ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE ‘BRAD PITTBULL’:

No creo en el amor porque son muchos distintos. Y es una palabra que cada generación (cada idioma) lo traduce, y lo entiende, distinto. El amor vulgar existe gracias a Armando Manzanero con antecedente en Shakespeare. El amor a los padres, a los hijos, a las mascotas, a un viejo par de pantalones, a mi colección de discos.

Prefiero sacar la palabra de mi diccionarios.

El odio como combustible de las revoluciones está citado por Che Guevara y lo entiendo. Pero la Revolución HASHTAG no es la del Che.

Amigos, este progresismo no es “el progresismo”. Un progresismo intolerante no es nada, es peor que nada. Llamo “estética del rencor” al “odio al hombre” (como atraso cultural) o el odio a la libertad. Tampoco al odio como sustancia. Yo prefiero evitar envenenarme. Pero hay miles de personas que formas “opiniones” sin contrastar con nada: ni con conversaciones, ni con personas físicas, ni con lecturas. Y construyen una “verdad vehemente” que es un disparate.

Para mí un “progresista” es alguien profundamente tolerante, esa construcción. Un “progresista intolerante” no existe. Un progresista no aplaude la muerte de un heterosexual ni las heridas de un torero.

Sin amor ni odio NO somos tibios, como Schopenhauer NO era pesimista. No hace falta explicar eso.
Es demasiado sentimentalismo para el tiempo real.

La “estética del rencor” explica muchas cosas.

 

Y LUIS GRANE AGREGA:

Hay una frase atribuida a Shakespeare, también a Siddharta Gautama que dice: “Aferrarse al odio es como tomar veneno y esperar que la otra persona muera”.

 

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