Hoy escuché un extraño audio de Rita Segato en el que dice, entre otras cosas, que el golpe a Evo Morales no fue un golpe sino la ocupación de facto de un vacío de poder provocado por el mismísimo ex Presidente. Pero no es precisamente esa la definición de un golpe? A decir verdad, el problema del planteo de Segato son sus contradicciones ya que, primero pide superar la lógica binaria de Evo versus Camacho que para ella se remonta a un modo de pensar la realidad heredado de la Guerra Fría para concebir ‘nuevas y más femeninas retóricas del poder’. En segundo lugar, si bien acusa a Evo de no ser un Aymara sino un sindicalista hacia el final del audio usa el concepto de ‘cacique’ para criticarlo. En tercer lugar, acusa a Evo de hacer comentarios misóginos a los que correctamente entiende como posiciones políticas. Sin embargo, Segato peca de la misma logica excluyente al dirigirse solo a sus ‘hermanas de Bolivia’, excluyendo entre sus destinatarios a los hombres. Lo que realmente creo es que en Segato se confunde la critica cultural de Evo como ícono -potenciado, obviamente, por la victimizacion a la que lo sometió el golpe- con la proclama militante feminista per se – por cierto esencialista- segun la cual el gobierno de Evo no fue lo suficiente ‘femenino’ -o progresista- en materia de combate contra el falocentrismo. Dos conceptos de lo ‘femenino’ se mezlan aquí: aquel vinculado a los atributos biológicos de orígen y aquel vinculado al modus operandi alternativo al falocentrismo.

De entrada, Segato aclara que su posición la encuentra en soledad en una Argentina endiosadora de la figura de Evo. No le faltan razones al decir que este creó las condiciones para que su salida fuera traumática, sangrienta y de facto. Lo preocupante de su argumento, sin embargo, es su incapacidad de historizar el contexto en el que Evo gobernó. Y por eso el argumento de Segato está plagado de esencialismos. El primero es el que se refiere a lo femenino. Para ella una aproximacion femenina del poder no es necesariamente no fálica sino llevada adelante exclusivamente por mujeres y no es estatal sino comunal. El segundo esencialismo es el de su concepto de democracia. Para ella la democracia es algo que existe como idea y permite implementar, sin más y como por arte de magia, todo tipo de programas progresistas como, por ejemplo, una política ecologista tout court o una posición inequivocamente anti militarista. Esto es fácil plantearlo desde el plano de las ideas pero no tiene en cuenta la realidad de un gobierno de izquierda que tiene que transformar el voto popular en gobernabilidad. En un país como Bolivia, el voto es sólo una parte de la construcción del poder. La otra parte está compuesta por las corporaciones: los sindicatos y los militares. Es más que posible que Evo haya tenido que militarizar Bolivia para contener la presion de luna derecha anquilosada en las Fuerzas Armadas en un pais dividido en dos.

El tema ecologista es particularmente relevante porque la acusación que hace Segato está vinculada a la aprobación en el 2010 de la Ley de los Derechos de la Madre Tierra en la que se autorizó la construcción de una ruta que divide en dos el territorio indígena y el Parque Nacional Isiboro Secure (TIPNIS) vinculada a la economía extractiva de exploración y extracción de hidrocarburos al interior de la Reserva Nacional de Flora y Fauna de Tariquía pese a la oposición de las comunidades de la zona. Por su parte, la negativa a declarar la catastrofe ambiental frente a los incendios de la Amazonia boliviana colocan a Evo muy cerca de la posición ‘decolonizadora’ de Bolsonaro respecto de los incendios en el Brasil. Sin embargo, este tipo de actitudes nos obligan a pensar en el lugar de los gobiernos de izquierda en la construccion de esquemas de poder que permitan financiar sus programas redistributivos. Este fue tambien un tema álgido durante el gobierno de los Kirchner. Dicho de otro modo, sin dinero a redistribuir no hay izquierda que valga ni politicas ‘feministas’ a ser implementadas. No entender esto es negarse a historizar los problemas para mirarlos desde un lugar fundamentalista que es precisamente lo que Segato explicitamente quiere evitar.

El hecho de que Evo no aceptara dar un paso al costado para colocar un sucesor es sintomático del modo en el que la izquierda ha venido construyendo poder en la región y es similar al caso de Cristina Kirchner en la Argentina -recordemos su actitud para con Daniel Scioli. Esta sea tal vez la maldición de la izquierda en sistemas presidencialistas como los Latinoaméricanos. Sin embargo, este tipo de sistema necesita de una autoridad fálica aliada a las Fuerzas Armadas y vinculadas con ciertas prácticas -casi siempre extractiva- que permitan financiar las políticas sociales y de redistribución. Desde allí se podrán habilitar modos de articular lo fálico con modos más femeninos, matrixiales y comunales vinculados a lo ancestral. Sin embargo esto es un proceso que tiene que ocurrir desde la esfera de la realpolitik y que solo puede darse en un contexto en el que haya recursos para redistribuir mientras tanto. No reconocer esto y para peor, justficar el golpe a partir del modo en el que alguien como Evo tuvo que construir poder en una sociedad construidas a partir de la dominacion del indígena es no sólo pecar de idealista sino, mucho peor, usar el discurso crítico para justificar posturas fascistas que, por lo menos, se presentan en la realidad como más prácticas. Un muy decepionante audio de Segato. J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA ESTANISLAO FERNANDEZ

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