La imagen de las muscu muscu wannabes en cuero en el cuarto oscuro votando por Juntos por el Cambio acecha. Apenas la recibí me causó gracia. Sin embargo, poco a poco la verdadera potencia negativa de esas fotos tocaba en mi mente ese vacío que para nosotros, los gays, es la negociacion de nuestro propio trauma. Para explicar esto debo recurrir a la distincion de Roland Barthes entre studium y punctum. El studium es el modo convencional en el que una imagen es sancionada institucional y colectivamente. En este caso, el studium es el modo hegemonico en el que un grupo de gays se presenta en cuero exaltando su comprometida masculinidad a través de una celebración de su cuerpo no solamente como musculoso sino tambien como un espacio de diversión y libertad. Algunos pueden vincular a esa libertad con el goce pero es ahi donde entra en juego el punctum de la imagen para limitar el goce al area de placer en tanto consumo. Para Barthes, el punctum es algo de la imagen que apela a lo traumático. Algo que la subyace y que no es del todo evidente. Algo que nos interpela en el tiempo de nuestra existencia al punto de llevarnos reiteradamente y como si nuestra vida fuera un loop a aquel momento fundante en el que nuestra psíquis comenzó a tratar de reprimir el dolor del recuerdo de ese momento originario.

En estas fotos, el punctum se encuentra en el desequilibrio entre lo prometido y lo brindado. El studium, es decir, la estructura de la foto es una representación convencional del erotismo y, a través de él, de la libertad. Sin embargo, el hecho de que todos tengan la misma pose y la misma -falta de- ‘ropa’ pone en evidencia que lo que opera en la imágen no es precisamente la libertad sino una version degradada de ella en forma de homogeneidad e indiferenciación. Si la imágen tiene un enemigo, esta es la diferencia como condición de la libertad. En ese sentido, da un paso hacia atrás y nos acerca al fascismo uniformado. En segundo lugar, los muchachos autofotografiados parecen disfrutar y sentir placer y esto es algo que es propio del studium de casi toda foto en Instagram. Sin embargo, esos cuerpos carecen de la iniciativa que anuncian. Muy por el contrario, en su homogeneidad y obediencia a una fuerza invisible que los teledirige, se constituyen en el espacio de otro tipo de lucha. Digo esto porque mi pene puede llegar a sentir algun tipo de incentivo cuando mi ojo se posa en el pelo sobre el pecho ensanchado de alguna de esas figuras. Pero casi instantaneamente la relacion entre mis genitales y mi cerebro de desconecta cuando mi mirada amplia el campo de visión para incluir lo mantecosa y mal alimentada de su piel y esa cara de posada sorpresa, esforzada en transformar precisamente ese esfuerzo en su exacto contrario.

Pero sus cuerpos no son sólo un campo de batalla al nivel de la simulacion de la alegría lo que interesamente los coloca en sintonía con uno de los leitmotiv del partido al que se disponían a votar sino que se constituyen como campo de batalla a un nivel mucho mas fundamental. Estos cuerpos invirtien el de por sí limitado tiempo de la vida y sus evidentemente magros recursos económicos en el ensanchamiento artificial de su fisico a los fines de poder construir relacionalidad mediante las redes sociales, la tecnologia y el sexo casual. Eso no hace otra cosa que perpetuar la atomizacion social que el modelo que estan votando profundiza. El color amarillento y la textura mantecosa de su piel son prueba de una mala alimentacion basada en protein shakes y comida chatarra. La falta de sol denota la imposibilidad de acceder a deportes al aire libre no solo por falta de recursos sino por falta de insercion en un grupo y en una comunidad. Esto nos remite al callejon sin salida en el que el gay normalizado se ha metido. Un callejon de desconexión y consumo, siempre insuficiente.

Ser gay es, desde cierto punto de vista, como ser mujer o ser negro. Es una subjetividad construida desde un trauma originario: el trauma de no ser parte de la elite biologica que define lo que es bueno y lo que no. Ser gay es escaparse, cuando uno es chico, de las clases de educación fisica porque a uno el Futbol lo pone en evidencia. Es sentir verguenza de uno mismo al exitarse con el compañerito en el vestuario y ni hablar cuando alguien se percata de nuestra diferencia y decide transformar eso en un insulto dirigido hacia nosotros una y otra vez. En una sociedad en la que la Dictadura no hizo sino confirmar una larga tradicion militarista que va desde la mazorca Rosista pasando por el Peronismo y llegando al Proceso, el modelo autorizado argentino para circular en el espacio publico es el del caballero militar en tanto hombre blanco portador de honor, familia y dinero. Del lado de enfrente, siempre estuvimos los enemigos: todo aquello que tuviéramos rasgos de afeminamiento ya sean mujeres o gays o estuviéramos marcados por algun signo de origen indígena o pobre. El lugar aceptado para nosotros como resto siempre ha sido el de la invisibilidad. Esa invisibilidad aceptada es la de las mujeres encerradas en el hogar como reproductoras sociales adoctrinadas en tiempos del Proceso por Doña Petrona en cómo ser mejor madre y ahora por las Instagrammers neoliberales como mi amiga Ini de Organization Wiz que enseñan a mantener tu casa limpia para vivir como una mujer sin culpas y sin miedo a ser abandonadas. Los gays, en cambio, somos visibilizados o bien como personajes tristes y pateticos -dejando bien en evidencia para los niños heterosexuales que optar por ese camino sería prácticamente una muerte en vida- o como ejemplos de adecuación frenética a la maquinaria del sistema a través del consumo.

El regimen neoliberal impuesto como proyecto económico pero tambien como proyecto cultural por el Macrismo es la continuación de un proyecto que comenzo a ser implementado en el Proceso y luego, durante la reacción Neo-Conservadora de Carlos Menem. La versión Macrista fue ya no la de intentar ‘elaborar’ el trauma -lo afeminado- mediante la confrontacion como en las epocas de Videla o Galtieri sino el de completar el trabajo Menemista de absorber lo diferente y lo afeminado como una opción mas en el mercado. Al gay se le da un lugar a cambio de que este reconozca que lo suyo no es, como decia Pedro Lemebel y tambien Nestor Perlongher y Jorge Gumier Maier en nuestro pais, una construcción social en tanto operación política sino un mero atributo en un esquema global en el que lo único que se puede hacer frente al sistema es aceptarlo. Es allí donde personajes como los de las selfies en el cuarto oscuro emergen. Son aceptados en tanto ejemplos de la revolución de la alegría en la aceptación de las condiciones de precarización social extrema. Por eso Piter Robledo hizo su militancia en Instagram como modelo de disfrute ante la exclusion. Su gestion era mostrar esa alegria artificial hasta que demostró demasiado. Las muscu muscu en su insistencia de que no son ‘maricones’ sino machos gays hacen como Robledo un culto de la homogeneidad en tanto juramento de que lo unico que en sus vidas los va a motivar es no disrumpir los mecanismos del consumo. Sin embargo, esta logica ya hace un par de años se desbordó en la revolución de la aceptación Ru Paul-iana haciendo del travesti y el transexual un mero estilo en una repisa llena de opciones. Es en la insistencia anacronica en el culto por la homogeneidad que este grupo pierde en su propia cancha: la del suponer que estan a la vanguardia del placer y del consumo. Ni siquiera eso. J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA UNA MIRADA QUEER DE LA REVUELTA CHILENA

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