ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE ‘CATU’:

Lindo artículo, aunque el chorizo no es barato (al menos en su precio de venta al público).

Online, el chorizo de La Divisa (100% cerdo, bajo en grasas… el que mi madre y sus amigos de SENASA solían recomendar como “no es barrido de frigorífico”), cotiza a $ 370,- el kilo, mientras que la molleja está a $ 270,- (habría que ver si es de timo o parótida).

Mis primeros fuegos y asados tuvieron madera de restos del encofrado de la terminal de ómnibus de Punta del Este (se acababan los 80, yo recién terminaba la secundaria y –después de varias evaluaciones– me dieron trabajo en una constructora). El 1114 de la constructora llegaba los sábados después del mediodía, y apenas si podía entrar adonde yo vivía: una casita del lado del océano, que solo se calefaccionaba con el hogar.

En Uruguay, quienes suelen comprar carbón son los porteños del estío. Más de una vez escuché decir que la digestión se lleva mejor con la cocción a leña.

Aparte del encofrado, por entonces también encendía el fuego con piñas de las caminatas de fin de semana por los pinares de Roosevelt; ahí donde se colgó el tripulante de un velero soviético ¡patrocinado por Pepsi! (algo impensable por entonces). Ahí donde hoy también se levanta –aún incompleta– la Trump Tower.

El sábado p.m. fantaseé con Rodrigo, John y mis anónimos favoritos del blog:

Improvisé ocho pizzas caseras (tenía un montón de verdura de huerta propia y ajena, y –contra mis sempiternos prejuicios– saqué buenos rellenos con rúcula, pesto de tomates de deshidratados y pecan, otro de hojas (!) de zanahorias, berenjena y verdeo con reducción casera de soja, zanahorias bb glaseadas… cosas así).

Con vergüenza, confieso que nunca me molesté en aprender a encender carbón y confié en el ofrecimiento de uno de mis conocidos, que resultó ser un fiasco.

Al final, quien salvó la velada fue mi hijo adolescente. Prendió el fuego y mantuvo la brasa hasta el final. No sé cuántas veces llegué a agradecerle. También me encantó ver que durante un rato podía dejar de ser adolescente y mostrarse como un muchacho aprontándose para despegar solo.

Volviendo a mis conocidos, me reconozco cada vez con menos paciencia y no digo que esté bien.

Reconozco la buena voluntad de quien se ofrece a colaborar, aunque –por ejemplo– yo no me ofrecería a ayudar a un neurocirujano en el quirófano.

La mujer del no-asador se ofreció a asar las pizzas mientras yo las estiraba. Cuando la vi aplastando con saña la masa contra la parri, le agradecí –y hasta supliqué– que me dejara ocuparme a mí.

Mi vecina (también va al grupo) se ofreció a estirar los bollos, hasta que la vi encharcando de aceite la chapa.

Tengo dos grupos (mayormente de codependientes) con los que he compartido el programa de 12 pasos (uno en la Argentina, uno en Uruguay).

Y siempre me llamó la atención –del grupo argento, con mucha clase media alta– que los aportes económicos fueran tan escuálidos. “El que es miserable con el dinero es miserable con los afectos”, decía siempre mi amiga química.

Aunque yo no había pedido ni me interesaba que trajeran nada, el no-asador y su mujer –mucho apellido patricio y pretensión… lo más parecido a una red carpet de Rodrigo– habían quedado en traer helado y bebidas: cayeron solamente con un pote de helado industrial de 700 g para ocho comensales.

Estaba tan rico que les tuve que rogar que se llevaran el pote casi completo.

Me imagino que hoy el helado no es accesible para muchísima gente, pero unas bananas con DDL tienen que ser mejor que esa granita de Pinolux tutti frutti (aroma que no me atrevería a recomendar ni para los baños de la Bombonera).

Zafamos también con el tema bebidas porque mi hijo arrancó limones, menta y preparó una limonada divina (y eso que nunca me copó mucho la limonada).

Otra conocida me llamó para retribuir el convite, invitándome a su vez a comer a su château alpino, pero recordé que en su invitación anterior, el menú había sido un festival de sobras (haciendo cálculos con posterioridad, me di cuenta de que la paella –que no probé– llevaba ya cinco días desde que la compró en una feria callejera).

Todo esto mientras escuchaba callada las más manidas alabanzas al macrismo, a ciertos grupos del clero local y dimes y diretes del partidismo vecinal. Tampoco me queda paciencia para eso, así que me puse a lavar los platos, mi momento doméstico de reflexión.

Cuando se fueron, compartimos con mi hijo la alegría de haber podido con las pizzas y le aseguré que nunca más me vuelve a pasar esto. Al menos con esta gente.

Ingredientes para cuatro pizzas finitas (también salen naan en su versión original)
4 tazas de harina blanca
2 cdtas. azúcar
2 cdtas. levadura seca
1 cdta. sal
1/4 cdta. bicarbonato
150 cc de agua
5 cdas. yogur natural
4 cdas. aceite

 

EL LANPODCAST PARA EL MINDFULNESS COMO HERRAMIENTA NEOLIBERAL

 

Do NOT follow this link or you will be banned from the site!