En 1975 en la performance ‘Role Exchange‘ en la Galería De Appel en Holanda, Marina Abramovic cambió el lugar con una prostituta del Red Light District de Amsterdam durante el tiempo de la muestra. Ambas habían estado 10 años en sus respectivas profesiones y la obra ponía en juego una serie de conceptos como, por ejemplo, la arquitectura del burdel a las que Abramovic comparaba con barracas militares, del mismo tipo que había visitado en su infancia sovietica con su padre militar. Desde el punto de vista de los procesos de creación de significado, la performance puso en evidencia las diferentes valoraciones sociales a la que son sometidas mujeres que usan su cuerpo como material de trabajo segun la institución de la que se trate. Si es en nombre del arte, esa ‘prostitución’ es aceptable pero si es por necesidad, ya no lo es. Esto parece repercutir en la decisión de José María Muscari de ‘prostituir’ a Diego Ramos como publicidad barata para el regreso de su obra Sex tras el receso navideño.

Cuarenta y cinco años más tarde, hay una oleada de performances en el mundo cultural porteño que, sorprendentemente, tematizan el uso de cuerpo, por lo general, desnudo. Hace unos días, hubo una ‘interacción performática’ a cargo de Silvio Lang en el Museo de Arte Contemporáneo de La Boca en el que diferentes performers se limitaban a pasearse en bolas vinculándose entre sí con diferentes niveles de violencia. Esto supuso generar una corriente ‘energética’ o de ‘sensaciones’ con la audiencia que, obviamente, se vio facilitada por la exagerada duración del evento (más de una hora). Tras una hora de gente en bolas, gritando y golpeándose, sospecho que el efecto es mas bien adormecedor.

Un poco más abajo en la escala institucional del arte pero de la mano de una figura que, en su momento, estuvo vinculado con el under porteño como lo es José María Muscari, tenemos el próximo desnudo performático de Diego Ramos como vehículo promocional de la próxima temporada de ‘Sex’ con Gloria Carrá, entre otros. En la performance en cuestión, Ramos quedará desnudo ante 10 espectadores por función (es decir, si tenés suerte, lo ves en bolas… suponiendo que eso fuera suerte) en un cuarto cerrado, por tres minutos, para que lo puedan dibujar (sic) y finalizado el tiempo, se elegirá el mejor dibujo y el ganador podrá disfrutar un rato a solas con el actor.

Lo que resulta particularmente interesante es que el modo de inyectar ‘vitalidad’ es mediante el desnudo. Esto, en el 2019, después de décadas de porno es, por lo pronto, infantil. Si en el 75 este tipo de acciones podían generar cierta corriente de sensaciones, hoy por hoy el efecto puede ser su exacto contrario. Prueba de la pacatería de este tipo de propuestas es la excusa del ‘desnudo artístico’ -la necesidad de que la sesiones sea justificada como una de dibujo de modelo desnudo- en el contexto de una obra que se llama ‘Sex’. Evidentemente, se vieron forzados a incluir el mini-concursito para no tener que reconocer que la ‘performance’ no es más que un acto desesperado prostibulario sin penetración (aún… aunque convengamos que tratándose de Ramos el penetrado no va a ser otro que él). J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA LA LEGISLACION CULTURAL Y EL FUTURO DE LA GESTION CULTURAL

 

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