Como Ustedes saben, este blog ha sido crítico del macrismo desde un principio por varias razones pero, fundamentalmente, por llevar adelante un proyecto cultural basado en el ajuste, la atomización social y el fomento de una mediocridad individualista Oxenfordiana proyectada sobre el cuerpo social como moralidad. Del macrismo lo que sorprendió fue su vagancia intelectual al momento de motivar a la ciudadanía a soportar políticas, supuestamente, desreguladoras que, como sabemos, acabaron siendo su exacto opuesto con el consiguiente incremento de la asistencia social, expansion del estado y encierro de los Argentinos en un cepo cambiario. Pero, Macri si bien dificilmente llegue a ser historia ya es parte del pasado. El presente tiene dos líderes. Uno con nombre de consorte: Alberto. La otra, con nombre de reina: Cristina. Ellos, están a cargo de un gobierno paradójicamente sin espacio para moverse culturalmente y con un mandato de ajuste y extractivismo anti-ecológico y anti-feminista que va contra todos los supuestos preceptos de banderitas LGBT y empujar la silla de ruedas de la Vicepresidenta. Esto quedó claro en el que me atrevo a calificar como ‘perverso’ discurso de Cristina en el acto de ayer en Plaza de Mayo en el que estrenó un rol institucional análogo al de la monarca constitucional británica. Esto no es necesariamente bueno porque hacen del Presidente y la Vicepresidente un tandem que opera como el bueno y el malo de la película, según las necesidad del proyecto profundo.

Cuando digo que este es un gobierno sin margen cultural me refiero a que su diálogo con los sectores jóvenes y urbanos demanda slogans progresistas fácilmente manipulables desde arriba. Como es bien sabido, la corrección política impuesta desde el Estado siempre bordea con el fascismo al intentar definir cuales son los canales aceptables y cuales son los inaceptables para articular el disenso. Desde ya, cuando hablamos de disenso hablamos de cuestiones más de fondo como la dependencia de nuestra política económica extractivista de potencias extranjeras o la estupidizacion del publico mediante una Tinellizacion de la cultura que antes de asumir fue premiada con un lugar de preferencia en la corte presidencial. Esta y no otra ha sido la crítica que feministas como Silvia Rivera Cusicanqui y Rita Segato habían venido haciendo a Evo Morales quien bajo un manto de progresismo se llevó puestos a los reclamos de las comunidades indigenas para facilitar los negocios extractivos de las corporaciones brasileñas aliadas con los sindicatos filo-Moralistas. Vale decir que fueron esas mismas empresas brasileñas las que luego llevaron al poder a Bolsonaro.

En el ámbito cultural, la pregunta es si este gobierno se pondrá al hombro o no la legalización del aborto? La respuesta es obvia. Claro que sí. Este gobierno no tiene margen para no hacerlo porque es precisamente ese progresismo el que lo llevó al poder y es mediante ese progresismo que se comunica simbólicamente con una base de seguidores tan estupidizada como la previa amarilla globoluda. Lo que para el votante macrista era la revolución de la alegría, para los K es el apoyo anti-Eclesiastico de ciertos slogans progresistas. La relacion entre el Vaticano y este gobierno va a ser conflictiva desde un principio y esto generara exhalaciones orgásmicas entre sus seguidores de clase media urbana esperando que el Estado los provea de salarios y tambien de libertades. Ambos, poco aconsejables. A esto me refiero con el poco margen cultural de este gobierno si tenemos en cuenta  que fueron esos slogans ‘inclusivos’ los que han creado una mística juvenil que elevó al gobierno pero tambien lo condiciona. Este gobierno, desde ya, no es como el de Perón tras su vuelta sino que encarna la apoteósis de una promesa cultural que podría ser resumida como ‘post-frepasismo afectivo interrumpus’.

El problema con la ejecución de esa promesa cultural es su costo material y con esto me refiero a las estructuras puestas en el gobierno para garantizar la continuidad de los intereses de la derecha. La primer pregunta que uno debe hacerse es qué hace Cristina en un gobierno que le encargó a Gustavo Beliz la reforma del Estado y que le pegó una patada en el culo a Grabois? Esta no es una pregunta menor si se tiene en cuenta cómo en medio de la euforia del triunfo, Alberto dijo una y otra vez: ‘la situación que se viene es terrible’. Pero cómo amalgamar los acuerdos de derecha de un gobierno Albertista que se perfila como parlamentario y pluralista -en el sentido más institucionalista del termino ‘Alfosinismo’- con las proclamas culturales populistas, juveniles y post-montoneras de la corrección politica post progre del Kirchnerismo. La decisión de rebajar a la Donda al INADI no ha sido, verdaderamente, el rebajarla sino la promoción del INADI, como institución, al rango de Secretaria de Cultura de facto. Si hace un par de meses creíamos que se iba a desatar hacia adentro de la coalición gobernante la lógica y aparentemente inevitable interna del progresismo cultural contra el pragmatismo económico, ahora lo que se percibe es la actualización de la dinámica histórica del peronismo como fachada afectiva de un monstruo de dos caras, al principio, con vocación nacionalista pero hoy, profundamente globalizado y dependiente.

Digo esto porque hubo algo perverso en el modo en el que Cristina le aconsejaba ayer a Alberto Fernandez frente a millones de argentinos: ‘Cuando se sienta solo, Señor Presidente, hablele con sinceridad al pueblo porque el pueblo no es tonto y va a estar acá apoyandolo’. Al adjudicarse ese contacto íntimo con el ‘pueblo verdadero’, Cristina pasaba de ocupar un rol gubernamental -el de Vicepresidenta- a ser el Estado. Es ilustrativo, al respecto, el episodio de The Crown cuando el Presidente Johnson de USA critica al regimen británico porque uno nunca sabe con quien habla ya que por un lado el Primer Ministro dice una cosa y luego la Reina recompone las cosas ofreciendo una cena. El policía bueno y el policía malo en permanente movimiento. Este desdoblamiento entre gobierno y Estado en diferentes personas, sin embargo, nunca existió en la Argentina y este es el primer intento de instaurarlo colocando a Cristina en un rol benefactor que justifica los horrores del ajuste extractivista bajo un manto de proclamas verbales y slogans de derechos humanos y libertades de género que, en realidad, encubren valores fuertemente patriarcales orientados al mantenimiento de los mismos mecanismos de dominación de siempre. Esta transformación de Cristina en una Elizabeth II sin corona no puede ser sino otro momento del giro conservador que siempre trajo bajo la manga el peronismo. El saludo afectuoso entre Alberto y Menem segundos antes de tratar a Kiciloff como un nene dan la pauta de ello. J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA EL DROIT DE SUITE

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