ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE SABATEZ

Viví toda mi vida argentina en el Conurbano Bonaerense. Es un territorio vasto, diverso, y pintoresco. Por su complejidad e inmensidad sociopolítica, siempre hubo ostentación, dejadez y decadencia.
Hubo distritos chetos en los 90s, como Munro por ejemplo, que década después eran la vidriera de esa decadencia. Enormes y visibles estructuras de caño, esculturas bizarras, hoy oxidadas y abandonadas, fueron símbolo de esa joda y ese poder pasajero. Hoy día el “centro comercial” de Munro está un poco así.
El Conurbano es un kitsch grasa pero honesto, una sumatoria de magnates de cartón levantando una estructura que en algún momento caerá… pero, a diferencia de Ciudad Autónoma, ahí quedará. En el Conurbano se ven las huellas del pasado porque quedan tiradas, es parte de su dejadez tierna pero áspera. Bondis oxidados y con espejos fileteados, graffitis de hace 10 años, carteles de calles pintados con los colores del partido político que no gobierna hace 8 años, el auto abandonado con una pija azul pintada con aerosol en el capó, el complejo de monoblocks que no se terminó de construir, el ladrillo hueco a la vista. Todo eso es el Conurbano.
No hay orden, pero sí códigos, y vestigios de lo que pasó. Y, por supuesto, para nada eurocéntrico. Como mucho, está la cita… pero el Conurbano es re cabeza. Sus estructuras urbanas no se borran del todo para siempre, ni se arrancan de cuajo. Son pertenencia.

Pd: amo al Conurbano

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES UNA REFLEXION SOBRE LO QUE DEBERIA SER LA POLITICA CULTURAL DEL PROXIMO GOBIERNO

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