En ‘Le Rêve d’être artiste’, la muestra curada por Bruno Giveau, Delphine Rousseau y Regis Contetin en el Palais de Beaux Arts in Lille se explora, en principio, la cuestión del artesano transformandose en artista. En realidad, el tema de la muestra es mas bien el modo en el que el arte como carrera crea condiciones especificas para la creación. El show está espacialmente organizado de manera semicircular con las salas dispuestas en forma de abanico. En el centro hay un video de Jay Z con la participación de Marina Abramovic en alusión a su ‘The Artist is Present’ en el MoMA. No queda claro cuál fue la intención curatorial en la decisión de incluirlo. Sostienen que cualquiera puede ser artista? Es Jay Z el ejemplo indicado para semejante aseveracion democratica? De hecho, el texto curatorial vincula a Jay Z con la subversión de la jerarquía de los generos artísticos y ‘de cualquier otra forma de segregación’ lo que, segun plantean, es inaceptable. Nada es sugerido de la comodificación prevalente cuando figuras automaticamente decolonisadas por racializadas como es el caso de Jay Z se transforman en iconos capitalistas de carrerismo estético y entretenimiento televisivo. Algo similar pero más sutil ocurre con la inclusión de Marina Abramovic cuyas performances dejan de tener que ver con el afecto para abordar la cuestión emocional como modo de conectar con el público en un contexto de mercado y del artista como celebridad.

Como plantee antes, la muestra está estructurada en partes o capítulos. El primero está dedicado a un estudio de la firma del artista desde los monogramas de Durero hasta el modo juguetón en el que el artista barroco flamenco Gysebrechts incluye la suya en un tipo de pintura que por la falta de identidad de estilo necesita transformar a la firma en un tema. En uno de sus capriccios anticuarianistas saturados de ruinas clásicas, Hubert Robert coloca a la firma en la base de una de las esculturas reclamando para sí un lugar en la genealogia del arte occidental. Su firma se apropia del trabajo de otros solo para negociar su lugar en su propio tiempo. Una obra como la de Seurat parece no necesitar de firma ya que el estilo -puntillista- es suficiente para que inmediatamente se lo reconozca. Jusepe de Ribera, por su parte, coloca su firma como un tatuaje en la parte superior de la calavera que sostiene uno de sus santos hermitanos. A primera vista, podria creerse que este capítulo está dedicado a la aseveración de la identidad en la oscilacion entre la firma y el estilo.

La segunda sala se focaliza en aquellas instituciones que permitieron a los artistas crear espacios de autonomía respecto del patronazgo estatal. Un autorretrato de Hyacinthe Rigaud es testimonio de la creación de la Academie Royale in Paris. Un ejercicio preparatorio en escala del monumentla hemiciclo de Paul Delaroche en la Ecole de Beaux Arts de Paris es un ejemplo de la institutionalisación del arte en tanto disciplina autonoma aunque dificilmente pueda verse como una espacio para la autonomia creativa en el contexto del Juste Milieu del Imperio de Luis Napoleon Bonaparte. Henri Fantin Latour, por su parte y su ‘Un atelier sur Batignolles’ es un retrato grupal con los grandes nombres de la epoca. El maravilloso retrato del legendario art dealer Ambroise Vollard pintado por Pierre Bonnard es una increible oportunidad para verlo y tambien es prueba del cambio ocurrido a principios de siglo entre patrimonio estatal y la emergencia de un pujante mercado burgues del arte que parece ser un tema de particular importancia para los curadores. Esto, desde ya, sigue con el retrato de Alfred Coumes de Peggy Guggenheim como glorificada y poderosa mecenas de la era moderna. La inclusion, sin embargo, del retrato grupal de Apollinaire y sus amigos por la cubista Marie Laurencin remite al lugar que el critico de arte tenía como facilitador de esa autonomía artistica. Eso era entonces y ahora es, obviamente, muy distinta la realidad y prueba de esto son los artistas como titeres en la instalacion de Philippe Parreno y Rikrit Tiravanija como una actualizacion critica del fosilizado optimismo que podia verse en Fantin Latour y Delaroche. Algo similar ocurre con Damien Hirst y su retrato de Larry Gagosian como una calavera de diamantes. Hirst impone su propia identidad como marca registrada en el rostro del mas exitoso galerista del mundo quien, ipso facto, deviene reconocible solo atraves de la identidad de ‘su representado’.

El capitulo tres está dedicado a la noción del artista como ‘genio’ individual y solitario en tanto ideologema que confunde al arte con la creación divina. Aquí la Melancolía de Durero representa el modo en el que el artista se acerca al abismo de la depresión al tratar de reemplazar a Dios. Otros trabajos en esta sala representan aquellos topoi de la historia del arte en los que el genio artístico se nivela con la autoridad del soberano tal fueron los casos de Apelles y Alejandro Magno o de Francisco I y Leonardo Da Vinci. Tras esto hay un capítulo dedicado a los artistas y a la riqueza -y por supuesto, a la pobreza- con el increiblemente frío retrato familiar de Gerhard Richter y familia por Thomas Struth.

Las obras incluídas en este show son, indudablemente exquisitas y los diferentes modos de abordaje son un espejamiento de la distribución espacial de la muestra. Habiendo dicho esto, este show es ideológicamente problemático ya que confunde autonomía artística con carrerismo profesional en un contexto de mercado capitalista de arte. El video de Jay Z creo que es un grave error ya que prepara al espectador para esa lectura de la que nunca acaba liberandose. J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA ESTANISLAO FERNANDEZ