En la búsqueda de un discurso autónomo que permita a hablar de la cuestión gay desde fuera del sistema de significación heterosexual, el insulto parece ser un componente fundamental o, mejor dicho, la posibilidad de que el gay, en algún momento de su vida, sea insultado y humillado por ser lo que es: ‘Puto!’. Sin embargo, en tanto lenguaje, el insulto precede al gay. Ese lenguaje, según el cual, el gay puede ser objeto de insultos por su condición sexual da sentido a un mundo  psicológico, político y jurídico tanto individual como colectivo que, necesariamente, relega al gay a un lugar inferior. El gay, en particular,  sabe que, en general, puede ser insultado por ser lo que es. En su libro dedicado al las formas hostiles del discurso, Judith Butler explora el que la existencia social de un individuo dependa de ser el objeto del discurso de otro ser humano. Uno no existe porque sea ‘reconocido’ por otro sino por ser ‘reconocible’. Esto significa que si somos formados através del lenguaje, entonces ese poder formativo tiene que precedernos. Así, el insulto o la posibilidad de ser insultados o puestos en evidencia constituyen el mecanismo mediante el cual el gay es ubicado en una jerarquía social, querramoslo o no, sexualizada.

El orden social y sexual que el lenguaje conlleva y del cual el insulto viene a ser uno de los principales síntomas produce simultaneamente la subjetividad del sujeto y la sujeción del mismo a un poder que le es ajeno. La subjetividad gay es, desde el punto de vista del lenguaje, una subjetividad ‘inferiorizada’ no solo porque es socialmente inferior sino porque la sociedad misma es la que produce esos sujetos que, a su vez, perpetuan la diferencia.  Asi, la homosexualidad no designa simplemente una clase de individuos definidos por sus preferencias y prácticas sexuales. Es tambien un conjunto de procesos de sujeción que funciona a nivel individual y colectivo como estrategia de inferiorización.

Si se quiere, lo grave del caso es que el gay ya está inscripto en un colectivo antes de, efectivamente, pertenecer a él. Cada participación ‘gay’ en un mundo de pares va a posicionarlo respecto de otros y esa es su única estrategia contra-hegemónica en un esquema que, en principio, le es adverso. Sartre en ‘El Idiota de la Familia’ decía que, en la vida, al niño lo esperan procesos y roles a ocupar y ejercer. Nosotros no creamos los roles sociales, las creencias y las profesiones sino que están desde antes de que nosotros lleguemos al mundo. Todos los procesos a los que hace referencia Sartres (así como los roles) ya vienen, de por sí, jerarquizados. El mundo, entonces, puede potencialmente insultarnos porque hay una jerarquia que plantea la posibilidad del insulto.

Es altamente probable que la mayoria de los gays hayan escuchado insultos y comentarios homofóbicos antes de haber, siquiera, llegado a la adultez e incliuso antes de volverse sexualmente activos, osea, antes de haberse podido volver efectivamente los destinatarios de esos insultos. Esto, si se quiere, distingue al insulto motivado por el racismo del insulto motivado por la preferencia sexual. La diferencia radica en que el estigma racial es visible mientras el estigma gay puede ser disimulado. Sin ir más lejos, mucha gente ha disimulando su homosexualidad através, por ejemplo, de matrimonios de conveniencia. Además, a los diez años uno posiblemente no sabe que es gay mientras a penas, logra tener conciencia de si, uno no tiene problemas en darse cuenta si es de raza blanca o negra. Asi, el insulto ‘puto de mierda’ es un insulto que el niño va a aprender antes de suponer siquiera que va a ser usado para referirse a él mismo. Otra diferencia crucial entre el estigma sexual y el estigma racial es que el niño negro nace en el seno de una familia negra en la que se cría y obtiene una conciencia de grupo y de su propia cultura que lo va a ayudar a forjar su identidad. En cambio, el gay crece ‘sólo’ y tiene que disfrazarse de ‘el otro’. El ‘racismo’ que se aplica a él ocurre tanto fuera como dentro de su familia. El gay no tiene donde refugiarse sino en sí mismo. Quizá sea por eso que los gay sean tan talentosos en las industrias creativas o de inventores de historias. Si prestamos atención al modo en el que los gay son representados, el racismo heterosexual nos da un modo análogo pero posible de alternancia del que sólo se puede escapar con la ayuda de otros gays tanto en la contra cultura como en el silencio. J A T

HE LLEGADO AL PUNTO DE SENTIR CULPA POR SENTIR CULPA

LA NECESIDAD DE CONSTRUIR UNA MIRADA GAY QUE SUPERE NUESTRA ‘NATURAL’ MELANCOLÍA

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA EL CROSS FIT