconde en bosques o castillos.

Pero al tratarse de una forma actualizada de una figura del imaginario mítico popular que se encarna en un personaje real, Lang no deja de incorporar una importante lectura social, es la concreción física de un ser humano monstruoso que necesita aniquilar a sus semejantes para sobrevivir como una emanación de la violencia social. De esta manera, el vampiro se configura como el individuo creado por la sociedad pero que al mismo tiempo es repudiado por ella.

Lang desliza temas importantes en su inmediato contexto social como la locura colectiva, la incapacidad de la policía por mantener la seguridad ciudadana o la ambigüedad de la autodefensa urbana al margen de la ley. Precisamente, el grado de genialidad de M reside en la capacidad para transformar una figura arquetípica en una figura que condensa el estado psicológico de una sociedad y tiene el mérito, además, de hacerlo en el mismo momento en que se revela este estado.Se refleja así la forma en que en los momentos iniciales de regresión social es inevitable la aparición de violentas explosiones de sadismo, de manera que se anticipa lo que habría de acontecer a gran escala.

El jefe de los bandidos, Schränker, aparece sucesivamente con un traje de cuero, como el que llevarán los asesinos nazis y más tarde de uniforme (se hace pasar por un policía). Su arrogancia y su autoridad pueden hacer pensar en un miembro de las SA. La ironía suplementaria es que está interpretado por Gustaf Grüdgens, que será el actor preferido de Hermann Goering, número dos del régimen nazi y modelo del Mephisto de Klaus Mann.

El 21 de mayo de 1931, diez días después del estreno del film, Joseph Goebbels, diputado nacional-socialista del Reichstag, anota en su diario: “M, el vampiro de Düsseldorf”: Fantástico. Contra el sentimentalismo humanitario. A favor de la pena de muerte. Un día Lang será nuestro director”. Dos años más tarde, convertido en ministro de Información y Propaganda del Reich, Goebbels decreta la prohibición de “El testamento del doctor Mabuse”, uno de los primeros títulos sometidos a la censura nazi.

Gabriella Ferri

Fuentes: Bibliografía:

• Méndez Leite-von Hafe, Fernando. Fritz Lanf. Su vida y su cine. Damián, 1980.

• Sánchez-Biosca, Vicente (coord.). El cine de Fritz Lang. Universidad de Valencia, 1992.

• Ferenczi, . Aurélien. Fritz Lang. Cahiers du cinema ediciones, París, 2007.

M, EL VAMPIRO DE DÜSSELDORF (M), Alemania, 1931.

Dirección: Fritz Lang

Duración: 111 minutos

Guion: Thea von Harbou, Fritz Lang

Producción: Nero Film

Fotografía: Fritz Arno Wagner (B&W)

Música: Edvard Grieg

Reparto: Peter Lorre, Otto Wernicke, Gustav Gründgens, Theo Lingen, Theodor Loos,Georg John, Ellen Widman, Inge Landgut

Película on line para ver: Youtube: M, el vampiro de Düsseldorf, restaurada, en español

M (El vampiro de Düsseldorf) – Full Movie Pelicula Completa by Film&Clips, subtitulada en español

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