ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE ‘BRAD PITTBULL’:

Los setenta no fueron “acaso mejores” … Los primeros años fueron los de Trelew en el esplendor de los grupos revolucionarios. Con poco mas de 10 años tenía a mi hermana y mi cuñado Juan muy comprometidos y se fueron del país en 1975, mi madre sufría leyendo las cartas de mi elder sister. Mi padre me llevaba a ver la historia en Plaza de Mayo, iba a San Telmo a comprar cosas viejas y rotas y después al Parque a cambiar discos. Fui a los primeros recitales, empecé a tocar con músicos mas grandes y pasábamos miedo en las comisarías, peor si era Toxicomanía. Caminábamos “eternamente” por la Corrientes, de Esmeralda a callao, mucho al cine y a recitales. Pero los recitales no eran sencillos porque había mucha policía violenta. Los primeros porros, las primeras chicas. Grabé por primera vez un disco, firmamos un contrato “simbólico” para mi que era menor de edad, ese mismo día nos llevaron de civil (y armados con fierros) a narcóticos. Ensayábamos vecinos Los Redondos y los vi hace cuarenta años, éramos cuarenta personas. En los sesenta era un niño pero era familia de Les Luthiers, ensayaron en mi casa y los vi tocar cien veces. En los sesenta conocí en Instituto Di Tella y me acuerdo algo. En casa no había televisión.

Los ochenta son otra historia porque soy un incipiente músico buscando oportunidades y me conchaban Los Abuelos de la Nada, después de hacer giras fuera de Provincia de Buenos Aires con Los Plateros y otros gig modestos como tocar en Afrika con el negro de Santa Bárbara. En 1979-80 juntaba guita tocando, para grabar en un estudio en Santa Fé y Talcahuano, siempre peligroso el hábito del porro en la calle. En pocos años ya éramos Los Abuelos de la Nada, si que nos divertimos. Mucho. Y la cocaína cayó como una bomba en la escena del rock. Llegamos a tocar mas de cien veces en 1984. Sin lujos ni boato, saliendo adelante con alegría y con ases de compañeros. Los ochenta fueron una década como un siglo, pesar en décadas es demasiado, es como un siglo en nuestro país. Tampoco siento nostalgia, nunca.

Afortunadamente seguí inventando mi vida dentro y fuera “de la cancha” … Acompañamos las cuestiones nacionales como pudimos, es decir mal o regular. Pero vivía con una novia estupenda que me daba casa y el desayuno en la cama. Eran mis veinte años. Mediando esa década, otra grave crisis económica nos dejó en bolas de nuevo, las disparadas de la divisa que ya conocemos todos de las últimas dos semanas, pero en 1989 el precio de la leche subía dos veces por día. Cortes de luz programados nos pillaban en el estudio de grabaciones, armar algo y tocar era “imposible” quitando a Los Redondos y Soda. Somos amigos, siempre me alegro d los triunfos de mis colegas y me gustaba escuchar en vivo a Sumo, Virus, Soda, Redondos, etcétera. Los primeros recitales en Obras y en los teatros. En 1980 tocábamos en Le Chevallete, que era UNDER y PUNK criollo. Gamexane, Diaba Nylon, JP y los Violadores. En 1990 era todo complicado, entonces … me traslado a Madrid, en septiembre. No practico la nostalgia, es mi legado ancestral, esta rama de mi familia no siente la nostalgia ni extraña, sabemos ir de país en país sin mirar atrás.

EL LANPODCAST PARA EL MINDFULNESS COMO HERRAMIENTA NEOLIBERAL

 

Do NOT follow this link or you will be banned from the site!