ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE JUANITO

Hace unos años fui a una reunión de la Iglesia Universal. Una conocida de la familia tuvo un brote psicótico en plena “misa” y debió ser internada. Ya le faltaban algunos caramelos en el frasco, pero el brote fue tan espectacular en el medio de la Iglesia onda “posesión demoníaca”, que despertó mi curiosidad.

Fuimos con mis primos y hermanos. En cuanto llegas sorprende la fastuosidad y el lujo del lugar. Te reciben unos muchachitos uniformados (pantalón de traje y camisa celeste) que te ubican en las filas. Al principio estábamos relajados, hablábamos entre nosotros, sin tomarnos la cosa demasiado en serio. Pero de a poco se te van las ganas de joder. Los uniformados caminan entre las filas escudriñándote de una forma de lo más extraña e injustificada en un templo de fe. Si notan una actitud que difiere al recogimiento espiritual, se paran directamente enfrente de la fila donde estás y te miran fijamente. Estos uniformados se encargan también de hablarles al oído a quienes están llorando o visiblemente atravesados por las emociones, mientras les sostienen la cabeza entre sus manos. Llama la atención la cantidad de gente que comienza a gritar con las palabras del pastor, a moverse de formas extrañas, a llorar audiblemente, a rezar o hablar solos.

El discurso del Pastor, el tono, la intensidad parecen pensadas para provocar una respuesta emocional del público. Pero lo que más nos llamó la atención fue el ejército de uniformados caminando entre la gente sin otra función clara que la de observar y vigilar al público. Nos fuimos con una sensación extraña, incómoda, de no haber entendido del todo de qué se trataba todo eso.

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA EL HIJO QUEER DE Alberto Fernandez

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