Mientras el ocaso del gobierno de Macri se presenta como irreversible, algo sigue constante y se constituye en el síntoma de la peor enfermedad de los argentinos, su percepticidio. Por supuesto, me refiero a Juliana Awada como dispositivo estatal para el cultivo del autoenceguecimiento argentino. A horas del debate de los candidatos a presidentes que debo confesar decidi no tener tiempo para mirar con la excepcion de la patética e impotente participación de del Caño; la primera dama Juliana Awada posteaba una foto del  extremo de una mesa informal tras las que algunos guardapolvos cuidadosamente cuelgan de la pared de fondo, sobre la que un valde a modo de maceta -sorprendentemente sobre la mesa- ancla la imágen y el rango cromático es diversificado con tres bergamotas o, según ella afirma mandarinas, y un bizcochuelo de esa fruta en el medio. Este es el protagonista del ensayo visual.

Si, leen bien… en medio de una de las peores crisis economicas de la historia argentina, la Primera Dama Juliana Awada decidió postear una receta de cocina aportando irreflexivamente a esa reacción internacional neoconservadora Instagramera contra el NiUnaMenos en la que la mujer se presenta a sí misma como esencialmente fresca y domesticada. Estabilizada en el lugar de reproductor de los ciudadanos del futuro en el espacio privado y habiendo resignado el rol de la mujer en el espacio publico al de ornamento del varon, Juliana Awada da a los hambrientos argentinos una receta en la que incluye tres sobrecitos de edulcorante -no sea que las madres de niños famélicos del conurbano engorden- y una taza y media de harina de almendras. No soy especialista en precios en los supermercados argentinos pero el costo de ese budín debe facilmente exceder los seis mil pesos. Me atrevo incluso a decir que varios de esos ingredientes ya no se consiguen en la Argentina. Es Awada un instrumento o el espejo de nuestra ceguera?

Desde hace ya años, este blog viene calificandola como la Maria Antonieta del regimen Macrista. Me refiero a la Maria Antonieta pastorcita del Petit Trianon. Sin embargo, llegó la hora de establecer ciertas diferencias. Maria Antonieta leia Voltaire y Rousseau y de esas lecturas se derivaba ese gusto por el hombre en estado de naturaleza cuyo conocimiento pretendía cultivar como pastorcita realizando una inversion de lo bajo sobre lo alto que no era otra cosa que un síntoma del Síndrome de Estocolmo de una monarquia que veia al nuevo proletariado como una amenaza real. Sin embargo, Maria Antonieta era un personaje transicional ya que su voluntad de simplicidad no estaba totalmente despojada de su aura de sacralidad monárquica. Los monarcas absolutos eran de acuerdo al derecho divino hombres y mujeres que -como en su momento Cristo y su madre María- conectaban lo bajo con lo alto, osea con Dios. Tal vez sea por eso, que cuando el pueblo avanza sobre Versailles, Maria Antonieta sale al balcón, hace una reverencia y el pueblo, aún en ese momento, sintió que debía hacer silencio en señal de respeto por la majestad divina. Si María Antonieta hubiera publicado una foto como la de Awada, esta, sin duda, hubiera tenido connotaciones eucarísticas. El caso de Awada, en cambio, es estrictamente comunicacional (ella transmite un estilo de vida) y aspiracional (ese modo de vida es artificial y escénico). Cómo es que los Argentinos llegaron a tener la opción de un presidente cuya hombría está al nivel de casarse con tamaña mamerta?. J A T

EL LANPOCAST DE ESTA SEMANA ES PARA EL CROSS FIT COMO PARTE DE LA LUCHA ARGENTINA CONTRA EL AFEMINAMIENTO

 

Do NOT follow this link or you will be banned from the site!