ESTE TEXTO NO HA SIDO ESCRITO POR MI SINO POR FERNANDO MONTES VERA

Desde ayer, hordas enardecidas de compañerәs claman por la quema sacrificial de la efigie de Rita Segato, quien meses atrás recibiera ovaciones masivas al inaugurar la Feria del Libro llamando a participar en una serie de desobediencias. La traición: desobedecer el mandato de denunciar el golpe de estado en Bolivia.

A caballo de los “peros” y denunciando el machismo reprochable de Evo Morales, se la acusa de miopía a la violencia palpable y real sufrida por lәs bolivianәs. Pero cuando unә realiza las acrobacias mentales para ponerse en el lugar de una teórica de la violencia patriarcal latinoamericana, no se le puede reprochar nada.

Heredera de Saussure, la obra principal de Segato es Las estructuras elementales de la violencia. Quizás, el golpe de estado es para Segato lo que el habla para Ferdinand: uso. Sombras que nos meten de nuevo en las cavernas, lejos de las verdades superiores de las ideas, donde las estructuras de la violencia conviven en armonía platónica con la gramática estructural y la programación orientada a objetos.

Gran parte de las afirmaciones estructurales de Segato (en especial, que la violación no es un crimen de motivación sexual, sino de poder) se sostienen en entrevistas con presos metodológicamente comprometidas: por ejemplo, el sesgo de selección en la población de violadores condenados, la preexistencia de las conclusiones que luego se confirman en las entrevistas, el carácter de observadora participante, pero en particular: la inatención a los juegos de poder entre cualquier trabajador institucional y los presos a quienes visita. Durante tres años fui docente en el centro universitario de la cárcel de Ezeiza. Es un problema ignorar el estatuto relativísimo de la verdad en las historias que se comparten entre rejas, entre presos llenos de necesidades materiales y afectivas y personas libres que les brindan su atención.

Sesgato, además, es una teórica pionera de la categoría femicidio, pero quienes lucharon por instalar la referencia desde hace más de diez años fueron las activistas de la Casa del encuentro, que desde el 2008 realizaron estadísticas anuales financiadas por el Global Fund for Women. Ignoradas por el Estado, tuvieron que remar en dulce de leche hasta poder socializar el concepto.

La violencia, en este marco de pensamiento, es estructural y elemental: es el patriarcado, el mandato de masculinidad, la cultura de la violación.

¿Son incuestionables estas categorías? ¿Son las que mejor explican la realidad?

Sí — dicen las ONGs que hablan en inglés — . En Latinoamérica — aclaran por lo bajo.

Parece ser que en el primer mundo no sólo es socialmente aceptable poner en duda afirmaciones del tipo “hijo sano del patriarcado”, sino que incluso el discurso absolutamente opuesto es sostenido por la criminología estatal y la principal organización dedicada al trabajo con víctimas de agresiones sexuales: la Red Nacional de Abuso e Incesto (RAINN), impulsada en los noventa por Tori Amos, cuyo primer single en la historia narra a capella su propia violación a punta de arma.

En los últimos años, ha habido una desafortunada tendencia hacia culpar a la “cultura de la violación” por el problema extendido de la violencia sexual en los campus. Si bien es útil señalar las barreras sistémicas para abordar el problema, es importante no perder de vista un simple hecho: la violación no es causada por factores culturales sino por las decisiones conscientes de un pequeño porcentaje de la población para cometer un crimen violento.

https://rainn.org/images/03-2014/WH-Task-Force-RAINN-Recommendations.pdf

Ese abordaje que aquí parece excéntrico es un lujo que no nos permiten darnos sin perder amistades y que nos acusen de las peores cosas. Por otra parte, al Global Fund for Women, con sede en San Francisco, central en su rol de financiador de la categoría femicidio en Argentina, no le interesa imponer la categoría femicide en Estados Unidos. Se sigue hablando de “violencia doméstica” sin ningún problema ni interpelación.

Es imposible negar el ruido de esta doble vara.

¿Por qué siempre que corremos las cortinas del malestar en nuestra cultura tiene que haber agentes supranacionales multimillonarios financiando ideas en Latinoamérica que no profesan en su propia tierra? ¿Por qué colaboramos felizmente en que Estados Unidos nos defina como una caterva de salvajes donde lo normal y lo sano es ejercer violencia contra las mujeres?

Deberíamos tener cuidado con los caballos de Troya ideológicos. Volviendo a la Feria del Libro 2019, la misma Dora Barrancos tuvo que regañar a Segato por “anarcoide” al descreer de la posibilidad de transformación dentro del Estado.

“Rita, lo que acabas de decir es medio ‘anarcoide’. Pero es cierto que cuando el estado no está, es terrible, pero una ley como la de identidad de género nos muestra que hay formas de cambiar el Estado desde la democracia” Dora Barrancos en la #FILBuenosAires

https://twitter.com/ferialibro/status/1128001226363363328

Sin embargo, parece injusto acusar a Segato de participar de un juego destructivo sin hacer todәs un autoexamen y ver cuál es nuestro rol a la hora de defender y sostener nuestra soberanía frente al embiste violento que los agentes invisibles ya tienen preparado para nuestro territorio después del 10 diciembre.

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